Los motivos por los que Jeanine no se fue de Bolivia: ¿ingenuidad o seguridad?

Pese a que se lo sugirieron, nunca barajó la posibilidad de dejar Bolivia. Cuando la detuvieron sólo atinó a decir: “La cacería de inocentes ha comenzado”.

Redacción Diario Página Siete
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La Paz - domingo, 13 de marzo de 2022 - 5:00

Ivone Juárez / La Paz

“Nunca viví fuera del país”,  “no hice nada ilegal”, “yo no busqué ser Presidenta”,  “no tienen por qué castigarme, actué de acuerdo con la Constitución”, “no tengo cola de paja que me pisen” eran los argumentos que la expresidenta  Jeanine Añez  (2019-2020) señalaba cuando alguna persona cercana o de su confianza le sugería que salga de Bolivia después de haber entregado la Presidencia de Bolivia a Luis Arce (MAS)  en noviembre de 2020, tras las elecciones a las que ella convocó.

¿Ingenuidad política?, ¿seguridad de que había actuado en el marco de la constitucionalidad boliviana? ¿Esas fueron las razones por las que la exmandataria no dejó el país? Ahora, desde hace un año, está presa preventivamente en la cárcel de mujeres de máxima seguridad de Miraflores, en La Paz, con la salud  deteriorada y con dos juicios por un supuesto  golpe de Estado contra Evo Morales ocurrido en 2019.

El 12 de noviembre de 2019 Jeanine Añez, entonces segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores, asumió la Presidencia de Bolivia luego de asumir la presidencia del Senado. Dos días después de que Evo Morales y Álvaro García Linera renunciaron a la primera y segunda magistratura del Estado, respectivamente, en medio de una convulsión social y  pedidos de su alejamiento por parte de las Fuerzas Armadas y la Central Obrera Boliviana (COB).

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La convulsión social había comenzado la noche del 21 octubre, un día después de las elecciones nacionales, cuando surgieron denuncias  de un fraude. Horas antes de la renuncia de Morales y Linera, la madrugada del 10 de noviembre, esas acusaciones fueron confirmadas por el informe de auditoría que la Organización de Estados Americanos realizó a esos comicios, a pedido de Evo Morales.

 La presidenta del Senado,  Adriana Salvatierra, y el presidente de Diputados, Víctor Borda, ambos del MAS, también habían renunciado el 10 de noviembre. Entonces un vacío de poder se apoderó del país, lo  que derivó en saqueos de negocios, quemas de viviendas y de 66 buses municipales en La Paz, en medio de amenazas de una guerra civil por parte de simpatizantes de Evo Morales. La Policía estaba amotinada y las Fuerzas Armadas se negaban a salir a controlar el caos y la violencia.

En ese contexto, el 12 de noviembre Jeanine Añez fue posesionada como Presidenta de Bolivia, tras un acuerdo en el que, según el testimonio de la Iglesia Católica, participaron asambleístas y dirigentes del MAS. Añez inició un mandato con luces y sombras que terminó el 8 de noviembre de 2020, cuando Luis Arce (MAS) asumió el Gobierno.

Seguridad, inocencia política

“Días antes de la posesión de Luis Arce tuve una conversación larga con Jeanine Añez y le pregunté sobre sus planes, incluso le sugerí que saliera un tiempo de Bolivia para descansar de la tensión. Me respondió que no, que tenía muchos temas pendientes; pero además me aclaró que no pensaba irse de Bolivia porque nunca vivió fuera y no estaba preparada para una decisión así, sobre todo porque no tenía nada que temer”, señala a Página Siete uno de los excolaboradores de la expresidenta que conversó con ella días antes de la conclusión de su mandato.

“Estaba tranquila, decidida a quedarse, afrontar lo que fuera y defenderse. No tenía temor porque ni siquiera participó en los preámbulos de lo que fue esa transición presidencial tan difícil de 2019. Ella estaba en Beni y la trajeron a La Paz para que asumiera el Gobierno, por eso no veía razón para ser objeto de una acusación tan grave, arbitraria a irracional como lo es ahora“, añade la fuente, cuyo nombre prefiere mantener en reserva.

