Hablando de energía

Petrodólares y petrocontratos

Carlos Miranda Pacheco
jueves, 10 de octubre de 2013 · 21:03
A dos años (1973) del colapso del Sistema de Bretton Woods, EEUU acordó con Arabia Saudita la venta de su petróleo utilizando dólares norteamericanos exclusivamente. Ese acuerdo fue adoptado por los países de la OPEP. Así, el billete verde norteamericano se convirtió en una moneda universal, bautizada como "petrodólar” por el profesor universitario Oweiss.
En esa década, vimos cómo los petrodólares alcanzaban cifras enormes por el precio del petróleo en dos dígitos. Para el siglo XXI  con precios de tres dígitos, las cifras se han vuelto siderales. Se estima que el 2013 llegaron a 3.200 miles de millones de dólares.
Una característica de los petrodólares: no obstante sus grandes cifras, no han cambiado la estructura económica de los países que los detentan. Nunca se conoce su destino, pasan por las arcas estatales y después se esfuman sin dejar rastro.
Un ejemplo en la región lo tenemos con Venezuela. El 29 de septiembre pasado, Valor Económico de Brasil publicaba una noticia sin precedentes: "Petrobras (PB) desiste de sociedad con PDVSA. A partir del 1 de noviembre, Abreu e Lima dejará de existir como empresa y será incorporada como unidad de negocios de PB”.
Abreu e Lima es una refinería de 230 mil bpd, en construcción en las afueras de Recife. El proyecto y la sociedad (60% PB – 40% PDVSA), fueron acordados por los presidentes Lula y Chávez, el 2005. Todo fue muy publicitado. No sólo confirmaba el espíritu integracionista de ambos gobiernos, además parecía una asociación técnico-económica impecable. Brasil satisfacía la demanda de una zona alejada en su territorio, procesando crudo pesado venezolano.
La refinería debía entrar en operación el 2011 con un costo de  4.300 millones de dólares. PDVSA no cumplió sus compromisos de inversión, ni pudo presentar garantías para su financiamiento.
No obstante esas dificultades, PB continuó la construcción que ahora tiene un 75% de avance. Las demoras por falta de pago fueron subiendo el costo de la obra, que se estima alcanzaría a 17.000 millones de dólares para el 2014, fecha que podría estar en operación.  Por todo lo anterior, la decisión de terminar con la sociedad era inevitable.
El total fracaso de PDVSA en este proyecto ratifica la concepción generalizada que las grandes sumas de petrodólares en manos de un gran exportador desaparecen sin dejar huella.
Increíble.  PDVSA sólo por la exportación de petróleo percibe más de  200 millones de dólares por día. Es difícil comprender cómo echó por la borda un proyecto político, geopolítico y técnico-económico tan importante.
Bastaba que destine 10 días de sus ingresos para cumplir sus compromisos societarios.
Lo anterior debería llamar nuestra atención para ver con cuidado la sociedad Petroandina (YPFB 50%, PDVSA 50%). Los meses posteriores a mayo 2006, fueron eufóricos por las ofertas de cooperación de PDVSA.  En ese ambiente de optimismo en pocos meses se acordó y formalizó la empresa Petroandina, a la que se le confió la exploración del norte de La Paz en el Bloque Lliquimui.
Conforme  lo acordado, PDVSA debía cubrir los gastos de exploración hasta la perforación del primer pozo.  De ahí para adelante, YPFB asumiría la responsabilidad de la operación y los gastos hasta igualar lo gastado por PDVSA.  PDVSA ha reportado haber gastado  94 millones de dólares y dejado de aportar indicando haber cubierto su parte.
La perforación del pozo, que después de innumerables demoras se inicia en enero de 2014, a cargo de YPFB está presupuestado en  60 millones de dólares. Finalizada la perforación, el proyecto Liquimuni demandará más fondos. Si el pozo es productor, como la mayoría del país lo desea, se tendría que perforar más pozos para tener producción que justifique la inversión. Si el pozo no resulta productor, tendríamos información para continuar la exploración.  Liquimuni es el proyecto exploratorio más importante del país y su suerte no puede estar ligada a la volatilidad de los petrodólares.
 
Carlos Miranda es ingeniero
y analista energético.

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