Aniversario de la democracia

Editorial
viernes, 11 de octubre de 2013 · 20:34
La democracia bolivianacumplió  31 años. Se la debemos a un numeroso, activo, comprometido y valiente grupo de bolivianos y bolivianas que durante la década de los años 70 y principios de los 80 dio incluso su vida por recuperar un sistema de libertades y derechos; y que  se ha ido ampliando y afianzando con el paso de las tres décadas posteriores.
Es alentador que el sistema de libertades imperante no haya tenido interrupciones en tanto tiempo, a diferencia de buena parte de los dos siglos anteriores.
En Bolivia, en general, se respetan las libertades básicas que ofrece la democracia (asociación, pensamiento, expresión, entre otros) y la sociedad hace oír sus demandas con energía, muchas veces, lamentablemente, violando los derechos de terceros.
La estabilidad política, social y económica, de la que hemos carecido los bolivianos en largos períodos de nuestra historia, es un requisito para el desarrollo. Cuando existe estabilidad se sientan las bases para políticas de largo plazo, ojalá de Estado, y éstas puedan realizarse en distintas áreas.
En los recientes años, desde la llegada al poder del régimen actual, se han acrecentado varios derechos de los bolivianos, como el de inclusión de sectores indígenas y empobrecidos, que se refleja en su alta representación (una mayoría de parlamentarios, asambleístas departamentales y concejales municipales pertenecen a sectores populares).
Junto con eso, desafortunadamente, también se ha producido un debilitamiento de la solidez de la democracia en aspectos referidos al respeto a la institucionalidad. La independencia de poderes es cada vez más tenue (inexistente en muchos casos), la capacidad de disentir ha decaído, la acumulación de poder del grupo gobernante es creciente y los derechos de los opositores se reducen día a día. Además, un eficiente sistema mediático, estatal y privado, que defiende los intereses del Gobierno, se ha convertido en una especie de "tribunal” de acusaciones y descrédito de la disidencia política.

Así que Bolivia enfrenta varios desafíos, algunos contradictorios: ciertos avances en varios planos y en otros, retrocesos importantes. El Gobierno controla, además del Legislativo -que es un mero apéndice suyo- una buena parte del Poder Judicial, para no mencionar a los movimientos sociales, ciertos sectores empresariales, la totalidad de las antiguas superintendencias y hasta la Contraloría del Estado. Las ideas dominantes son cada vez más difíciles de confrontar, lo que reduce la capacidad de disenso y debate interno. El país se encamina, en muchos sentidos, hacia la homogeneización de las ideas y las propuestas.

Junto con grandes avances, se ha producido un debilitamiento de la solidez de la democracia en el respeto a la separación de poderes.

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