Menudencias

El Afganistán de Sudamérica

Juan León Cornejo
miércoles, 30 de octubre de 2013 · 21:05
Menudo lío armó la difusión en el país de una nota de la periodista norteamericana Mary Anastasia O’Grady titulada "¿Será Bolivia el próximo Afganistán?”, recién publicada en The Wall Street Journal. La interrogante que propone O’Grady, con base en una serie de hechos de nuestra historia reciente es, sin duda, de alto impacto político.
Por encima de lo acertada que pueda o no ser su hipótesis, la nota refleja una de las facetas más claras de la imagen que proyecta el Gobierno en el exterior. No en vano el diario del cual O’Grady es editorialista es uno de los medios más influyentes, no sólo en Estados Unidos.
   Se puede estar o no de acuerdo con lo que dice la periodista norteamericana, pero es indudable que su planteamiento tiene una lógica política contundente. Sería ilógico si un artículo de esa naturaleza, en ese medio, expresara admiración o al menos coincidencia y tolerancia con el actual Gobierno boliviano. El presidente de ese Gobierno critica a voz en cuello, dentro y fuera del país, al de los norteamericanos. Con el mismo énfasis, no sólo al actual, culpa "al imperio” de todos los males presentes y pasados. De esa manera, dichos y hechos presidenciales marcaron desde un principio un fervoroso alineamiento anti-Estados Unidos. A estas alturas y aunque no pese mucho en el contexto mundial,  es nomás un referente regional de la corriente política contraria a Washington.
  Desde esa perspectiva, lo escrito por O’Grady podría muy bien quedar en los archivos  como una más de las tantas notas de opinión periodística crítica que se escriben dentro y fuera del país. Pero el artículo del Wall Street Journal  tiene un condimento particular. Es la primera vez en seis años desde el comienzo de la ofensiva antinorteamericana, anticapitalista, antiimperialista, anticolonizadora, etcétera, que un medio estadounidense de ese peso específico expresa de manera tan contundente cómo se ve  Bolivia en el exterior.  No es poca cosa, porque ese diario sí genera opinión en el mundo político, financiero y económico mundial.
   Esa influencia importa cuando las necesidades económicas relegan a las coincidencias ideológicas. China y Rusia son buen ejemplo. Sus gobiernos actúan en política según las recetas comunistas y socialistas pero, a despecho de lo que decía Marx, manejan la economía con recetas capitalistas. Los productos chinos invaden mercados con precios que hacen imposible competir con ellos. No importa la cantidad de gente que queda sin empleo por el cierre de miles de pequeñas empresas que sucumben ante ese embate, igual que el de la ropa usada norteamericana. Bajo el modelo de socialismo político y economía capitalista marchan también Irán e incluso Cuba, que unifica su moneda. Mientras tanto, algunos gobiernos latinoamericanos,  entre ellos el boliviano, están en el mismo camino -dijo alguien-  pero marchan en sentido contrario. Desde ese punto de vista,  el impacto de lo escrito por O’Grady  tiene impacto directo en la imagen de país, por encima de lo que piense la gente fuera de fronteras sobre la figura del Presidente. Al fin y al cabo, ése es el tema que realmente importa. La Presidencia es nomás transitoria, por mucho que se la pretenda eterna.
   Es en función de ese interés superior que se tendría que actuar frente a lo escrito en el diario norteamericano y en otros tantos medios del exterior que van formando imagen y generando opinión externa negativa. Atacar al mensajero, pretendiendo descalificarlo, sin rebatir el contenido del mensaje, no sirve de nada. Habría, más bien,  que rebatir lo que  afirma el artículo de marras. Demostrar al mundo que es falso que el Gobierno es defensor de los cocaleros. Que no es cierto que buena parte -tal vez la más grande- de la producción de coca alimenta al narcotráfico. Habría que probar que no es cierta o que son totalmente inocentes las relaciones con Irán, que no hay narcotraficantes y extremistas de otros países y que no se está generando una cultura del temor.
   Todo eso sería obviamente más racional y útil que calificar simplemente de "delirante” o fruto de un "fanatismo ultraconservador” lo escrito por O’Grady. Descalificar a la periodista de la manera en que se pretendió hacerlo puede ser útil para el mercado interno cautivo. Pero afuera sólo refuerza la percepción negativa.
   Existen ya antecedentes de que por ese camino la defensa de la imagen externa del Gobierno no va por buen camino. Las agresiones a Cala, durante la entrevista para la CNN en la residencia presidencial, son prueba de los resultados de boomerang. De la misma manera que las amenazas de llevar a juicio a la revista brasileña Veja por decir todo lo que dijo sobre los vínculos de gente del Gobierno con el narcotráfico o la increíble estupidez de enjuiciar a una presentadora de televisión por opinar sobre los malos olores de Oruro, promoviendo su imagen de manera gratuita.

Juan León es periodista.

Confidencial

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