Carlos Romero, exministro de Gobierno, habla de la crisis de la institución

“Nunca la Policía llegó a niveles de descontrol y criminalidad como ahora”

Romero dice que al actual Ministro de Gobierno le faltó experiencia. Cree que las corrientes en el MAS son por espacios de poder. No ve a Choquehuanca liderando un proyecto. Y reivindica a Evo.

Nacional
Mery Vaca
Por 
La Paz - domingo, 22 de mayo de 2022 - 5:00

Carlos Romero está instalado en Santa Cruz en el ejercicio de la abogacía, haciendo consultorías, conduciendo un programa de televisión y escribiendo dos libros, uno de ellos podría titularse “seguridad, geopolítica y delitos transnacionales” y el otro es una actualización sobre el tema agrario. Empezó su vida política como constituyente, luego fue ministro de Autonomías, de la Presidencia y de Gobierno, cargo que ejerció durante siete años, en dos períodos. En el gobierno de Jeanine Añez fue enviado a la cárcel, pero recobró su libertad con el regreso del MAS al poder.

El jueves recibió a Página Siete en su casa para hablar de la Policía, del MAS y de temas relacionados con el narcotráfico.

¿Cómo se siente después de haber estado tanto tiempo en el poder?

Me siento bien, tranquilo. He tratado de aportar con lo que ha estado a mi alcance y respondiendo inclusive en áreas en las que no tenía experiencia. En la Asamblea Constituyente y las primeras funciones en el Ejecutivo pude, afortunadamente, viabilizar dos grandes acuerdos nacionales. El primero para incorporar las autonomías en el texto constitucional y el segundo, para viabilizar el referendo para la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado contribuyendo así al país a una salida pacífica en una crisis de mucha polarización.

¿Qué opina de la crisis de la Policía, donde se presentan casos de volteo de droga, nexos con autos robados y otros?

Yo creo que la Policía en este momento está en una crisis institucional. La Policía necesita transformaciones estructurales muy profundas. En la última etapa en la que nosotros estábamos a cargo del Ministerio de Gobierno, ya se advertían algunos signos de pérdida de control en algunos niveles, lo que derivó en el motín policial en 2019, pero nunca la Policía ha llegado a los niveles de descontrol y de compromiso con la criminalidad como los que tenemos ahora. Yo atribuyo como parte del problema el rol político que se le ha asignado a la Policía por una falta de responsabilidad o inexperiencia de algunos actores políticos conservadores. Camacho ha dicho que a través de su padre habían llegado a acuerdos con los comandantes y esto ha derivado en que el rol de la Policía se modifique sustantivamente en la gestión de Arturo Murillo, puesto que nosotros habíamos priorizado las tareas de seguridad ciudadana. Añez cometió el error de sostener su gobierno en torno a un régimen estatal policiaco. La Policía hizo un uso abusivo, extralimitado, atrabiliario de las detenciones extrajudiciales, de las acciones directas y otros. En la Policía actualmente existen logias, grupos y facciones que se han empoderado funcionalmente, geopolíticamente, territorialmente y yo considero que en este momento no existe una adecuada lucha contra el narcotráfico. Por ejemplo, están saltando nuevamente indicadores de inseguridad ciudadana, particularmente atracos violentos. Luego aparece la Policía comprometida en robos de vehículos y a través de mandos superiores, de mandos jerárquicos. Policías aparecen comprometidos también en asaltos, en violaciones. Inclusive hay una denuncia de un policía por una violación sexual a una persona con discapacidad. Lejos de ser el policía el misionero, el policía de honor, el que protege a la comunidad, está más bien incurriendo en delitos graves y eso nos pone en una situación de profunda crisis. Considero que el empoderamiento político de la Policía no ha sido desmantelado en la actual gestión.

¿Eso quiere decir que el Ministro de Gobierno no está ejerciendo su función como debería?

