Continuidades y rupturas

Octubre y la democracia

María Teresa Zegada
miércoles, 02 de octubre de 2013 · 20:30
Una foto, que casualmente llegó a mis manos hace unos días, tomada minutos antes del asalto a la COB  en el golpe del 17 de julio de 1980, escenifica un momento de gran incertidumbre, de los que abundaron en la historia política del país, y a los que por supuesto no quisiéramos volver nunca más. En ella están  sentados frente a las cámaras, varios  dirigentes políticos y sociales  importantes del país, dando  una conferencia de prensa, la última para muchos de ellos. Minutos más tarde, paramilitares armados que llegaron camuflados en ambulancias, descargaron ráfagas de ametralladora segando la vida de personalidades como Marcelo Quiroga Santa Cruz  y Carlos Flores.
Esta  fotografía de la realidad  le otorgó un sentido invalorable a octubre de 1982; es decir, al momento de recuperación de la libertad y  la democracia. Fue también el inicio de una era de grandes esperanzas para una sociedad que había demostrado históricamente su compromiso colectivo y la participación directa con su propio destino; como decía Zavaleta, la sociedad ha sido -y podríamos decir es- más grande que el Estado que la quiere contener.
Otro octubre, 20 años más tarde, esta misma democracia se encontraba  en crisis,  con una sociedad movilizada que pedía no sólo el cambio de unos gobernantes por otros, sino cambios fundamentales en el sistema. Más allá de los grandes  avances que se produjeron  tanto en el afianzamiento de la institucionalidad –que sufrió varios procesos de reforma-, así como  en la construcción de nuevos movimientos sociales -como el movimiento indígena, los movimientos de mujeres y su participación cada vez más amplia en el escenario político electoral- el paso de los partidos por el poder tuvo un  desempeño  ineficiente e ineficaz, poco receptivo a las demandas de la sociedad y centrado en los acuerdos interpartidarios para gobernar, lo que provocó un cuestionamiento cada vez mayor de la sociedad y sus actores, reflejado en todas  las encuestas de opinión, los desplazamientos en el comportamiento electoral  en 2002 y las movilizaciones sociales desde  el año  2000, que culminaron con la expulsión de Sánchez de Lozada del poder y la instalación de la denominada agenda de  los movimientos sociales.
Este proceso de crisis dio lugar a la sustitución de las élites en el poder y trajo consigo la reconfiguración de la trama institucional mediante la convocatoria y realización de una Asamblea Constituyente que enunciaba dos cambios significativos consagrados en la nueva Constitución: el Estado Plurinacional y la autonomía, junto  a ellos la ampliación de los formatos democráticos incorporando la democracia comunitaria y otros  mecanismos como la revocatoria de mandato, la consulta previa, así como las asambleas y los cabildos con carácter deliberativo.
Octubre nuevamente, diez años después encuentra al país ante el desafío de aplicar la nueva Constitución, es decir, hacer efectiva la ampliación y profundización de la democracia y las reformas propuestas por la sociedad para una democracia que se recuperó en 1982 y se cuestionó en 2003.
 

 María Teresa Zegada es socióloga.

Otro octubre,  20 años más tarde, esta misma democracia se encontraba  en crisis,  con una sociedad movilizada que pedía cambios.

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