José María Bakovic

Rolando Morales Anaya
jueves, 17 de octubre de 2013 · 21:22
Hay muchas formas de matar a una persona. Una de ellas es hostigarlo judicialmente, sabiendo que es una persona honesta, hasta lograr su debilitamiento físico y moral. Nunca he sabido ni tampoco me he interesado por el sufrimiento de un malhechor, cuando la justicia lo acusa de sus malandanzas, pero hago mío el sufrimiento de una persona que habiendo sido toda su vida un hombre derecho, respetado internacionalmente y en su país, se ve súbitamente acusado de muchos delitos sin tener responsabilidad alguna.
Me imagino que debe haber un combate interno para conciliar lo que parece ser una simple pesadilla con la realidad; debe haber momentos en que se piensa que nada de lo que ocurre es verdad, que es tan sólo una travesura de los sueños y que al despertar todo se aclararía poco a poco. No ocurrió eso, pero siendo hombre de bien, Bakovic guardó la esperanza que se le hiciera justicia y que para ello sólo tenía que poner en evidencia sus propios argumentos.
Nadie sabe con exactitud la razón por la que  un gran hombre de prestigio moral y profesional fue permanentemente hostigado por el Gobierno y la justicia durante los seis últimos años de su vida. Se presume que entró en conflicto de intereses cuando fungía como Director del Servicio de Caminos, una entidad sobre la que no cesan los rumores -ciertos o inventados- de corrupción. Una funcionaria suya, muy próxima al presidente Evo Morales, fue la que inició la persecución. Observó  que se trataba de un hombre con muchos recursos económicos, personales y familiares, así que la denuncia inicial abrió la voracidad de la difamación. Le iniciaron más de 70 juicios, algunos en Santa Cruz, otros en Tarija,  La Paz y  Cochabamba. El asistió religiosamente a todas las audiencias seguro que la verdad y la justicia se impondrían, pero pasaban los años y lo único que veía con angustia era la multiplicación de procesos.
Como la piedra que recibe intermitentemente una gota de agua durante años, la fortaleza física y moral de este hombre de acero empezó a decaer. El sábado 12 de octubre falleció en circunstancias en las que  la justicia, con la anuencia de sus forenses quienes sabían que estaba delicado de salud, le obligó a viajar desde Cochabamba hasta La Paz para asistir, una vez más, a una audiencia judicial. Será interesante pedir a su abogada que nos haga conocer el número de audiencias a las que fue convocado, el lugar y las veces que se realizaron o se suspendieron. Me imagino que deben estar cerca de mil. Ello daría más elementos para describir el calvario al que  fue sometido.
La opinión pública tiende a poner el dedo acusador de la muerte de José María Bakovic en sus responsables más inmediatos, los fiscales que insistieron para que se presentara en La Paz y los forenses que dieron su visto bueno, pero esperemos que algún día el conjunto de responsables, desde el primero hasta el último, puedan ser debidamente juzgados.
Entre tanto, rindamos homenaje a este hombre de bien y pensemos en declarar el día 12 de octubre como el Día de la Víctima Política y Judicial.

Rolando Morales es doctor

 en    econometría.

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