El poeta de los niños

Iván Camarlinghi
domingo, 6 de octubre de 2013 · 19:43

  Este 5 de octubre se cumple un mes de la desaparición física de José Camarlinghi Rosas, poeta de niños, escritor dedicado y "Mentor y difusor del libro boliviano”, título que le fue otorgado por la Universidad Mayor de San Simón de la ciudad de Cochabamba, en solemne sesión en diciembre de 1979, por el entonces rector,   Jorge Trigo Andia.
Su ausencia se ha empezado a notar en un país que no se destaca precisamente por tener muchos lectores, una cantidad menor de escritores y pocas editoriales, debido a que varias de ellas se cerraron en los últimos años al influjo del gran desarrollo de la tecnología, el internet y el gran auge de las tecnologías de la información y la comunicación (TICS). Las cosas estuvieron mejores en los ya lejanos años 70 y 80, con el aporte de personas dedicadas a la promoción de la lectura y la cultura, como Antonio Paredes, Óscar Rivera, Peter Lewy, Pepe Ballón y José Camarlinghi, entre otros.
Su aporte a la literatura nacional incluye la novela  Cara sucia, con más de 400 mil ejemplares vendidos al ser incluida en la Reforma Educativa como texto complementario e indispensable de la currícula escolar desde 1994, con una cantidad impresionante de reediciones y ejemplares editados. Aun ahora se puede encontrar  Cara sucia  en los puestos de libros de El Prado, la Mariscal Santa Cruz y El Prado de La Paz y otras ciudades de Bolivia, así como vía internet por medio de pagos electrónicos, con un alcance no sólo nacional, sino quizás  mundial.
Además publicó el cuento para niños  Cuando yo era trencito (1979), que editó en versión bilingüe la Universidad de Pittsburg, EEUU, gracias al apoyo y dirección de Ricardo Pastor Pope, así como los poemarios Búcaro de Amor y La Musa Vesánica, también decenas de poemas publicados en diarios nacionales y extranjeros, y su bibliografía inédita que incluye poesías, cuentos y la novela biográfica dedicada al Tcnl. Rafael Pabón, héroe nacional que combatió en la Guerra del Chaco (1932-35).
Su aporte a la difusión de la literatura nacional  no fue menos valioso al ser pionero en esta actividad mediante la Colección Popular, que editó más de 100 títulos, que incluían novelas, ensayos literarios, antologías poéticas, antologías de cuentos mineros, del oriente boliviano y otros, así como las primeras ediciones y reediciones de noveles y consagrados literatos nacionales  como  Julio Díaz Arguedas, René Pope, Mariano Baptista, Antonio Paredes, Luis Fuentes, Adolfo Cáceres, Alberto Ostria, Vicente Pazos Kanqui, Édgar Oblitas, Adela Zamudio, Bartolomé Mitre, por mencionar algunos con el riesgo de omitir a decenas de ellos, sin olvidar a José Antonio Arze, Juan Siles Guevara y Alfonso Medrano.
La crisis del 80, las dictaduras y la ausencia de interés de las autoridades en promover la lectura  fueron los paredones de fusilamiento de la Colección Popular, y la inédita iniciativa murió de inanición en medio de una lluvia de incultura, ignorancia y bancos que se negaban a financiar una pesada deuda impagable para los promotores de la cultura.
José Camarlinghi dejó un importante legado literario y cultural a todas las generaciones de jóvenes y niños que serán y son los dueños del futuro de nuestro amado país; es mi esperanza que el legado  que  mi padre dejó sea retomado por una juventud sedienta de encontrar los caminos, hoy cerrados, para tener cultura, democracia, libertad, amor, paz social y tolerancia, que son los únicos caminos seguros para la convivencia civilizada entre todos los bolivianos.
Al margen que sea la persona extraordinaria que me dio vida y que fue la más importante para mí, don Pepito, como cariñosamente le decían todos los que lo quisieron en vida, pasó a mejor existencia,  ya no tiene que soportar los dolores de esta vida mundana: goza ya eternamente de la paz que siempre proclamó.
Estoy seguro que mi padre está ahora sentado al lado del Altísimo porque profesaba un gran amor a los niños bolivianos y a los niños de todo del mundo, ello porque el reino de los niños es el reino de Dios. Dejemos que los niños vayan tras  Cara sucia y el Trencito, como un justo homenaje a su memoria. Paz en su tumba y consuelo a los que quedamos atónitos y tristes por su partida, que significa una gran pérdida para la república y para todas las personas que compartieron con sus ideas y su forma de hacer cultura, su forma de vida y su filosofía política e ideológica, pero fundamentalmente  humana.

 Iván Camarlinghi es periodista y diplomático.

 

 


   

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