Economía de papel

Efectos del cierre del gobierno de los Estados Unidos

Alberto Bonadona Cossío
viernes, 18 de octubre de 2013 · 21:20
Fueron 16 días en los que el Gobierno central de los Estados Unidos colocó a sus empleados con "permiso sin goce de haberes”. Son más de dos semanas en los que se calcula   Estados Unidos perdió 24.000 millones de dólares o una suma cercana a todo el valor que se produce (o el PIB) en Bolivia durante un año. Fueron 800 mil trabajadores del aparato estatal que dejaron sus puestos de trabajo por ese tiempo.
En el fondo existe una pugna ideológica entre demócratas y republicanos que explica tal suspensión. La confrontación se puede resumir en que los primeros creen que la reactivación de la economía estadounidense pasa por la intervención activa del Estado mediante el aumento del gasto fiscal. Los segundos consideran que el mercado sin restricciones puede lograr la recuperación de esa economía. Los demócratas insisten, por lo tanto, en aumentar el déficit fiscal para lo cual es necesario elevar el techo de endeudamiento estatal, acción a la cual los republicanos se oponen. Estos últimos afirman que no es necesario endeudarse aún más porque califican a la intervención estatal como la causa de la crisis que se inició en 2008, la cual se refleja en el creciente endeudamiento fiscal. Por otro lado, los demócratas consideran que el aumento del gasto logrado hasta ahora no es suficiente y no es momento de austeridad sino de generar mayor actividad económica (más fuentes de empleo, mayor consumo y aliento a la producción).
Resultado del cierre de importantes agencias estatales se aumentó la incertidumbre respecto al futuro de la economía estadounidense. Ciertamente, no todas las oficinas estatales se cerraron (1 millón 300 mil empleados permanecieron en sus puestos frente a 800 mil que no) pero la interrupción de una buena parte de actividades gubernamentales fue suficiente como para que las calificadoras de riesgo anuncien que bajarán un grado la calificación de su deuda. Los acreedores ven en ello un creciente riesgo pero no hay mucho que puedan hacer. La China, por ejemplo, no es sólo el más grande de los acreedores de Estados Unidos, sino que para la China esa deuda es el principal componente de su cartera. Así, la caída del dólar sufrida en las últimas semanas significa ya una gran pérdida para los bonos estadounidenses que posee la China, pero no es el momento de deshacerse de ellos,  precisamente por la caída de su valor, que de vender la China los bonos que posee ahondaría el temor internacional y su pérdida se acrecentaría. Así, y a pesar de todo, el dólar permanece como el dinero mundial por excelencia.
Por otra parte, para la abatida economía estadounidense, la caída de la paridad del dólar frente a otras monedas le es conveniente porque hace más baratas sus exportaciones. O sea, un dólar más barato mundialmente hace que la competitividad de una serie de productos hechos en los Estados Unidos se haga comparativamente más barato. Esta situación colateral al cierre del Gobierno no se puede calificar de premeditada, pero es, indudablemente, un factor favorable para esa economía y no lo es para los exportadores asiáticos.
Consecuencia del cierre parcial del Gobierno estadounidense, se calcula que el PIB de los Estados Unidos se verá afectado negativamente en un 0,4% en 2013. Tal desaceleración afecta al mundo entero porque esa economía es la que mayor influencia tiene en los mercados de productos y financieros del mundo. También el aumento de su gasto afecta a las economías del mundo que reciben dólares devaluados que a Estados Unidos sólo le cuesta lo que paga por la impresión de los papeles verdes. Los países productores de materias primas, como Bolivia, por lo tanto reciben, hoy por hoy, abundantes dólares pero cada vez con menos poder adquisitivo en los mercados internacionales.
 
Alberto Bonadona es economista.

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