La “otra” lucha contra la violencia

Editorial
viernes, 25 de octubre de 2013 · 20:47
La violencia que aflige a las principales ciudades del país hace pensar que la batalla contra la delincuencia se está perdiendo. Y es que los esfuerzos que hace el Estado para combatirla o, al menos, controlarla son poco efectivos e insuficientes porque, sin dejar de lado otros factores, tanto la Policía como el sistema judicial son ineficientes y corruptos y, por tanto, son parte del problema y no de la solución.
El Gobierno ha comprometido -como los anteriores- una lucha frontal al crimen organizado. Además de anunciar la incorporación de más efectivos -hasta del Ejército- en esta lucha,  cuenta con equipamiento y lo más moderno en tecnologías de la comunicación e información. ¿Es éste el camino correcto?
Desde hace varias décadas, filósofos y educadores como el norteamericano Neil Postman y, actualmente, el colombiano Bernardo Toro han señalado a la escuela como un factor esencial e insustituible en la construcción y preservación de una sociedad sana e incluyente. La escuela, como la familia, crea valores y, fundamentalmente, vínculos entre las personas. Y a mayor cantidad de vínculos, mayor regulación y autorregulación. El pertenecer a una familia y/o una asociación le otorga al individuo un lugar en el mundo, un sentido de pertenencia.
Hace más de 150 años, un pensador francés, Alexis de Tocqueville, dijo que "la ciencia madre en los países democráticos es la asociación, el progreso de todo lo demás depende de ella”. Quizá por ello es que EEUU logró, en un par de centurias, el desarrollo que a los europeos les demandó dos milenios. Y es que el ciudadano norteamericano, por lo general, pertenece a varias asociaciones y clubes. En otras palabras, son las sociedades organizadas las que progresan. Claro está que estas organizaciones son las que promueven las transacciones ganar-ganar y no las que se dedican al corporativismo o a la extorsión y que trabajan en la dinámica ganar-perder.  

Habría que sugerir a las autoridades, especialmente a los ministerios de Educación y Gobierno, que reformulen sus políticas de seguridad ciudadana y destinen los millones de bolivianos que gastan en programas de seguridad al fortalecimiento de las escuelas y a elevar la calidad de la enseñanza. Promover la creación de clubes de estudiantes para estimular la lectura, el arte y el deporte, entre otras actividades, y construir comedores y bibliotecas de calidad en escuelas y barrios. Es decir, trabajar pensando en el ser humano, en cómo se pueden construir ciudades más inclusivas y sustentables creando vínculos y promoviendo que los jóvenes ocupen su tiempo en cosas productivas.

La escuela, como la familia, crea valores y, fundamentalmente, vínculos entre las personas. Y a mayor cantidad de vínculos, mayor regulación y autorregulación.

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