Pluri-multi

Jugar con fuego

Carlos Toranzo Roca
martes, 29 de octubre de 2013 · 20:57
Alguna prensa internacional expresa que Bolivia podría volverse un próximo Afganistán, quizás eso sea exagerado, pero ya es un indicio de lo que sucede en nuestro país.
 Los asesinatos en Apolo son una llamada de atención, parecen ser un parteaguas en el tema coca-cocaína, pero ese suceso no es una aguja en un pajar, sino que es la continuidad de muchos fenómenos a los cuales el Gobierno no quiere atender y mirar; y no lo quiere hacer simplemente porque el MAS y el propio Gobierno representan a los cocaleros, éstos son su bastión y su base de poder ¿Es que acaso Evo Morales no fue cocalero y no sigue siendo el presidente de las federaciones del trópico cochabambino?
El Presidente y su Gobierno representa la coca, pero el problema es que la coca no es una hoja sagrada, sino que el 95% de ella es el insumo clave para la producción de cocaína y, por ende, para el establecimiento y desarrollo del crimen organizado en Bolivia. ¿Esto es nuevo en el país? No lo es, pero ahora es mucho más fuerte que en el pasado debido a la permisividad del Gobierno en el campo de las plantaciones de hoja de coca.
Hace muchos años que se espera el estudio de la demanda de hoja de coca para el acullico, la  Unión Europea, el financiador del estudio, está varios  años pidiendo el informe, pero no se publica. Pero, ya se han filtrado datos que indican que se precisarían solamente 6.000 hectáreas pare ese fin, pero la realidad dice que hay más de 30.000 hectáreas sembradas. La ley actual acepta 12.000 hectáreas, pero algunos dirigentes del MAS, con un cinismo propio de gente mezclada con el negocio que es vecino de ilícito, postulan que el número de hectáreas para el acullico debe ser definido en las asambleas de los cocaleros, es decir, entre ésos que proporcionan el 95% de su producto al narcotráfico. Esta es la realidad del país.
Hace años se asesinaron policías en el Chapare, ¿se juzgaron a los culpables? No, los sindicatos cocaleros se encargaron de que nada suceda en contra de los culpables, es más, mientras más agresivos son los defensores de esas violaciones de la ley, más suben en el sindicato y eso implica que esos actos se convierten en un capital para acceder a puestos privilegiados en el partido del Gobierno. ¿Hay ley en el Chapare? No plenamente, el Chapare parece ser un territorio sin presencia del Estado, pues son los sindicatos quienes han sustituido al Estado, ahí  no opera la Policía, ni el Ministerio de Educación, ni el de Salud, quienes lo deciden todo son los cocaleros, sus sindicatos, sus líderes deciden quién  produce y quién no.
Es decir que el poder de ese territorio está en manos de quienes entregan el 95% de producción al narcotráfico. Ésa es la realidad. ¿Margarita Terán no era una alta dirigenta cocalera, muy cercana al propio Evo Morales? ¿No fue hallada ella con sus familiares con muchos kilos de cocaína? ¿Fue juzgada? No, desapareció amparada por el poder. ¿Y el sacerdote aymara que ungió al presidente Morales no fue hallado con cocaína? ¿Fue juzgado? ¿Y, por otro lado, el general  Sanabria, jefe policial de la lucha contra el  narcotráfico no fue hallado mercadeando cocaína?
  ¿Nos olvidamos que ya van dos pueblos enteros que se dedicaban íntegramente al negocio de la cocaína? ¿Se puede dejar de lado que hay centenares de factorías pequeñas de producción de cocaína en El Alto de La Paz, ahí donde el Estado casi no tiene presencia? ¿Es que acaso cada mes no se hallan grandes factorías de producción de cocaína en el oriente del país, con presencia de peruanos y colombianos? ¿Hemos olvidado que cada mes hay muertes por ajustes de cuentas del narcotráfico en la propia Santa Cruz?
¿Se puede hallar naranjas, mandarinas, toronjas en los Yungas paceños? No, todo ha sido eliminado por la producción de coca, en ese lugar lo único que impera es la coca y la coca, y como todos sabemos el gran incremento de la producción de la coca se dirige al narcotráfico. ¿Ah y las incautaciones se incineran, no, para nada, sus responsables la vuelven a vender y, claro está, que una buena parte de lo incautado va al narcotráfico.
Ya no tenemos síntomas, sino grandes evidencias de que estamos invadidos por el narcotráfico, pero el Gobierno con su permisividad con la coca está jugando con fuego y nos pone a los bolivianos en la orilla de un peligro del cual es difícil de salir.

Carlos Toranzo es economista.

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