Editorial

La “era merkeliana” al frente de Europa

lunes, 30 de septiembre de 2013 · 19:39
Tras una victoria arrolladora, cercana a la mayoría absoluta, la canciller alemana Angela Merkel se dispone a iniciar su tercer gobierno. Su triunfo tuvo dos consecuencias internas inmediatas: el colapso de su socio en la coalición de centroderecha, el Partido Liberal (FDP), que quedó fuera del Parlamento al no haber obtenido el 5% mínimo de votación, y la crisis del Partido Socialdemócrata Alemana (SPD) con la renuncia de Peer Steinbrück, quien ha anunciado el final de su carrera política tras el fracaso de su candidatura. En plena crisis europea, el resultado de las elecciones del domingo pasado ha fortalecido a Merkel no sólo como conductora de la "locomotora” del Viejo Continente, sino como timonel  de la Unión Europea. 
La Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Merkel se ha quedado a cinco escaños de la mayoría absoluta. En ausencia del Partido Liberal, Merkel deberá negociar con el SPD, para conformar una megacoalición entre la centroderecha y la centroizquierda, como la que le dio sustento parlamentario en su primer gobierno (2005-2009). 
Según una última encuesta, la mitad de los alemanes prefiere una coalición con el SPD. Sólo a un 16% le gustaría la formación de un gobierno tripartito entre la Socialdemocracia, los Verdes y la Izquierda, aunque tal posibilidad ha sido descartada por los líderes socialdemócratas. En todo caso, el SPD desea consultar a su cerca de medio millón de afiliados si acepta el "abrazo del oso” que supone coaligarse con Merkel.
Los observadores de la política alemana atribuyen el éxito de la  Canciller de Hierro  al naufragio del fiel de la balanza política alemana, el Partido Liberal, que por primera vez en la historia  no estará representado en el Bundestag. Pero tampoco se puede minimizar la magnitud de su triunfo. Aunque nadie se atreve a compararla con Konrad Adenauer, el canciller del "milagro alemán”, ni con Helmut Kohl, el "padre de la reunificación”, la prensa europea ha comenzado a hablar de una nueva era, la "era merkeliana”. 
Su liderazgo interno tiene un correlato internacional. Como dijo un diario español, "mamá” Merkel ha convertido a Alemania en la "única pieza ineludible del tablero de la Unión Europea” y a Berlín en su "capital oficiosa”. Y desde esa posición de autoridad indiscutible se apresta a seguir dando lecciones a la "vieja Europa”, principalmente  a los países del sur, a quienes insta un día sí y otro también a apretarse el cinturón para salir de la crisis. Alemania hizo sus deberes y, si la receta sirvió para Alemania, ¿por qué no para el resto de sus socios europeos?, es su argumento.

 

 Los observadores  políticos atribuyen el éxito de la  Canciller de Hierro  al naufragio del fiel de la balanza política alemana, 

el Partido Liberal.

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