Precisiones

Y si “desgasificáramos” la relación comercial con Brasil….

Fernando Salazar Paredes
viernes, 11 de octubre de 2013 · 20:44
El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) se ha convertido en el principal punto de referencia del comercio exterior de Bolivia y en un think tank innovador para el desarrollo sostenible del país, reconocido como un proveedor de servicios de confianza y un socio para los sectores público y privado. De ahí que sus análisis del intercambio comercial de Bolivia con otros países, sus estudios de mercado y las estadísticas de importaciones y exportaciones que prepara son instrumentos imprescindibles para entender el comercio exterior de Bolivia.
Si examinamos nuestra extensión fronteriza, vemos que con Argentina tenemos 832 kilómetros; con Chile, 861; con Paraguay, 750; y con Perú, 900. Ello suma 3.343 kilómetros de fronteras con cuatro países. Con Brasil tenemos una de 3.400 kilómetros, superior a la de los otros cuatro juntos. La frontera constituye un espacio de actuación compartida, escenario de una densa trama de relaciones económicas, sociales y culturales.
Todos los países limítrofes son indiscutiblemente importantes para nuestra política exterior. Estamos unidos geográfica, geopolítica y geoeconómicamente. Ergo, nuestra política exterior debe privilegiar la relación con ellos.
Brasil, sin embargo, se diferencia de los demás vecinos porque nuestra área fronteriza supera en extensión, incluso a la de México con EEUU, que alcanza los 3.152 kilómetros. Este elemento, el de una colindancia geográfica colosal, convierte al Brasil en un vecino de primera importancia en el que, además, gravitan otros componentes significativos como ser las asimetrías en lo económico y la heterogeneidad cultural.
Si por un acaso del destino, prescindiéramos de la exportación del gas al Brasil, ¿en qué quedaría nuestro comercio exterior con el vecino más extenso que tenemos y que es la sexta potencia económica del mundo?
Esta reflexión la planteó precisamente, y de manera muy acertada, el presidente del IBCE, José Luis Landívar Bowles, en una presentación que impactó mucho a los asistentes a un reciente acto auspiciado por la Cámara Nacional de Comercio Boliviano Brasileña.
De acuerdo con las estadísticas ofrecidas, las ventas bolivianas al Brasil menores a  500 millones de dólares en  2003 llegaron a casi 3.700 millones en 2012.
No obstante, la preocupación exteriorizada es que desde el punto de vista de la configuración de esas ventas, un sólo producto -el gas natural- representó el año pasado el 97% del total, reflejando que las ventas bolivianas al vecino se concentran en productos extractivos y no renovables, sin los que no se ha vendido al Brasil ni 70 millones de dólares en  2012, es decir, ni un 2% de lo que fue la exportación total.
Según el IBCE, pese a que las compras al Brasil subieron de casi 350 millones en  2003 hasta superar los 1.500 millones  el pasado año, el superávit aumentó de 143 a 2.142 millones en ese lapso, de ahí que si "desgasificamos” la relación comercial bilateral, Bolivia sufriría un portentoso déficit, algo que merece una profunda consideración económica y política, máximo si las compras que hizo  Brasil al mundo el año pasado ascendieron a 223 mil  millones de dólares, de las que Bolivia apenas significó el 1,6%.
Hace unos años alguien, al retornar de una visita al Brasil, dijo que Brasil es para Bolivia lo que EEUU es para México. Su declaración, dicha en el mejor de los términos, hacía obvia referencia a que la actividad económica de México depende en gran medida de su comercio con EEUU, que consume más del 85% de las exportaciones mexicanas y dan trabajo a casi el 10% de su población.
 México ha sabido aprovechar bien esa su relación económica privilegiada a pesar de tener, en muchos campos, divergencias de opiniones con sus vecinos del norte. No nos vendría nadita mal imitar a México en este sentido.
Las palabras de Landívar Bowles deben motivarnos a la reflexión: "Colindar con la sexta economía del planeta debería implicar muchas cosas buenas para Bolivia, por ejemplo, el poder aprovechar del inmenso mercado que tiene en función de los 200 millones de ciudadanos en ese país, así como también el lograr una mayor presencia de inversiones brasileñas en nuestro territorio o una mayor complementación económica, tecnológica y cultural.
 Es cierto que se ha avanzado mucho en estos campos, pero no menos cierto es que su profundización depende no sólo de la buena voluntad de las partes, sino también de las condiciones que objetivamente se pueden dar en ambos países para hacerlo y eso es algo en lo que se debe trabajar”.

Fernando Salazar es abogado
 internacionalista.

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