Cartuchos de harina

2014

Gonzalo Mendieta Romero
viernes, 18 de octubre de 2013 · 21:17
No me caen mucho los profetas porque hay riesgo de que tengan razón. Si así fuera, vistas las cosas hoy, las elecciones del 2014 podrían asegurar a varios ministros actuales  unos años más de aguinaldo procedente de las arcas públicas.
Si el oficialismo ganara en 2014, habrá que reprimir la envidia: muchas de nuestras altas autoridades merecerán esa suerte, quizás porque trabajan los domingos, persiguiendo con la mirada la pelota de fútbol presidencial. Es una ternura, pues servidores públicos claves albergan el sano anhelo de que alguna vez Evo los detecte, en un feriado de aquellos, vivando sus goles con júbilo en el rostro, como merece el líder.
Lo que sí aseguro es que el 2014 no será el año de la esquiva verdad. Para incidir en el largo plazo, un buen comienzo sería respetarla, pero no será el 2014, y menos en política. No hay que amargarse por eso, pues la política tiende a simplificarse en extremo para transmitir mensajes sencillos a enormes cantidades de gente. Y no será muy honorable, pero es irremediable. Como consuelo barato, sólo cabe recordar que son preferibles las sinuosas mentiras de la política, a la franqueza de las bayonetas.
En la campaña de 2014, Evo Morales persistirá en su mensaje profético, del que casi no se mueve en una década: "soy el milenario representante de pobres e indígenas. No hay más que decir”. Más que los arreglos florales del comunitarismo o del pluriculturalismo -de los que eran portavoces ilustrados de élite, del Gobierno-, el mantra del candidato oficial descansará en antiguas tradiciones nacionales.
Por ejemplo, sin pagar derechos de autor ni admitirlo en público, el 2014 el MAS hará nuevamente uso del trabajo ajeno. En primer lugar, el MAS se beneficiará sin piedad de la labor de los religiosos –nuestro segmento de intelectuales más viejo, incluso previo a los sociólogos- que sembraron en el alma nacional el paradigma del corazón simple, de la compasión por los débiles.
En segundo lugar, el MAS dilapidará aun más la herencia de los activistas anarquistas, comunistas y nacionalistas, de los que nuestra historia está poblada. Comenzando por Evo, ningún dirigente promedio del MAS sería capaz de deletrear el abecé del multiculturalismo que pregonaba el sofisticado grupo de intelectuales "Comuna”, cuando todavía vivía en confuciana armonía comunitaria. A la inversa, cualquier parlamentario masista podría conferenciar convincentemente sobre los rudimentos de la lucha de clases y la expoliación de los recursos naturales patrios. Y todo esto se notará nuevamente en los movidos meses del año próximo.
El 2014, las autoridades de Gobierno y los opositores repasarán guiones armados por habilí simos asesores. En el oficialismo estará prohibido admitir que en Chaparina se hizo gala de valerosos palazos contra mujeres desarmadas y que lo respetable sería aplicar alguna sanción que repare un abuso tan difícil de disimular. Como un ejército obediente y vertical, el oficialismo hará de tripas corazón –otra vez-, y pondrá al lado, por un cachito más, su devoción a los indígenas, de la que harto habla.
En la vereda opositora, los matices se irán empequeñeciendo, y será un pecado capital reconocer alguna virtud al Gobierno. Estará penado, por ejemplo, sugerir que, por suerte, en Chaparina no hubo muertos o que, siquiera simbólicamente, hay menos desigualdad en el país.
Quienes escribimos en la prensa tendremos que votar por alguna fórmula, en el aislamiento forzoso del precinto electoral o a voz en cuello, como prefieren los más extrovertidos. Y lo haremos no como nos gustaría (sin contaminar los castillos en el aire de los que les contamos en nuestras esterilizadas columnas), sino como quien opta por la mejor marca de aceite de ricino.
El 2014 presenciaremos de nuevo una competencia entre los malos y los buenos. Estos últimos no tendrán garantía de ganar porque, como diría con negro escepticismo el Quijote, Dios está con los malos, cuando son más que los buenos. Y nuestro pueblo cree mucho en el Quijote.

Gonzalo Mendieta es abogado.

  En la vereda opositora, los matices se irán empequeñeciendo  y será un pecado capital reconocer alguna virtud al Gobierno.

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