Cartuchos de harina

Quizás ya no somos comunistas

Gonzalo Mendieta Romero
viernes, 4 de octubre de 2013 · 20:46
En 1985, el MNR debía convencer a los nacionalistas de que era fielmente revolucionario desarmar el Estado del 52 e invocar, en su reemplazo, al demonio de la inversión privada. Era problemático hacerlo citando a Montenegro, claro. Tampoco la novela Metal del Diablo se prestaba para idealizar al capitalismo; menos si su protagonista, el millonario Zenón Omonte (Simón Patiño), zumba de placer como abejorro frente a su asalariada, dócil y esbelta secretaria.
Una opción del MNR del 85 era la franqueza: alegar que la necesidad tiene cara de hereje, que no era tiempo de próceres sino de contadores, que sus viejas ideas les sonaban inútiles. Como políticos trajinados, los movis no iban a admitir eso. Más bien, exhibieron gestos heroicos y cara de cataclismo, salidos del ajuar de los revolucionarios, auténticos o simulados.
En 1985, Guillermo Bedregal era el más leído de los movimientistas al mando del estado de calamidad pública. Él repetía con astucia que lo que Víctor Paz hacía el 85 era como la NEP del Lenin de 1921, urgido de dinero privado. El silogismo altoperuano del MNR de ese tiempo era fácil: "Lenin era revolucionario. Lenin dejó que actúe el mercado y que los campesinos ricos lucren para estabilizar Rusia. Luego, si Paz obra como Lenin, también es revolucionario”.
Es que la política tiene que ver con las tradiciones de las que uno se reclama heredero. Ellas son capital contante y sonante, útil para persuadir al pueblo. Los movis tenían, pues, un pasado que defender contra un presente que lo desmentía.
El MAS está en un trance parecido, bedregaliano, por ponerle un apellido. Sin embargo, a diferencia del MNR de 1985, no es el desastre nacional el que justifica que el MAS raje al abrazo del leninismo. Es su éxito político.
Fue el Vice el primero en desenterrar sus tomos del Lenin de la NEP. No es casual que sea el intelectual del MAS por excelencia quien emprenda la exégesis de las movidas del masismo de hoy. Por su parte, otro intelectual oficial, Wálter Chávez, sostiene en su reciente columna: "…la entrada de Evo Morales a la feria, es un paso más de la Revolución, en ese largo camino hacia la conquista de la hegemonía, como la llamó Gramsci”. Evo en Santa Cruz, nos dice, cumple un designio revolucionario.
Tanto el Vice como Chávez -competentes letrados- temen las explicaciones más pedestres porque los alejan de su autoimagen autorizada, estudiada. Con menos libros en su haber, en cambio, el presidente Morales no anda nada ocupado en la coherencia discursiva. Su afán es mantener el éxito, como se pueda.  
Al acudir al Lenin de la NEP hay, empero, una confesión de que las acciones políticas del MAS no encajan bien con su prédica. Se desempolva a Lenin y se cita a Gramsci porque la leyenda revolucionaria queda más regia, luce íntegra.
Pero no haría falta visitar el Palacio de Invierno o la cárcel de Turi para explicar las proezas del MAS. El peronismo cobijó a figuras poco afectas a la revolución, como el "brujo” López Rega o Menem. Carlos Andrés Pérez estatizó el petróleo en Venezuela, para acabar promoviendo un inviable ajuste económico. En esa tradición, muchos se han conducido sin mayor rigor ideológico por donde creían que les rendía políticamente en cada momento, intentando abonar su faceta popular hasta donde alcanzara. Esos personajes carecen del pedigrí de Lenin o Gramsci, pero son ejemplos más naturales.
Como el MNR de 1985, el oficialismo tiene la opción de la sinceridad. Podría argüir que es una técnica rentable jugar entre la izquierda, el nacionalismo y el empirismo de hacer todo lo que aproveche, aunque no sea elegante.
No obstante, si llamarle pan al pan es odioso y no es políticamente favorable, el masismo puede insistir con sus adornos literarios. Lenin en 1920 decía que "el comunismo es poder soviético más electrificación de todo el país”. Bastaría, entonces, con rebautizar como "Soviet” a la joven Asamblea Plurinacional y ver el porcentaje de poblaciones que ya tienen electricidad. Quizás ya somos 85% comunistas.

Gonzalo Mendieta Romero
es abogado.

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