Desembotellar La Paz

Hugo Siles Espada
martes, 08 de octubre de 2013 · 20:57
¿Imaginó una ciudad de La Paz con menor embotellamiento vehicular? ¿Soñó,  con los pies en latierra,  que es posible reducir el tiempo de traslado en motorizado entre su casa y su trabajo?  Allá  va un sueño-propuesta para los paceños que el mundo del abracadabra de la economía puede hacer realidad: desembotellar La Paz.   
Los brujos de la escuela clásica  dirán a flor de labios que la "ciudad embotellada”, que es hoy La Paz, es un problema de solución integral y estructural y  no es sólo un problema aislado chukuta, sino valluno, camba y de otras grandes urbes.  Empero, los mortales de a pie también dirán que saben de pócimas urbanas.
Al mediodía de ayer, bajo el voraz sol de las alturas, conversé con un varita verde que, cansado de pitar su silbato, se aproximó a un conductor, con luces rojas de stop en su vehículo,  estacionado en la vereda del Monje Campero. Le dijo: "muévase pues… está prohibido estacionar”.  De acuerdo con disposiciones públicas de Tránsito y Urbanidad está prohibido estacionar vehículos en avenidas y calles céntricas de La Paz. Incluso existen disposiciones de Tránsito para "remolcar” a motorizados que incumplan con el prohibido estacionar.
"¿Y por qué no le coloca una trampa?”, dijo un peatón al varita. La respuesta se la llevó el aire.
Entonces, entré en sueño en plena calzada. El sueño consistía  en implementar una empresa que coloque trampas (grapas) a los vehículos que infrinjan la disposición de "prohibido estacionar”.
Esta noble empresa paceña sería una compañía privada que opere bajo la figura de concesión de servicios otorgada por Tránsito para sancionar con "trampas” –no me agrada la palabra- a infractores del prohibido estacionar.  
La empresa privada pagaría a Tránsito –o a la entidad pública que corresponda- un canon por la concesión del servicio de sanción con trampas o compartir mutuamente las utilidades que genere la noble operación de engrapado vehicular.  
Realizando algunos menjunjes financieros,  en probetas que se llaman flujos de caja, encontré  que  colocando mil trampas por día  a un costo para el infractor de 50 bolivianos por "destrampar” el vehículo  se tiene un Valor Actual Neto (VAN) de   7,1 millones de bolivianos en sólo un año, esto es, más de un millón de dólares.   
VAN de 7,1 millones de bolivianos significa,  en economía de bolsillo, que la Empresa Privada y el Tránsito ganan esta suma en un año,  después de haber recuperado la inversión inicial y pagado  los gastos de compra de grapas, pagar a los bancos por el cobro del servicio de desengrapado, pagar a los funcionarios-vehículos  engrapadores, cubrir  otros gastos y después de haberle exigido al proyecto una tasa de descuento de 10% anual.  
Sometí a pruebas ácidas al flujo de caja del modelo de negocio de trampas y  encontré que su resistencia es a prueba de fuego y agua. En el modelo de flujo de caja se consideró que el mes uno se tiene un nivel de infractores equivalente a 100%  y el mismo va reduciéndose cada mes hasta llegar a un nivel estable de 33% de infractores.
Se consideró que la curva de aprendizaje de los infractores irá en aumento y en consecuencia los errores e infracciones disminuirán cada mes, pero siempre nos quedaremos con algunos infractores que "no quieren aprender”.
Realizando procesos de sensibilización e incluso simulación con Crystal Ball, el modelo de negocio de trampas resistió hasta escenarios críticos de mil  grapas día a 100 grapas día.  
El ahorro en tiempos y recursos para familias y empresas  paceñas  por la  ejecución de la propuesta  daría para otros cálculos y mejunjes económicos.
Los recursos que se obtengan de este modelo de solución  al problema vehicular bien podrían destinarse  a campañas de educación peatonal para niños y jóvenes.
El  fuerte chirrido de un "beee…. beee” me hizo despertar... comencé a caminar,  pues hoy caminar es más efectivo que  ir en motorizados en horas pico.
 
Hugo Siles es economista y
comunicador social.

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