El Ministerio de Gobierno ha sido siempre complejo por lo que significa el manejo de la Policía. La Policía es una entidad que por su naturaleza goza de poder, goza del uso de fuerza. Es una institución importante para el Estado, pero difícil en su manejo. Yo considero que, en la actual gestión del ministerio, y mi crítica es proactiva, no quiero que se malinterprete que yo tengo aspiraciones de función pública, para nada, pero considero que ha faltado experiencia en el manejo de la Policía, es decir la Policía tiene que manejarse en controles cruzados. Por ejemplo, las promociones deben ser ubicadas funcionalmente en puestos estratégicos que les permitan controles recíprocos. Si uno tiene en la Felcc a determinada promoción, lo ideal es que en la Felcn tengamos a otros grupos. Pienso que esos pesos y contrapesos en el funcionamiento de la Policía no existen en este momento. Yo personalmente he aprendido mucho con la Policía, por eso nos sentimos ahora muy dolidos y muy preocupados con lo que está pasando.

También hubo denuncias de manejo político de la Policía en su gestión en favor de los sectores sociales y de persecución a los opositores, por lo que se habría producido el motín. ¿Qué puede decir al respecto?

En los movimientos sociales y en el MAS había exactamente los mismos reclamos. Decían que la Policía actuaba a favor de los sectores movilizados de la oposición, en contra del MAS. Afortunadamente me siento tranquilo porque la gestión del conflicto político que fue de alta tensión no derivó en víctimas letales por acción directa de la Policía; eso es algo que lo tiene el MAS en el Gobierno y nos ha permitido a nosotros gozar del privilegio de vivir en el país que amamos. En toda la historia del país nunca antes se volcaron tantos esfuerzos en tareas ciudadanas. En 2012, cuando yo asumo el Ministerio de Gobierno, la tasa de homicidios en el país era de 12 por cada 100 mil habitantes y cuando yo dejo el ministerio la tasa de homicidios se había reducido a 6 por cada 100 mil habitantes. Nosotros, de ser un país de seguridad media, pasamos a un país de seguridad alta. Segundo, la Policía nunca fue fortalecida tan significativamente como en la gestión nuestra. La Policía goza de autonomía para el desarrollo de sus actividades de formación académica, pero el tema de la ética del policía tiene que trabajarse en los mismos centros formativos de la Policía y ahí hemos dejado un déficit. Desarticulamos 60 bandas de cogoteros en El Alto, desarticulamos organizaciones criminales de colombianos, pero aun así tuvimos varias veces problemas. Yo tuve problemas con el señor (coronel Gonzalo) Medina que se involucró en la protección a un narcotraficante, este señor (Pedro) Montenegro. Actué con dureza, pero igualmente hubo una campaña política para intentar mostrarme como protector de Medina, pese a que yo personalmente lo di de baja y lo procesé ante la justicia.

Pero no se extraditó a Montenegro, por ahí viene la crítica.

Lo que pasa es que la extradición de Montenegro es un tema que corresponde a la justicia, no es un procedimiento político. Nosotros aprehendimos al señor Montenegro, pero entendiendo que el momento político tampoco era el más adecuado porque estábamos en puertas de las elecciones de 2019 y extraditarlo conllevaba una serie de riesgos de politización del tema. Así también recibimos algunas veces críticas injustas porque se había especulado muchísimo en sentido de que un policía de élite de apellido Clavijo, que fue un asesino perverso de la periodista Hanalí Huaycho, gozaba de la protección nuestra y que nos habíamos inventado un supuesto cadáver y que supuestamente estaba involucrado en el operativo de las Américas y que sabía muchas cosas de ese operativo.

¿Qué de eso es verdad y qué es falso?

Eso es absolutamente falso. Yo me alegro que el señor Murillo se creyó la misma telenovela y se fue con un ejército de médicos forenses y fiscales para exhumar los restos de Clavijo y, luego de los estudios de ADN, comprobaron que evidentemente ése era el cadáver de Clavijo, pero nadie tuvo la honestidad de decir que este tema había sido injusto en las acusaciones que hacían contra mi persona. Es verdad que muchas veces uno tiene errores, por ejemplo, en el caso del coronel (Maximiliano) Dávila. Él tenía un buen desempeño como director de Inteligencia (cita casos resueltos por Dávila), pero no había ninguna denuncia en contra de Dávila hasta el momento que fue designado. Es posible que en el momento en que se desordena el control sobre la Policía, que es la crisis (de 2019), ya Dávila empieza a hacer contactos que todavía están siendo investigados. Pero con todo uno no puede responder por 37.000 efectivos.

