Dignidad humana para todos

Yehuda Berg
domingo, 20 de octubre de 2013 · 20:58

Una de las historias más populares en la Biblia, la destrucción de Sodoma y Gomorra, habla acerca de dos ciudades que estaban tan llenas de negatividad y que tuvieron que ser borradas de la faz de la tierra. Los habitantes fueron en contra de cada una de las reglas espirituales existentes (no compartieron, no se ocuparon de otros, sólo se enfocaron en ellos). Fueron indulgentes a tal grado que incluso colocaron guardias para asegurarse que a los visitantes no se les ofreciera alojamiento.
Abraham vivió en la  época de esas dos ciudades. Él era la personificación de Jésed (misericordia y bondad).
Uno pensaría que Abraham y la gente de Sodoma y Gomorra eran enemigos,  observamos que Abraham oró para que ellos no fueran destruidos y rogó ante Dios por misericordia. ¿Sabía Abraham cuán negativos eran?
Sí, lo sabía. Cuando el rey de Sodoma quiso recompensar a Abraham por ayudarlo a ganar una guerra contra otro reino, él no aceptó ni siquiera una agujeta como premio y tampoco se acercó a la ciudad.
A pesar de saber que eran negativos y que necesitaba mantenerse distante de ellos, Abraham no se rindió y pidió   por la gente de ambas ciudades. Él se protegió, sí, pero aún así oró por ellos con la esperanza de que cambiaran.
Ésta es una importante lección para nosotros. Cuando lidiamos con alguien negativo, hacemos lo mejor que podemos para sacarlo de nuestra vida, tan lejos como sea posible, pero también apagamos nuestro corazón y a veces hasta tratamos con esa persona de una manera cruel. Y es allí donde comienza el problema, ya que cortar a la gente negativa o deshacernos de ellos nunca solucionará el inconveniente. Puede que nos deshagamos de la persona negativa sólo para verla reemplazada por alguien más igual de negativo. Esto ocurre en una escala global al igual que de manera individual.
¿No hemos visto ejemplos de una persona negativa siendo reemplazada por otra igual de negativa en la reciente década?  Nos deshicimos de Sadam sólo para que fuera reemplazado por Osama bin Laden;  luego Gadafi,  en Libia;  ahora es Kim Jong-un en Corea del Norte; y Asad, en Siria. Pero  es un juego que ha ocurrido  desde hace miles de años.
Rav Berg siempre enseñó que no tienes que ser amigo de todo el mundo, pero tienes que tratar a todos con dignidad humana y nunca olvidar que alguien más lo hizo contigo. Necesitas encontrar un lugar en tu corazón, en el que aún puedas orar por ellos; orar por protección y para que cambien y se vuelvan mejores seres humanos. No trates de deshacerte de la negatividad o de la oscuridad, más bien transfórmala en luz. Ésa es la única forma en la que la paz verdadera y duradera entrará en nuestra vida y en el mundo.
Mientras más personas, de manera consciente y colectiva, traten de dejar de erradicar oscuridad con más oscuridad, y en lugar de ello transformen la oscuridad en luz, más pronto alcanzaremos la eliminación del caos, primero como individuos y luego colectivamente como raza humana.
Uno podría decir que Sodoma y Gomorra no cambiaron y fueron destruidas después de todo, incluso aunque Abraham oró por ellos. Por consiguiente, las oraciones de Abraham no hicieron mucho. El que nuestras oraciones salven a otros o no, no es nuestra principal preocupación porque cada ser humano tiene libre albedrío. No podemos forzar a una persona a cambiar, eso depende de la persona. Como Rav Brandwein le enseñó a Rav Berg: no existe coerción en la espiritualidad. Sin embargo, si oramos por ellos, por lo menos nos mantenemos libres de negatividad y no agregamos más a la negatividad colectiva en el mundo. La otra parte es completamente responsable por sus acciones; nosotros no fuimos arrastrados.

  ¿No hemosvisto ejemplos de una persona negativa siendo reemplazada por otra igual de negativa en la reciente década?

Yehuda Berg es escritor y líder
 espiritual del Centro de Kabbalah Internacional

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