Escribir bien

Luis Alberto Trino Lopera
jueves, 31 de octubre de 2013 · 22:21
"Escribir bien significa muchas cosas, no hay una única manera”, así lo indica Daniel Cassany, un reconocido español, investigador de la comunicación escrita.
Partiendo de esta afirmación, me vienen a la mente las muchas veces en que la gente demanda una calificación a su forma de escribir. Lo hacen porque desean saber si escriben correctamente. Y la respuesta no está en la manera de presentar un escrito, sino más bien en el contexto en el cual un individuo expresa sus ideas y pensamientos a través de la palabra escrita. En un chat, a través de las redes sociales o el mismo whatsapp, preguntar "Q haces?” es completamente comprensible. El mensaje se entiende ya que este medio no sólo te da la posibilidad, sino te exige ahorrar letras para una mayor fluidez en la comunicación. En el colegio, en la universidad o dentro del trabajo, lo correcto será "¿Qué haces? Ahora bien, el hecho de que seamos dóciles para contraer palabras o suprimir algunos signos de interrogación, no significa distorsionar el idioma. En tal sentido, un "K aces?” contiene un alto grado de atraso lingüístico o una muestra expresa de rebeldía perversa.
Durante muchos decenios se tuvo la idea de que el escribir correctamente era un privilegio de literatos, periodistas y maestros. El libro fue el escudo con el cual estos personajes defendían esta idea y menospreciaban al resto. Claro, en esos años la tinta y los medios  para difundir ideas, pensamientos y teorías estaban "elitizados”.
Con la expansión de internet y el uso común de casi el 45% de la población mundial de esta herramienta, la escritura recuperó un auge jamás antes visto. Y es que, si bien lo visual y oral cobran una fuerza enorme dentro de la red, fue imposible dejar de lado a las letras. La palabra escrita fortifica el mensaje, por lo tanto se convierte en un requisito sine qua non que el usuario debe lidiar y conocer para servirse de este instrumento. Por tal razón, la escritura deviene un puente que permite llegar a comunicarme a través de internet. Así, todos deben conocer mínimamente las reglas gramaticales, ortográficas y de estilo para hacerse entender.
Con este panorama surgen otros problemas, como los diferentes giros y modificaciones, los regionalismos o las abreviaciones que invaden diferentes lenguas. Aquí es donde entra nuevamente el rol protagónico que siempre han tenido las escuelas y la familia en sí. Ambas instituciones, no obstante, no están siendo capaces de enfrentar la fuerza que tiene internet para "enseñar” a los niños y adolescentes. La generalización de términos en la red, como "k” en lugar de "que”, entorpece un discernimiento entre lo correcto y lo incorrecto; pero ni los padres ni los maestros son conscientes de aquello, puesto que su involucramiento con el internet es bajo o nulo, por lo cual les pierden el control ni bien se enciende un computador.
No se trata de ser un puritano de la lengua que de por sí tiene vida y debe mutar por simple adaptabilidad, sino que se busca evitar un desgaste arbitrario del idioma en procura de mantener una raíz fuerte que promueva una expansión mayor. Los beneficios no son sólo sociales, sino también económicos y culturales.
 

Luis Alberto Trino es comunicador.

Con este   panorama surgen otros problemas, como los diferentes giros y modificaciones, los regionalismos o las abreviaciones.

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