Raíces y antenas

Los desafíos de la inversión en capital humano

Gonzalo Chávez A.
sábado, 05 de octubre de 2013 · 18:50
En la semana que termina, Página Siete ha informado que Bolivia ocupa el puesto 99 de 122,  en el ranking de capital humano elaborado por el Foro Económico Mundial. El indicador busca medir la capacidad para desarrollar y desplegar a trabajadores sanos, instruidos y capaces a través de cuatro pilares: educación; salud y bienestar; trabajadores y empleo; y, finalmente, entorno facilitador. En concreto, el país obtiene una calificación en salud y bienestar que lo ubica en el puesto 113; en trabajadores y empleo tiene el puesto 69; en gestión de entorno está en la posición 97 y en educación en el lugar 86.  Éste es un diagnóstico muy duro, pero es antiguo; revela que se ha hecho muy poco en esta materia, a pesar de que en los últimos años existen recursos económicos en el país. El bonanza financiera, tan alardeada por el actual Gobierno, no se ha traducido en mejoras substanciales del capital humano.
Cabe recordar que el capital humano es el nexo entre lo económico y social en un país. La inversión destinada a éste tiene un doble objetivo: aumentar la productividad de la economía y al mismo tiempo, mejorar la calidad de vida de grupos sociales afectados por la falta de ingresos.
El déficit del capital humano es uno de los desafíos de los modelos de desarrollo. A continuación algunas precisiones técnicas al respecto.
Un mayor nivel educativo y, por lo tanto, mejores recursos humanos pueden permitir que la fuerza de trabajo mejore sus ingresos, siempre que éste sea funcional a las necesidades del aparato productivo. Esto significa reconocer que el crecimiento económico está determinado por la acumulación del conocimiento factible de ser usado en la producción. Que nuestros niños y jóvenes tengan mejores niveles de salud y educación son objetivos incuestionables, pero no son suficientes para alcanzar saltos en la productividad.  Por otra parte, se pueden dar casos en que inversiones en educación lleven más bien a la concentración del ingreso.
El problema de equidad en una sociedad está asociada al concepto de distribución personal del ingreso. Los desafíos del crecimiento están mayormente relacionados con la distribución funcional o sectorial del ingreso. Ambos conceptos analíticamente pueden ser complementarios, pero cuando se considera la perspectiva de lograr al mismo tiempo crecimiento económico con equidad centrado en el capital humano, la lectura difiere. Una cosa es mejorar los ingresos de trabajo mejorando la educación -lo que no necesariamente significa mejor desempeño del factor trabajo- y otra distinta, invertir en la remuneración de algunos factores productivos (capital humano) en los diferentes sectores de la economía con el fin incrementar o aprovechar mejor el progreso tecnológico (agricultura e industria, por ejemplo). En el primer caso, afectamos la variable consumo y, en el segundo, la función de producción.
Las teorías del crecimiento endógeno sostienen que la inversión en educación incentiva el progreso tecnológico, lo que a su vez se traduce en rendimientos de escala crecientes del producto interno bruto (PIB). En otras palabras, el PIB crecerá más rápidamente que el crecimiento del capital y la  fuerza de trabajo.
 El progreso técnico resultado de un sistema educativo que acumula conocimientos es un insumo de una función de producción que se combina con los otros dos factores, que son el trabajo y el capital. De la combinación de las tres variables resulta el aumento de la productividad. Entonces, cuando se piensa en inversiones en capital humano destinadas a aumentar el crecimiento y mejorar la distribución del ingreso se debe considerar, en primer lugar, la función de producción y también el retorno de la inversión en educación y el tiempo de incorporación al aparato productivo de los nuevos recursos humanos capacitados. 
Los pobres resultados sobre capital humano de Bolivia según el Foro Económico Mundial debe ser una oportunidad para dar un golpe de timón en el tema.  El logro simultáneo de crecimiento económico con equidad basado en la inversión en capital humano requiere una política pública sintonizada con un patrón de crecimiento de largo plazo. Esto significa que política social, con énfasis en educación, es parte de la política de desarrollo, entendida ésta como un marco de referencia que contenga señales económicas, institucionales y políticas destinadas a buscar la complementariedad entre sector público y privado.

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