Binomio presidencial

Editorial
jueves, 10 de octubre de 2013 · 20:59
Finalmente se conoció, sin causar mucha sorpresa, que el binomio presidencial del MAS para las elecciones de 2014 estará conformado por Evo Morales y Álvaro García Linera.
De la candidatura del Presidente no cabía ninguna duda desde el momento en que empujó al Tribunal Constitucional a aprobar un tercer mandato para él, a pesar de las advertencias sobre las   violaciones a  la Constitución Política del Estado que ello implica.
Que García Linera sea otra vez candidato también era algo de esperarse, aunque fue él mismo –seguramente para "probar las aguas”– quien dijo en un diario del oficialismo hace un año que se veía a sí mismo "como profesor universitario”, no como candidato para las futuras elecciones.
Sin duda es una dupla poderosa, tal vez la que ha tenido más poder en los 31 años de democracia y una de las más fuertes de la historia boliviana.  Y, sin duda, es también un binomio con altas posibilidades de vencer en los comicios de octubre de 2014. Las encuestas señalan que los candidatos opositores necesitan unirse si desean hacerle frente con algunas posibilidades de éxito al Gobierno.
Entre tanto, el Gobierno trabaja para acumular más poder. El Jefe de Estado lo dijo en la reunión del MAS que lo proclamó el sábado: en 2002 el MAS obtuvo 20% de los votos, pese a que ese partido no tenía ni municipios ni gobernaciones ni manejaba una fuerte bancada parlamentaria. Luego recordó que en dos elecciones posteriores subió a 54% y 64% de los votos. Entonces, aseguró, ahora que el MAS controla el Ejecutivo, el Legislativo, 280 de 335 municipios, siete de nueve gobernaciones, etcétera, "cómo no vamos a lograr un 74% de votos”. En otras palabras,  concentrar poder sirve para acumular todavía más poder. Así es como las máximas autoridades ven a la democracia, como un sistema que les permita mantenerse en el Gobierno.
Lo importante ahora será que la campaña electoral se mantenga en el plano que corresponde, sin que necesariamente tenga que afectar el ritmo de la gestión pública. Es de esperar que la instrucción presidencial de destinar el tiempo que corresponde a la resolución de los asuntos que preocupan a la población para destinarlo a actividades proselitistas, haya sido tan sólo un exabrupto y no tengamos que presenciar un largo periodo de pugnas por el voto que poco contribuyen a la calidad de vida de la gente.
El partido de Gobierno puede aprovechar favorablemente la aceptación que tiene en la ciudadanía para hacer la diferencia y mostrar voluntad política en la lucha contra la corrupción, la violencia y la inseguridad, que son los asuntos que esperan respuestas.

Sin duda es una dupla poderosa, tal vez la que ha tenido más poder en los 31 años de democracia y una de las más fuertes de la historia boliviana.

Confidencial

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