Pero era un efectivo clave. Ahora se dice que Dávila tiene 51 casas, la DEA le hizo seguimiento desde principios de 2019 y ahora ofrece recompensa por él. ¿No merece una autocrítica? ¿No cree que la DEA hubiera sido útil para el caso?

Yo desconozco acerca del patrimonio que podrá tener el señor Dávila, pero nosotros hemos actuado con un criterio demasiado abierto hacia los Estados y organismos. Primero ha sido Naciones Unidas la que ha hecho una verificación de los cultivos de hoja de coca en Bolivia. Segundo, hemos conformado el Centro Regional de Investigaciones Antinarcóticos (Cerian), que permitió capturar a 10 cabecillas del narcotráfico buscados por la Interpol. En el caso de la DEA nosotros nunca hemos tenido una interlocución adecuada con el Gobierno de EEUU. Estados Unidos ha reducido a cero su apoyo económico a la lucha contra el narcotráfico en el caso de Bolivia; entonces, nunca tuvo una actitud proactiva y objetiva de compromiso de lucha contra la criminalidad.

¿En el caso de Dávila también hay dos hermanos policías involucrados, verdad?

Este señor Rojas, había sido dado de baja el año 2014. No era miembro de la Policía Boliviana, no quiero presumir que haya mala fe en este caso específico. Lo que me ha llamado la atención es que se lo intentó comparar con Pablo Escobar y eso sabemos que es una exageración desproporcionada. Estas teorías de que hay cárteles, de que hay México chico en Chapare son elementos de politización que no ayudan porque el narcotráfico se ha descontrolado en los últimos años, particularmente en el régimen de Añez. En Bolivia no operan cárteles de droga, en Bolivia operan clanes. Los líderes de estos clanes que habían sido detenidos en la gestión nuestra fueron liberados en la gestión de Añez. Yo estimo que ahí se produce un descontrol y que desafortunadamente no se lo ha podido corregir plenamente hasta ahora y esto ha derivado en zonas localizadas donde se ha desplegado la actividad del narcotráfico porque el comportamiento del narcotráfico no es lineal.

¿De qué zonas está hablando?

Estamos hablando de la Chiquitania cruceña, de Guayaramerín, Bolpebra, del área fronteriza de Potosí con Chile, del departamento de Beni, en San Joaquín, en San Borja, en Reyes; estamos hablando también de la zona fronterizas de San Matías con Cáceres en Brasil. Pero, además se ha empezado a potenciar el procesamiento de droga en algunas zonas de frontera y parques como el Noel Kempff.

Llama la atención que no mencione al Chapare, pese a que allá se han encontrado fábricas de droga.

Sí, pero lo que yo decía es que se pretende localizar y estigmatizar al Chapare cuando no sólo es el Chapare. En el discurso político se pretende apuntar sólo al Chapare.

Evo Morales, tras la detención de Dávila, expresa temor porque puedan involucrarlo con actos ilícitos y hasta desconfía del ministro Castillo. ¿Tiene motivos para estar preocupado?

Sí y no. Sí en el sentido de que el campo político está dominado por el Movimiento Al Socialismo y Evo Morales tiene ese liderazgo político más importante y protagónico de Bolivia. A Evo Morales se lo sigue teniendo como actor central de la política boliviana y, obviamente, eso hace que él siempre sea motivo de preocupación de lo que pueden considerarse adversarios. Y, obviamente, en el caso de Estados Unidos siempre se lo ha tratado de estigmatizar como asesino, como terrorista, como narcotraficante. En Bolivia no ha tenido éxito, como en otros países, la estrategia de confrontación violenta que ha derivado en grupos terroristas o grupos guerrilleros y eso es algo por lo que debemos felicitarnos. Pero, también, en gran medida el mérito es de Evo Morales, porque él supo conducir la lucha de los campesinos del trópico de Cochabamba hacia un cauce electoral. Desde ese punto de vista, sí va a estar en la mira, pero al mismo tiempo no debería preocuparse porque esto lo ha enfrentado siempre en su carrera política y ha salido exitoso.

