Bajo la sombra del olivo

Las calles de La Paz bajo bombardeo

Ilya Fortún
miércoles, 2 de octubre de 2013 · 20:29
Como les debe estar pasando a muchos de ustedes, el último mes he sufrido en carne propia la instalación del gas domiciliario en mi cuadra. Digo esto en tono de quejumbroso porque no estoy dispuesto a sumarme al coro de voces que se han resignado heroicamente a los perjuicios de un trabajo mal hecho, apelando al razonamiento de que como se trata de una obra que nos va a beneficiar, debemos sufrirla calladitos, y además dar las gracias.
No, señor. Los trabajos de instalación de la red de gas domiciliario están siendo ejecutados de una manera tremendamente desconsiderada con los vecinos, y es nuestro derecho y obligación denunciarlo y exigir una mejor planificación y mayor eficiencia, por muy beneficiosa que la obra sea.
En el caso particular mío, la calle en la que vivo lleva prácticamente cerrada más de cinco semanas; la calle es angosta y pese a las reiteradas súplicas de los vecinos a los flemáticos supervisores para que se procediera a la instalación en una vereda, y una vez concluidos los trabajos recién se comenzara con la vereda opuesta, le metieron nomás a las dos veredas simultáneamente. El resultado, la calle bloqueada durante semanas, los autos de la gente encerrados en los garajes o parqueados dos cuadras más allá a expensas de los choros, sin mencionar que por el lugar no pueden circular ni la góndola del colegio, ni el carro basurero, ni el camión de gas ni el repartidor de periódicos, etcétera.
Así como hay días en los que llegan 20 personas a trabajar, al día siguiente aparecen dos, y después durante dos o tres días no viene nadie. El recojo de escombros al parecer está a cargo de otra empresa, para la que los tiempos y la coordinación valen lo que vale un pepino. En suma, un desastre integral en el que nadie asume responsabilidades, y en el que la culpa siempre es de otro.
Lo que más me preocupa en este tipo de escenarios, al margen de las molestias cotidianas que los vecinos sufrimos, es esa idea que silenciosamente se instala en la mente de la gente, y que nos dice que es normal que los trabajos realizados por una empresa estatal sean una porquería mal hecha. Así es como se va cultivando nuevamente el germen de la privatización de los recursos naturales y de los servicios públicos; eso me parece gravísimo y es por ello que alzo el tono de mi protesta.
Entiendo que en el tema de las instalaciones de gas están involucrados Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, empresas privadas contratadas por la estatal petrolera para ese cometido en particular, y la Alcaldía municipal, que debe supervisar que las obras se realicen de acuerdo a ciertas normas ediles.
Piensa mal y acertarás, me decía mi papá apelando al adagio popular. Y digo, ¿no será que estamos otra vez en medio de una nueva guerrita entre el Gobierno y el alcalde Revilla? ¿No será que a Yacimientos le importa un bledo la calidad del trabajo de sus contratistas? ¿No será que lo que se quiere es fatigar un poco más a los vecinos, comerciantes y empresarios de esta sufrida ciudad, con la idea de que se crea que todo es responsabilidad de la Alcaldía?
Si algo de esto hay detrás de la desidia y la ineficiencia de los contratistas de YPFB, nos toca como vecinos colaborar con la municipalidad para que puedan controlar y fiscalizar a estas empresas para que realicen un mejor trabajo y, cuando corresponda, aplicar multas y sanciones. Lo que no podemos hacer es dar las gracias por un trabajo mal hecho, que además perjudica enormemente una serie de actividades productivas.

    Ilya Fortún es comunicador social.

  Piensa mal y  acertarás. Y digo, ¿no será que estamos otra vez en medio de una nueva guerrita entre el Gobierno y el alcalde Revilla?

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