Continuidades y rupturas

¡Vamos a declarar a Potosí federal!

María Teresa Zegada
miércoles, 16 de octubre de 2013 · 20:13
Fue la respuesta del presidente de Comcipo, ante la recurrente desatención del Gobierno a las demandas regionales y, frente a la constatación de que, como resultado de los  datos del censo,  Potosí había perdido un escaño en la representación parlamentaria. Esta depresión demográfica también se reflejará  en el lugar que ocupe este departamento en la nueva distribución de recursos a través del esperado  pacto fiscal.
A lo largo de la historia, las demandas  de descentralización, autonomía o en su caso federalismo,  en el marco de movilizaciones de protesta, han correspondido a un sentimiento de frustración,  marginación y desatención del Estado a las regiones.
Durante  el siglo XIX y como línea de continuidad de la época colonial,  Potosí ha ocupado un lugar absolutamente central para el Estado boliviano, pues concentraba la producción de minería de  plata que sostenía la economía nacional. Alrededor de la producción minera se constituyó un hinterland agrario, y más adelante un entorno financiero y comercial. Nadie dudaba de la centralidad de ese departamento y su importancia para el país, mientras el oriente boliviano se encontraba muy lejos física y simbólicamente del dominio estatal,  por tanto, también de su capacidad de cobijarlo o atender sus demandas. Justamente en Santa Cruz  se gestaron las primeras revueltas sociales por la descentralización del Estado.
Un momento insoslayable en esta mirada histórica,  por la paradoja que encierra, fue  la denominada revolución federal de 1899, en la que triunfaron justamente quienes embanderaban el federalismo, pero poco después de este acontecimiento, Pando señaló que Bolivia era un país que no estaba preparado para el federalismo.
 Más adelante el eje de la economía se trasladó ligeramente hacia el norte,  a raíz de la demanda internacional  de estaño. Sin embargo, Potosí no abandonó su importancia en la economía y la política boliviana. Esta situación se mantuvo hasta bien avanzado el siglo XX,  cuando el eje de la economía se  fue desplazando de occidente  hacia el oriente; cambio motivado por la explotación del nuevo enclave de materias primas, esta vez centrado en los hidrocarburos y luego en el gas natural. En la coyuntura actual, el oriente -y sur- del país no sólo concentran los mayores indicadores de productividad y exportación de materias primas y en el caso de Santa Cruz también con la agroindustria,  sino también constituyen polos de atracción poblacional y de una nueva dinámica económica interna y externa.
Estos desplazamientos son un dato incontrastable de la realidad, no obstante,  en estos escenarios complejos en que se desequilibran las relaciones entre regiones, y entre éstas y el Estado; el actor llamado a intervenir activamente  es precisamente el Estado, para buscar restablecer equilibrios internos con políticas específicas orientadas a ese fin y con medidas compensatorias.
La reciente pérdida de un escaño ha significado un golpe duro a  una región que ya  se sentía postergada. El grito de federalismo, en este caso concreto, es una reacción de rebeldía y la búsqueda de atención ante la impotencia; y no responde, como mencionaba una autoridad gubernamental,  a la intención de dividir Bolivia y mucho menos a conceder a intereses chilenos inmiscuidos en la dirigencia cívica.

 María Teresa Zegada es socióloga.

  El grito defederalismo, en este caso concreto, es una reacción de rebeldía y la búsqueda de atención ante la impotencia.

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