¿Cómo ve la existencia de dos corrientes en el MAS, una choquehuanquista o gubernamental y otra evista?

Sí, evidentemente existen corrientes internas. Diríamos que es normal que se produzcan porque el MAS es un movimiento político, no es un partido político monolítico, es la autorrepresentación de los movimientos sociales, que se caracterizan por ser diversos y heterogéneos. Ahora hay una corriente que se dice renovadora y que se asume en gestión de Gobierno y que considera que hay un grupo de liderazgos que son correspondientes a los 14 años, a los que ellos ven como una amenaza en sus espacios, en sus cargos, en sus niveles de influencia. Desde mi punto de vista, está expresando conflictos de intereses, porque yo no veo que haya renovadores que tengan diferencias políticas ideológicas programáticas. Por el contrario, el Gobierno actual se asienta sobre la agenda de los 14 años e inclusive vive de en gran parte de la renta que seguirán generando los 14 años del gobierno de Evo Morales. Entonces, más bien lo asimilo como un tema de conflicto de intereses por pugnas de espacios de poder. Yo sí veo esto como un problema si no se lo sabe gestionar porque toda revolución en el mundo ha enfrentado tres tipos de enemigos internos: la burocracia, la corrupción y el fraccionarismo. El MAS tiene que saber deshacerse de quienes son corruptos, no tiene que caer en la burocratización y en los divisionistas.

¿Y qué opina de Choquehuanca como líder?

Choquehuanca es una persona que tiene un perfil muy bajo para ser Vicepresidente, para ser cabeza del Legislativo, para que se hable de una corriente choquehuanquista como dicen algunos. Más bien tiene un perfil político demasiado moderado para mi gusto, de tal manera que yo no lo asumo como encabezando un proyecto político propio.

¿Quién debe ser el candidato en 2025, Arce o Evo?

Es pronto para decirlo porque depende de muchos factores, depende de cómo gestione Arce el Gobierno que está encabezando. El Gobierno tiene muchos desafíos al frente. Y si lo hace bien tendrá todas las posibilidades para reelegirse y tendrá derecho y legitimidad para hacerlo. Pero, Evo Morales siempre va a estar ahí. Es el liderazgo histórico y Evo Morales es una persona de la que no se puede prescindir. Sea o no candidato, Evo Morales es imprescindible y definitorio a la hora de toma de decisiones.

¿Y usted va a volver a la política activa o sigue en ella?

Yo hago un modestísimo trabajo comunicacional a través de algunos programas digitales, en un programa televisivo en PAT que se llama Agenda país, que se difunde los domingos.

¿Que no se preocupe entonces el actual Ministro de Gobierno?

No, que no se preocupe, más bien he saludado mucho cuando él hizo un operativo para atrapar a un corrupto que estaba en el Ministerio de Desarrollo Rural en El Prado paceño, ojalá lo haga muchas veces.

Pero también lo estaba siguiendo a usted.

Sí, sí, sí, pero él ha dicho que no. Mis vecinos saben que venían a preguntar por mí, pero yo no lo tomo a mal. Yo nunca me he llevado un lápiz que no me pertenezca. Y no tengo nada que ocultar en mi vida, así es que me pueden vigilar, me pueden seguir, no me fui del país. Me costó la cárcel, me costó la persecución.

“Lejos de ser el policía misionero y un policía de honor, está más bien incurriendo en delitos graves”.
“A la actual gestión del ministerio considero que le ha faltado experiencia en el manejo de la Policía”.
“Sea o no candidato, Evo Morales es imprescindible y definitorio a la hora de la toma de decisiones”.
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