Entre la renovación y la extinción

Editorial
lunes, 21 de octubre de 2013 · 20:54
La Comunidad Iberoamericana tuvo una nueva reunión de jefes de Estado y de Gobierno en la capital panameña, en  medio de una alarmante apatía de sus socios que se tradujo en la ausencia de 12 de los 22 mandatarios invitados, incluido su principal promotor y animador, el rey Juan Carlos de España. Los asistentes adoptaron una serie de medidas para reanimar la vigencia de este foro de diálogo y concertación, incluida la decisión de convertir la cumbre en un encuentro bianual, pero no pudieron evitar la sensación de fracaso que rodeó a la cita.
La prensa europea cree que la Comunidad Iberoamericana ha salido malherida de la cumbre panameña. Analistas y observadores hablan de una crisis evidente, no sólo por el agotamiento provocado por la proliferación de cumbres regionales con escasos resultados, sino también por las innegables tensiones ideológicas y políticas que separan a sus socios. Particularmente notoria fue la ausencia de los presidentes alineados en la corriente izquierdista de América Latina, que ha sido interpretada como un abierto boicot a la cita promovida por España.
Las cumbres  iberoamericanas nacieron  en 1992 como un foro abierto sin exclusiones políticas o ideológicas, al punto de que era el único que acogía a la Cuba de Fidel Castro. No deja de ser  paradójico que la lista de ausentes esté encabezada precisamente por los socios del ALBA, como Raúl Castro, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, aunque es cierto que tampoco asistieron Cristina Fernández, José Mujica, Dilma Rousseff, Sebastián Piñera ni Ollanta Humala.
Los analistas atribuyen el fiasco a la proliferación de organizaciones y cumbres regionales. Los países latinoamericanos tienen un foro ampliado de diálogo con la Unión Europea (UE), que incluye a España y Portugal, y sus propias  organizaciones regionales como la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Mercosur, o alianzas como la del Pacífico, que muestran un escenario heterogéneo y fragmentado no solamente en lo político, sino también en lo económico.
La Cumbre de Panamá puso de manifiesto que el foro iberoamericano atraviesa un momento crucial debido a los cambios que ha experimentado la realidad latinoamericana y el entorno mundial. La crisis aconseja acometer modificaciones urgentes para garantizar su continuidad como espacio válido de cooperación en tiempos de transformaciones. El Presidente de México, anfitrión de la Cumbre de 2014, tendrá la palabra en este nuevo desafío.

Adoptaron una serie de medidas para reanimar la vigencia de este foro de diálogo,  pero no pudieron evitar la sensación de fracaso que rodeó a la cita.

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