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Juan León Cornejo
miércoles, 9 de octubre de 2013 · 20:56
Gracias al extraordinario desarrollo tecnológico de estos tiempos, la era digital nos permite hoy conocer prácticamente todo lo que ocurre acá y acullá. De manera virtual, los medios de comunicación nos hacen testigos de casi todo lo que ocurre en el mundo, en el mismo instante en que ocurre.  El internet, además, nos abre puertas a un mundo infinito de información. Corremos pues con ventaja cuando la tanta información que bombardea a la gente en todo momento termina desinformando. Y podemos analizar la información y sacar conclusiones con pocos indicadores.
Aun así, es difícil sistematizar todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero es posible pronosticar que cuando las preocupaciones de hoy sean información histórica, caracterizarán estos tiempos con sello rojo de corrupción por insólitos, más que por cantidad, que a estas alturas los convierte ya en rutina.
    Entre los datos que navegan en el ciberespacio, por ejemplo, uno dice que en Bolivia existen 220 supermillonarios con una fortuna de 30.000 millones de dólares. Sin contar sus casas, bienes de colección ni de consumo durables (autos, aviones, etc.). Según la información que difundió Gustavo Maldonado Medina basado en un reporte mundial sobre la ultrarriqueza 2012-13 de la consultora Wealth X y el banco suizo UBS, son 30.000 millones de libre disponibilidad.
   Según el dato, 220 personas tienen casi el triple del total de reservas internacionales de Bolivia. Sin contar cartas ni espadas, su fortuna sextuplica casi el total de la deuda externa de un país en el que el ingreso per cápita anual fue de 2.469 dólares en 2012 (décimo en la región) y donde según el Ministerio de Economía, 43 de cada 100 personas del campo y 14 de cada 100 de las ciudades viven en situación de extrema pobreza.
   ¿Cómo se entiende que 220 personas tengan 30.000 millones de dólares en el banco mientras dos millones de sus compatriotas tienen un ingreso inferior a ocho bolivianos al día para comprar alimentos de subsistencia, según datos de la Fundación Milenio?  Esos pocos números, sin ningún análisis, resumen la desigualdad que persiste en tiempos de cambio.  
La pregunta de fondo, sin embargo, es cómo acumularon toda esa plata esos pocos afortunados en un país cuyos indicadores hacen difícil suponer niveles tan altos de acumulación de riqueza. Por supuesto, descontando que lo normal en cualquier sistema social es el negocio legal, valdría la pena darle un repaso a las fuentes de enriquecimiento ilícito para ver si hay pecado en tanto dinero acumulado.
    Los datos mundiales sobre enriquecimiento ilícito fácil ponen en  primer lugar al negocio del narcotráfico, que mueve 300.000 millones de dólares al año, según la oficina de Drogas y Crimen Organizado de la ONU. Le siguen prostitución y pornografía (108.000 millones), tráfico de armas, trata de personas (incluye venta de órganos) y falsificación de bienes (sobre todo tecnológicos y medicamentos).
    Con mayor o menor fuerza, esos negocios conviven en nuestro país y en nuestro vecindario. Algunos son base de integración comercial más eficiente que la de los mecanismos tradicionales. Pero algunos tienen presencia ostensible en nuestro país, por su inserción en la política.
   A los casos más clamorosos del pasado inmediato (las hermanas Terán apresadas en el Chapare o el general de Policía apresado en Miami, por ejemplo) se suma hoy el del responsable de la Dirección General de Coca e Industrialización, Luis Cutipa Salva. Insólito por su cargo y sus antecedentes políticos.
   Se lo sindica de haber desviado "hacia fines ilícitos (narcotráfico) casi la totalidad de las aproximadamente 35.000 a 45.000 toneladas de hoja de coca incautada y/o retenida en los más de siete años de su gestión”.  45.000 toneladas son 45 millones de kilos. El  kilo de hoja de coca en La Paz o Cochabamba cuesta 7,4 dólares,  según información oficial.
Los números dicen que la operación generó un negocio de 333 millones de dólares. La denuncia dice que se canalizó mediante sus hermanas y su esposa. Y por si fuera poco, incluye abuso sexual y de poder en perjuicio de funcionarias que trabajaban bajo sus órdenes.
Podría ser un caso más del montón. Pero Luis Cutipa Salva era suplente del entonces diputado Evo Morales, en 2003. Fue dirigente cocalero desde antes del 97 y vicepresidente del comité de coordinación de las seis federaciones del trópico. No es pues un caso cualquiera porque el sujeto no es una persona cualquiera. Y es también insólito porque su abogada lo atribuye al afán de destruir "la reputación” de su defendido y se dice preocupada porque lo hace una mujer, y "las mujeres son muy peligrosas cuando quieren dañar a alguien con su boca”.  La denuncia está firmada por la ministra de Desarrollo Rural, Nemesia Achacollo.
 

Juan León es periodista.

  Podría ser un caso más del montón. Pero Luis Cutipa Salva era suplente del entonces diputado Evo Morales, en 2003.

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