“No la invitaron a la transmisión de mando de Luis Arce, debió salir de inmediato del país, pero no lo hizo. Entregó  el Gobierno y se presentó como candidata a gobernadora de Beni en las elecciones subnacionales. En una oportunidad le pregunté por qué estaba tan segura de que el MAS no tomaría represalias contra ella.  Me respondió: ‘No, no hay nada que me puedan hacer, no tengo cola de paja que me pisen, no tengo por qué huir’. Ellos se inventan,  ¿no te da miedo?, insistí. Me respondió que no”,  cuenta una persona cercana a la exmandataria, de quien también se mantiene su nombre en reserva.

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Esta persona estuvo cerca de Jeanine Añez cuando dejó la Presidencia y regresó a Beni. Cuenta que la expresidenta llegó sola al aeropuerto de Trinidad, donde sólo la esperaba “un grupo de gente afín al MAS para abochornarla”.

Los que conocen a Jeanine aseguran que ella vio su llegada a la Presidencia de Bolivia como algo fortuito, una situación a la que el destino la orilló.

“Ella tiene mucha fe y al parecer se guió por esos parámetros, que no son los políticos clásicos. Es una persona directa, franca y nada pretensiosa y denotaba cierta ingenuidad sobre lo que es la política y el  estar rodeada en el poder por gente que te adula e intenta llevarte por su lado.  No estaba muy consciente de que era un símbolo que había que destruir, lo que Evo Morales y el MAS hacen hoy: destruir a través de ella todo ese movimiento que hubo en Bolivia en 2019. Por eso tienen que castigarla, humillarla, como un ejemplo de lo que pasa con los que se enfrentan con ellos”, asegura el excolaborador de la expresidenta.

En la entrevista que ofreció a Página Siete en enero de este 2022, a través de un manuscrito, porque se le niegan las visitas de  periodistas, la expresidenta expresó:  “Siempre supe que querían venganza.  Evo Morales es un hombre lleno de odio y resentimiento (...) lo que no imaginé fue un atropello y abuso desmedido”.

La expresidenta perdió más de 10 kilos de peso en la cárcel.
Foto: Redes sociales

Apresada...

“Mi madre actuó bajo la Constitución, respetando todas las leyes y los reglamentos de la Asamblea, no tenía por qué irse de Bolivia,  por qué huir. Hizo lo correcto cuando su país lo necesitó y evitó una guerra civil. Todos los delitos de los que la acusan son inventados“, sostiene Carolina Ribera, la hija mayor de Jeanine Añez. 

La  joven de 32 años, abogada de profesión, sabe que su madre recibió consejos y muchas sugerencias para salir de Bolivia.

“Mi madre siempre se manifestó en sentido de que no se iría de Bolivia porque no hizo nada malo”, insiste.

Carolina fue testigo de la detención de su madre la madrugada del 13 de marzo de 2021, en la casa de uno de sus familiares en Trinidad, hasta donde llegó un contingente de hombres  vestidos de civil y armados, según señala. Éstos encontraron a la exmandataria oculta debajo de un somier.

“Yo fui la que la ocultó ahí, yo la obligué a hacerlo, la convencí llorando de que se escondiera hasta que todo pasara. Fue mi culpa, que me acusen a mí por ese acto“, expresa agobiada.

“Estaba desesperada, porque pensaba que podían hacerle daño, lastimarla y  hasta matarla. Eran como 20 hombres armados que no se identificaban. No tenían placas ni uniformes y cuando yo les preguntaba si tenían alguna orden me encaraban gritando: ‘¡Tengo orden de mi Presidente Arce y vengo a llevarme a tu madre!’”, relata.

Carolina recuerda que las horas previas a la detención, entre el viernes 12 y la madrugada del sábado 13 de marzo de 2021 fueron “muy duras”.

Tenía planeado viajar con su madre a Santa Cruz por tierra, pero se presentó un bloqueo que frenó su intención. “Queríamos visitar a mi abuela y mi madre tenía que hacerse un chequeo médico porque ya tenía problemas de hipertensión severos, pero no pudimos viajar. Entonces un familiar nos invitó a almorzar”, recuerda.

