¿Por qué hay algo en vez de nada?

Eugenia Muñoz
jueves, 03 de octubre de 2013 · 21:42
La enorme cantidad y variedad de mitos sobre la Creación que han existido  (y existen) son una prueba del acuciante interés que este tema ha tenido para el ser humano desde el comienzo de  su historia.
   Pero toda esta "preocupación” tiene solamente dos vertientes: una, la que engloba a todas las creencias y religiones (hay más de mil reconocidas y en ejercicio, y todas, desde las más diferentes ofertas, convergen en la idea de que uno o varios dioses son los responsables de la Creación, tanto del mundo como del hombre ), y la otra, la de la ciencia, que sostiene que "la primera causa” tiene que venir desde dentro de la realidad física.
   La teoría de la Creación, como obra de una divinidad, idea que comparten, repetimos, todas las religiones, envuelve necesariamente la aceptación de un tránsito tan ineludible como inasible: el de la transición desde una realidad sin tiempo ni espacio a una realidad que está "dentro” del tiempo y del espacio.
   Para la ciencia, el que se adjudique la Creación a uno o más dioses no tiene otro significado que el de trasladar el problema un paso más atrás  (y  si esto no es una tautología, se le parece mucho), ya que entonces serían "el dios o los dioses” quienes aparecerían desde la NADA.
   Con el fin de facilitar la reflexión, Marcelo Gleiser, el famoso físico-teórico brasileño, propone, creemos que muy atinadamente, sustituir la pregunta "¿por qué estamos aquí?” por la de "¿cómo llegamos hasta aquí?”, y argumenta su proposición recordando que podemos no saber "por qué” dos masas se atraen mutuamente, pero sí sabemos "cómo” lo hacen.
   Siguiendo el razonamiento de Gleiser, descubrimos que la pregunta: "¿cómo llegamos hasta aquí?” lleva implícitas tres cuestiones importantes que tienen que ver con el origen. (1) Implica la existencia de un universo; (2) de un universo capaz de albergar a la vida; y (3) vida que debe ser tan inteligente como para ser capaz de preguntarse por su origen. Es decir, tres fuentes originales: el cosmos, la vida y la mente.
   Todo modelo cosmológico moderno describe al universo como una historia en la que los artefactos materiales van adquiriendo cada vez una mayor complejidad. Entendiendo por "complejo” una estructura que no puede ser reducida a la suma de sus partes.
   (El asunto de fondo es que una estructura compleja tiene propiedades que no se pueden predecir al conocer las propiedades de sus constituyentes individuales. Un ejemplo extremo de esto es "el cerebro”. Su función no podría entenderse si uno lo describiera como "un conjunto de neuronas”… y mucho menos se entendería si fuera descrito como un conjunto de átomos o de partículas elementales).
   Aunque los científicos hacen y rehacen teorías para explicar "la causa primera” del universo, hasta ahora no han podido conseguirlo. Parecería que la ciencia es intrínsecamente incapaz de describir sus propios orígenes… ni el proceso que seleccionó el conjunto de leyes físicas que  gobiernan nuestro universo con tanta eficiencia. Pero la lógica indicaría que  los que piensan que ese conjunto de leyes físicas es una propiedad "emergente” del cosmos que va unida a la "emergencia” del cosmos mismo, son los que tienen la razón… ya que TODO parecería llevar el mismo "ritmo”. Desde que una partícula, determinada al azar, y absolutamente tonta, estalló en un Big-Bang dando comienzo a nuestra historia, podemos observar cómo todo nuestro mundo tiende (se podría decir que obsesivamente) hacia conseguir cada vez una mayor y mayor complejidad… baste el ejemplo ya mencionado del cerebro humano. Entonces, la emergencia de ese orden cósmico que nos produce tantas interrogantes podría ser el resultado de una optimización de un proceso que partió de la evolución de mínimas estructuras materiales complejas y está siendo el  resultado de experimentaciones, al azar, entre formas y funcionalidades, ya que las leyes que usamos para describir la naturaleza son, indudablemente, una consecuencia de esta optimización del proceso, y no su causa.
Se puede razonar y elucubrar hasta el infinito, pero siempre estarán candentes las palabras que continúan la cita de Gleiser del comienzo de esta nota: "¿cómo puede ser que tan simples estructuras hayan podido conjugarse colectivamente para generar un organismo vivo? … y más dramáticamente aún… ¿un "ser pensante”?
 
Eugenia Muñoz
es curiosa profesional.

Confidencial

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