Una senda para poner fin a la pobreza

Jim Yong Kim
jueves, 10 de octubre de 2013 · 21:01
Actualmente más de mil millones de personas subsisten con menos de 1,25 dólares diarios. Esto es una mácula en nuestra conciencia. Debemos ayudar a los pobres a superar su condición, sin demoras, sean cuales fueren las circunstancias y lugares.
Hace  seis meses el Grupo  Banco Mundial  (GBM) aprobó dos objetivos: el primero  es poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030; el segundo,  promover la prosperidad compartida, elevando los ingresos del  40% más pobre de la población.   
Alcanzar  el primer objetivo -poner fin a la pobreza extrema a más tardar en 2030- representará un logro histórico y extraordinariamente difícil. Estamos avanzando, pero en la batalla contra la pobreza nada está garantizado, y la contienda será mucho más dura cuanto más cerca estemos de lograr ese objetivo. El crecimiento mundial podría desacelerarse. Los inversores podrían tornarse aún más cautos que en la actualidad. El financiamiento a largo plazo para la infraestructura que tanto se necesita ya es escaso y podría agotarse.
El segundo objetivo -promover la prosperidad compartida- reviste importancia directa para los países de todas las regiones del mundo: Oriente Medio, África, Asia y América Latina. Las protestas que tuvieron lugar durante la Primavera Árabe, y las ocurridas más recientemente en Turquía, Brasil y Sudáfrica, se basaron en la aspiración universal de la gente de formar parte de la clase media mundial.
Los medios sociales han generado una enorme "clase media virtual”, como la denominó Thomas Friedman, que seguirá llamando a la puerta de las oportunidades, y luego la derribará. Debemos prestar mucha más atención a la cuestión de si el crecimiento favorece a la totalidad de la población,  y no sólo a la élite.
Nos convertiremos en un banco de soluciones, cuyo punto de referencia central sea producir resultados para los pobres y dejaremos de dedicarnos a esferas en las que otras instituciones estén en mejores condiciones que nosotros, y no nos ocuparemos de proyectos con el solo propósito de alcanzar metas de volumen de financiamiento
¿Cuáles son, pues, nuestros principios? Nos guiaremos, en todo momento, por nuestros dos objetivos. Trabajaremos con  aliados, ya que solos no podremos alcanzarlos. Seremos audaces. Asumiremos   riesgos inteligentes. Invertiremos en proyectos que puedan contribuir a transformar el desarrollo de un país o de una región, aun a riesgo de fracasar en algún momento.
Además. procuraremos crear instrumentos financieros innovadores que puedan abrir nuevas oportunidades para el financiamiento a largo plazo que los países tanto necesitan.
Nos guiaremos por tres ejes de trabajo:
Primero, formaremos alianzas con el sector privado para luchar contra la pobreza y crear buenos empleos  de calidad para los pobres.  
Segundo, redoblaremos nuestra determinación de asistir a los Estados frágiles y afectados por conflictos.  
Tercero, nos fijaremos metas tan ambiciosas como sea posible en relación con temas de importancia mundial, tales como inversiones en promover los intereses de las mujeres y las niñas, y combatir el cambio climático. Nuestra respuesta al cambio climático, por ejemplo, debe ser suficientemente audaz como para abarcar todos los aspectos del problema.
Si queremos poner fin a la pobreza extrema, tenemos que crear comunidades con capacidad de adaptación al cambio climático y mitigar perturbaciones, tales como los desastres climáticos, para que los pobres puedan vivir mejor y para que esas mejoras se mantengan a largo plazo.
Recientemente, se reunieron 60.000 personas en el Central Park de  Nueva York para presenciar el Global Citizens Festival,   que  culminó con un llamamiento a poner fin a la pobreza. Únanse de inmediato a nuestro movimiento, ingresen en el sitio web del Global Poverty Project (Proyecto sobre la pobreza mundial) -www.zeropoverty2030.org- y suscriban una petición de que se ponga fin a la pobreza en el curso de una generación.
Esta es la cuestión moral definitoria de nuestro tiempo. No podemos dejar que más de 1.000 millones de personas padezcan una pobreza extrema mientras disponemos de los instrumentos y recursos necesarios para mejorar sus condiciones de vida.
 

Jim Yong Kim es el presidente
del Banco Mundial.

Confidencial

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