Fue a esa hora que se enteraron que policías vestidos de civil buscaban a la expresidenta. Una conocida de la exmandataria  cuenta que ese viernes la ciudad de Trinidad amaneció prácticamente “colmada de policías” y que detuvieron primero a  dos excolaboradores de  Jeanine: a Álvaro Coímbra, exministro de Justicia, y a Rodrigo Gúzman, exministro de Energía.

“Los policías detenían los autos, pedían identificación y requisaban dentro. El condominio de Jeanine estaba tomado, nadie podía entrar ni salir hasta que la encontraron en la casa de un familiar“, cuenta.

Cuando se enteró de la detención de los exministros, de inmediato pensó en la exmandataria; la llamó por teléfono pero no tuvo respuesta, hasta las tres de la madrugada del sábado, cuando recibió una llamada y escuchó del otro lado: “Se las están llevando al aeropuerto”.

“Salí un par de horas después y ya todo estaba tranquilo, sin policías. Me contaron que sacaron a Jeanine de la casa de sus parientes en polera y a empujones. Ella llevaba una cartera negra de la que no se quería separar y los policías la empujaban. No permitían que nadie se le acercara a  defenderla, amenazaban con gas a quien lo intentaba. Uno de sus familiares siguió a los policías hasta el aeropuerto en su vehículo. Metieron a Jeanine al avión y ella se desmayó, la sacaron de nuevo para que reaccionara y cuando volvió en sí la volvieron a meter al avión”, relata la persona.

En medio de todo el abuso en su contra, Jeanine Añez sólo atinaba a decir:  “La cacería de inocentes ha comenzado”, señala su hija Carolina.

La madrugada de ese 13 de marzo de 2021 la libertad terminó para la expresidenta Añez. Hace un año que está en prisión de forma preventiva con sus derechos vulnerados, incluso al del acceso la salud, denuncia constantemente su hija.

En febrero de este 2022 comenzó el primero de los  cuatro juicios que tiene encima, el denominado golpe de Estado II, relacionado con su asunción al Gobierno en 2019, pero fue postergado. Jeanine se declaró en una huelga de hambre que sostuvo alrededor de 15 días, lo que deterioró aún más su salud, según su hija Carolina.

Jeanine, desesperada mientras la meten a una ambulancia.
/ Foto: Archivo Página Siete

La joven denuncia que después de esa drástica medida asumida por su madre, las autoridades de Régimen Penitenciario no permiten que su médico la visite. También le negaron a ella el ingreso al penal. “Sólo mi hermano puede verla unas horas”, comenta.

La mujer que es recordada como una persona espontánea,  decidida, respetuosa, amable y dada al deporte ha perdido más de 10 kilos de peso en prisión y durante sus audiencias virtuales de pedido de cesación de su detención se la ve demacrada, pálida y débil físicamente.

“La forma en que la detuvieron esa madrugada (del sábado 13 de marzo de 2021)  fue tan violenta y abusiva. Ella debía ir a Santa Cruz día antes, el viernes, para hacerse un chequeo médico porque ya tenía problemas de hipertensión, pero no sé qué pasó, se quedó en Beni.  El viernes la llamé en la mañana y le pregunté sorprendida: ‘¿No te fuiste?’. Ella me respondió: ‘Mañana temprano me iré’, pero ya no pudo hacerlo”, comenta la persona cercana a Añez.

Encarcelada, la expresidenta piensa y escribe su testimonio de la siguiente manera: “Probablemente moriré en esta prisión, pero lo bueno es que estoy en paz con mi Dios y mi muerte finalmente acabará con la sed de venganza y odio de Evo Morales y su élite”.

Me aclaró que no pensaba irse de Bolivia porque no estaba preparada, pero sobre todo porque no tenía nada que temer

Me respondió: ‘No, no hay nada que me puedan hacer, no tengo cola de paja que me pisen; no tengo por qué huir’

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