De octubre a septiembre

Boris Miranda
lunes, 21 de octubre de 2013 · 20:58
En la semana que se recordaron los 10 años de la masacre de 2003, el presidente Evo Morales anunció que las Fuerzas Armadas (FFAA) serán las primeras en sacar provecho del satélite Túpac Katari y que recibirán uno propio de prospección más adelante. También hizo público que, desde 2014, la Fuerza Aérea Boliviana (FAB) se beneficiará con  helicópteros comprados en Francia y que manejará los nuevos aeropuertos que operarán en breve, en cada departamento.
El Mandatario dijo, además, que las FFAA junto a los movimientos sociales son la verdadera garantía para "dignificar y cambiar al país”, y que esa combinación es la única que evitará que retorne el saqueo de los recursos naturales.
El 17 de octubre pasado, nada menos que en la conmemoración del décimo aniversario de la victoria popular de la "guerra del gas”,  que costó casi siete decenas de vidas, Morales ejercitó una nueva suerte de perdonazo histórico a los militares, cuando insistió  en que un grupo castrense de EEUU tomó el control del Estado Mayor y "preparó la masacre en El Alto”. Hace un par de años, con palabras similares a las del Menem noventero, Evo afirmó que las dictaduras y masacres en democracia fueron responsabilidad del imperialismo norteamericano y los partidos neoliberales. "No fueron decisiones del mando militar, fueron decisiones políticas. Las Fuerzas Armadas son muy disciplinadas”, dijo aquella vez.
El jueves, durante casi dos horas de discurso, no hubo una sola crítica real del Presidente a los uniformados. No se escuchó un sólo reproche por la violencia con la que asaltaron Warisata o por el sanguinario operativo de Villa Ingenio. Incluso Edwin de La Fuente, comandante de las FFAA, fue más autocrítico cuando reconoció que ellos siguen "lavando su imagen” por aquel hecho "nefasto”.
¿Cambiaron tanto las FFAA   desde 2003 para que el Mandatario no deje de entregarles obsequios y llenarlas de halagos? El 12 de octubre, mientras los familiares de las víctimas de la "guerra del gas” oraban juntos por los caídos en El Alto, el Jefe de Estado entregaba una cancha de frontón en un regimiento de Tolata. Horas antes, aseguraba que el Ejército y la FAB ya se habían ganado un lugar en la historia grande de Bolivia.
¿Tanto cambió todo en una década? Nosotros sí, ellos no tanto. El país jamás volverá a ser el mismo, pero la jerarquía militar sigue recibiendo recompensas por su lealtad entre embajadas (para ellos y sus familiares), viajes, cargos públicos y entidades estatales. Todavía manejan millonarias adjudicaciones y ahora son parte de proyectos estratégicos del país, como las comunicaciones y la integración carretera. No existe sector que haya sido más homenajeado en los recientes siete años y no pocas veces sonó el nombre de un excomandante de la FAB como futuro ministro de Defensa. No podemos descartar que suceda en el futuro.
Diez años no alcanzan. Ahora los militares pueden colaborar con la entrega del bono Juancito Pinto, pero el manto de impunidad alrededor de ellos persiste. Ni siquiera vale la pena hablar de los casos de corrupción y malversaciones, hay cosas más importantes como la vida de las personas. Pueden averiguar. El caso del subteniente Poma, muerto a golpes en Sanandita, está a muy poco de quedar en nada. Será apenas una muestra de cómo se le pone precio a la justicia y persisten los privilegios.
Una década no es suficiente ni siquiera para un recambio generacional. Los mismos oficiales que hace 10 años propusieron "cortar todos los servicios a la ciudad de El Alto”, para asfixiar la rebelión son algunos de los que participaron en la retoma de Pando en septiembre de 2008. Los documentos con las pruebas se conocieron hace unos años. Están en los legajos que se ventilaron, en el juicio de responsabilidades por lo sucedido en la "guerra del gas”. Se volvieron públicos después de que se peleó duramente por el levantamiento del secreto militar de los hechos de octubre. Algunos de los que aterrizaron en el aeropuerto Anibal Arab, hace cinco años, para detener a Leopoldo Fernández participaron en la (fallida) planificación de la destrucción de las antenas de radio de la urbe alteña por orden del Gobierno gonista.
La victoria popular de la "guerra del gas” y la "masacre de Porvenir” pueden estar en las antípodas de la historia, pero los protagonistas de uniforme fueron casi los mismos. La primera vez alineados tras la maquinaria de represión de Sánchez de Lozada, la segunda en transición hacia nuestro Estado Plurinacional. A ellos, parece, les da lo mismo. Sea "Orden, paz y trabajo” o "Patria o Muerte”. Siguen igual.

Boris Miranda es periodista.

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