Economía de papel

El limitado tamaño del fondo solidario

Alberto Bonadona Cossío
viernes, 11 de octubre de 2013 · 20:45
Oscar Lewis, un connotado sociólogo que estudio algunos rasgos de la mentalidad de los pobres en México hace muchas décadas, acuñó el concepto del "bien limitado”. Se trata de cierta mentalidad que hace creer que, por ejemplo, que no se debe exagerar con momentos de hilaridad porque después vienen momentos de llanto. La advertencia dictamina: "No rías tanto porque después vas a llorar”.
Esta visión del "bien limitado” parece que llevó a los que diseñaron el fondo solidario, creado por la Ley de Pensiones 65, a que sólo alcance para unas 40.000  personas. Aquellas que lograrán jubilarse en los próximos 40 años y que son quienes tienen un promedio salarial de los dos últimos años menor a los 5.000 bolivianos.
Se dice y se insiste que tal fondo no puede ser más grande y que si Dios quiere alcanzará apenas para los escogidos. Sin embargo, las posibilidades de financiamiento de pensiones y otros gastos sociales del Estado, pueden ser financiados  cuando se mira un poco más de cerca a las formas en que muchos países ahora logran costear ese tipo de gastos.
Son los fondos soberanos una de esas modalidades. Existen 79 fondos de decenas de países que invierten más de 5 billones de dólares (un cinco seguido de 12 ceros) en mercados internacionales de deuda y acciones obteniendo buenos rendimientos, incluso en medio de la crisis mundial. Para formar estos fondos, estos países utilizan fracciones de sus reservas internacionales, parte de los superávit en cuenta corriente o porcentajes de los superávit de sus presupuestos. Los países que exportan materias primas se han beneficiado enormemente con los elevados precios que comandan sus exportaciones y varios de ellos utilizan esos excedentes con sabiduría.
Hay que romper la mentalidad del pobre de que no puede reír mucho porque después tendrá que llorar y pensar en las oportunidades que existen en el mundo moderno. Así se puede responder de manera positiva a crear un fondo que no discrimine a la clase media e incluso se vuelva verdaderamente universal, al punto de incorporar a los trabajadores del campo y trabajadores informales, que no tienen los recursos como para cotizar cada mes lo que exige financiar una jubilación.
Las posibilidades de desarrollar un fondo solidario universal que no excluya al 20% de los que más aportan al fondo solidario y que no se benefician del mismo existen y se las deben aprovechar. Aparte de la creación de fondos soberanos, se pueden crear mecanismos financieros para que los recursos en caja y bancos de los gobiernos subnacionales (gobernaciones y alcaldías) generen un rédito social,  mientras se mantienen intocados los capitales (los mencionados saldos ociosos).
La actual estructura de financiamiento del fondo solidario responde a un diseño de alcance limitado. Es como si hubiera diseñado una olla pequeña porque se quiere que sea pequeña cuando existen posibilidades de diversa índole para diseñarla de mayor tamaño. Se trata de romper las limitaciones que el cerebro de la mentalidad de pobreza impone en creer que no hay forma de mejorar.
 
 Alberto Bonadona es economista.

 

  Hay que romper la mentalidad del pobre de que no puede reír  porque después tendrá que llorar y pensar en las oportunidades que existen.

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