Atando cabos

Un buen comienzo

Rodolfo Eróstegui Torres
lunes, 21 de octubre de 2013 · 20:59
Dedicarle un tiempo, aunque corto, a los temas de las relaciones laborales,  al Ministerio de Trabajo, al sindicalismo, a las asociaciones empresariales, parece que no sólo es una buena idea, sino una necesidad.
Generalmente consideramos que la economía marcha al margen de lo que están pensando  los actores socioeconómicos de las relaciones laborales. Esta percepción se la tiene, a pesar que en los principales textos de economía se parte del análisis del trabajo como factor de creación de la riqueza (A. Smith, D. Ricardo, C. Marx, JM Keynes),  incluso  Friedman valora  la división del trabajo y concluye que las personas pueden trabajar y cooperar entre sí para producir bienes (da el ejemplo de un lápiz) más baratos sin entrar en conflictos. Es importante reflexionar sobre estos temas dado que el mercado de trabajo no sólo es un espacio donde se encuentran la oferta  y la demanda, sino ante todo es un espacio donde concurren las personas con sus expectativas, conocimientos, aptitudes, riquezas y pobrezas; pero sobre todo con su cultura. Desde esa perspectiva, la percepción de Friedman de una vida sin conflictos sociales se diluye.
En las últimas décadas apreciamos el crecimiento del denominado sector informal de la economía. Actualmente se dice que hay un millón y medio de empresas informales frente a 104 mil registradas en Fundempresa.  Este sector, que cada vez es más grande,  se hace invisible no sólo para las autoridades,  sino también para las organizaciones que agrupan a los empleadores y para  las organizaciones sindicales. El sector informal es un enorme elefante que se oculta tras un pequeño arbusto y que nadie se percata que está ahí. Todo el mundo pasa por su lado sin reconocerlo. En este sector, a lo largo de los años de su crecimiento, se ha creado una cultura de la precariedad laboral, donde todo está permitido. El reino de la normativa laboral y de sus principios sólo se manifiesta ante una ruptura no amistosa de la relación laboral. El trabajador que considera que se están violentando sus derechos concurre al Ministerio de Trabajo para que éste lo defienda.
Esta cultura de la precariedad laboral no sólo afecta a los trabajadores del sector informal, sino también a los trabajadores vinculados al sector moderno de la economía. Estas personas al momento de fijar las condiciones de trabajo tienen como referente las condiciones de trabajo precarias que se dan en el elefante invisible. Así,  el progreso social y económico de los trabajadores del sector formal se ve frenado por lo que acontece en las relaciones laborales del informal.
Los trabajadores se manifiestan social y políticamente  a través de su organización, la Central Obrera Boliviana (COB); pero el 82% de la población ocupada está vinculado a empresas donde no existe sindicato. Esta situación se refleja en sus pares empresariales, pues no todos los empleadores están afiliados a la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB); existe más de una organización que aglutina a pequeños y microempresarios. Algunas, curiosamente, afiliadas a la COB, como son los gremiales. De esta manera, el Ministerio de Trabajo (históricamente es considerado de "izquierda” en cualquier gobierno por el rol protectivo que desempeña) se constituye en la única institución que intenta poner orden y justicia en el mercado de trabajo.
De esta manera, considero un buen comienzo reflexionar sobre estos temas.  Esperemos poder cumplir con esa misión.

Rodolfo Eróstegui es economista, experto en temas laborales.

Así, el progreso socioeconómico de los trabajadores del sector formal se ve frenado por lo que acontece en el
campo informal.

Página Siete da la bienvenida a Rodolfo Eróstegui, quien publicará quincenalmente su columna Atando cabos en este espacio.

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