Las condiciones de las cárceles

Editorial
domingo, 10 de noviembre de 2013 · 20:07
La crisis de la justicia tiene muchas caras y una de ellas, una de las más evidentes, es la retardación de justicia y su consecuencia directa, el hacinamiento carcelario. Para resolver ese tema, las decisiones de las autoridades han sido mínimas. Casi nulas. Una elección popular de magistrados, realizada  hace dos años, no ha logrado mejoras reales en ninguno de los aspectos con los que tiene relación la justicia.
El hacinamiento se debe también a la lentitud de la justicia. La población carcelaria del país crece a un ritmo mucho mayor al aumento demográfico. Y como las "detenciones preventivas” son ya rutinarias y parece que casi nadie se defiende en libertad, las cárceles, literalmente, ya no dan abasto. Tanto es así que el Gobierno, considerando la sofocante situación de la cárcel de San Pedro, decidió abrir el penal de Patacamaya, a 100 kilómetros de La Paz, en el altiplano. Esa medida era correcta porque implicaba la primera decisión del Ejecutivo destinada a enfrentar la aglomeración de internos.
Pero si bien la idea era buena, no se previeron adecuadamente las condiciones mínimas que debía tener el nuevo penal. Hoy 161 detenidos están en él, en unas condiciones infrahumanas. Un reportaje de Página Siete demostró que los presos tienen solamente dos baños para hacer sus necesidades y que, por tanto, los inodoros están casi colapsados. Además, los sistemas de alcantarillado son pésimos y ello está afectando las zonas aledañas de la cárcel. Finalmente, la escasez de duchas hace que sea un martirio para los internos poder asearse. En ese clima inhóspito, por otro lado, lo deben hacer en con agua fría.
El Gobierno tiene la ventura de poseer, gracias a los altos precios de las materias primas y a sus propias políticas, uno de los presupuestos más holgados de la historia del país. El  dispendio se ve a cada paso, hasta surgió la idea, parece que abortada, de comprar más aviones para uso del Vicepresidente y ministros, a un costo de varios millones de dólares. ¿No se podría usar una fracción de esos recursos para mejorar las condiciones de los penales? Ya que  no se puede enfrentar el problema de la retardación y corrupción de la justicia, por lo menos se debería hacer el intento de ayudar a las víctimas de esta problemática, los internos. En el caso que nos ocupa, con un presupuesto relativamente bajo, digamos de medio millón de bolivianos, las condiciones del penal de Patacamaya podrían mejorar mucho. Y con 60 millones adicionales (menos de lo que el     Ministerio de Comunicación gasta en publicidad) se podría remozar, mejorar y ampliar todos los penales del país. Es cuestión de prioridades.

No se previeron adecuadamente las condiciones mínimas que debía tener el nuevo penal. 161 detenidos están hoy en él, en condiciones infrahumanas.

Confidencial

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