El oro sin brillo

Juan Antonio Morales
martes, 22 de octubre de 2013 · 21:31
Llama la atención de los mercados financieros internacionales la espectacular caída del precio del oro en los últimos tiempos. Su precio ha pasado de un máximo de $us 1.772 por onza troy en septiembre del 2011 a $us 1.315 a mediados de octubre de este año. En algunos días de este mes ha estado por debajo de $us 1.300. Es también notable la alta volatilidad del precio del oro, con subidas y bajadas de gran amplitud y más frecuentes que lo que sería normal.
Tanto la caída como la volatilidad del precio del oro invitan a una reflexión sobre el papel de ese metal y, más interesantemente, sobre las monedas nacionales respaldadas por commodities, así como sobre el sistema de tipos de cambio fijo entre pares de países que se desprende de este respaldo. Esta discusión alcanzó su máxima intensidad entre la primera y la segunda guerra mundial en el siglo pasado. Con los acuerdos de Bretton Woods, que dieron lugar a la creación del Fondo Monetario Internacional, en 1944, los países signatarios abandonaron el patrón oro (es decir la referencia al oro) para la determinación de sus paridades cambiarias. Los tipos de cambio según Bretton Woods se fijarían con relación al dólar americano, el único que era convertible a  oro.
La convertibilidad al oro del dólar americano para transacciones internacionales fue abandonada en 1971. Lo fue por buenas razones: la oferta mundial de oro era demasiado pequeña como para financiar los pagos emergentes de un comercio internacional creciente y constituía una camisa de fuerza. Además, la oferta estaba sujeta a los caprichos de los productores y comercializadores del metal. Ya durante la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado, los Estados Unidos (y otros países)  habían abandonado la convertibilidad al oro para las transacciones internas, pero la habían guardado para las transacciones internacionales. Con la supresión de la  convertibilidad interna, el público ya no podía ir a su banco a que le cambiaran sus billetes por oro. Podía, sin duda, comprar oro, pero en mercados especializados y ya no en los bancos.
La no convertibilidad de las monedas más importantes del mundo al oro le quitó sus funciones monetarias. Ya no es más medio de pago (no se puede pagar la cuenta del supermercado ni una importación con  oro) y tampoco es unidad de cuenta (los precios no se cotizan en gramos de oro). La única función que le ha quedado es la de reserva de valor, pero hay otros activos que cumplen igual o mejor esa propiedad.
Contrariamente a la opinión generalizada, el oro es un metal que casi no tiene valor intrínseco: solamente un 10% de la producción tiene utilizaciones industriales, 40% es para joyería y 50% como activo financiero. La utilización en joyería responde a patrones culturales y es más bien de carácter simbólico. Un 50% de la producción mundial del oro es para fines financieros: lo compran los bancos centrales y, sobre todo, los especuladores, ya sea para hacer una ganancia o para protegerse. En esas utilizaciones el oro no es muy diferente del papel moneda.
El oro es  una más de las reservas internacionales pero no el único ni el más importante activo. En los bancos centrales sirve sobre todo para fines de diversificación. Casi como una excepción,  Alemania por razones históricas le sigue dando mucha importancia. Los economistas más conservadores también lo hacen.
En los últimos tiempos, algunos pocos países, apostando al fin del dólar como moneda de reserva y al fin del imperialismo, han estado aumentando sus tenencias de oro. Lamentablemente han apostado mal y han sufrido grandes pérdidas. El caso más notable es el de Venezuela, que ha perdido, ahora que los necesita tanto, más de 2.000 millones de dólares de reservas internacionales por  la caída del precio.
Nuestro Banco Central ¿estará imitando al de Venezuela al haber adquirido 14 toneladas de oro, que se han sumado a las 28,3 toneladas que ya tenía antes,  los años 2010 y 2011?
   

Juan Antonio Morales es profesor de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.

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