Cómo llegar a una conferencia de la bienal SIART

Mónica Navia
lunes, 11 de noviembre de 2013 · 21:17
Conversando con unos amigos, acordamos asistir a las conferencias de Valeria Paz, Sandra de Berduccy y Joaquín Sánchez, realizadas en el marco de la denominada  Plataforma de diálogo: pensamientos abiertos.
 Estaba decidida, a pesar de la saturada carga de trabajo que tengo, destinar esa mañana (en el programa señalaban que sería el día anterior) para escucharlos, charlar un rato, pensar un rato con ellos. Temprano en la mañana revisé el programa que circuló en PDF. El lugar: la Universidad San Francisco de Asís. Bien. Me tomé mi tiempo calculando que la charla comenzaría con 15 minutos de retraso, como corresponde a toda hora boliviana. Llegué al auditorio de la mentada universidad y estaba vacío. ¿Lo habrán trasladado a la Alianza Francesa? Todo bien, porque es a unas pocas cuadras, a pesar del retraso, que ya me hacía preocupar un poco. Mi trayecto se hizo un poco más lento, porque al dirigirme hacia allá me encontré con un amigo que me retuvo unos minutos, pero llegué. Mas no había nadie. En ese momento comencé a sentirme extraña. ¿Qué estoy haciendo deambulando de un lado al otro? Decidí revisar el catálogo impreso que, por suerte llevaba en la mochila: el lugar de la conferencia era  el Centro Cultural de España. ¿Leí mal el programa de internet? ¿Cómo no me di cuenta de que era otro el espacio? Ay, rareza de mañana.
Bueno, ya estaba realmente atrasada. Llegaré a media conferencia tal vez. No importa: ya había decidido asistir. Tomé un radiotaxi para ganar minutos no sin antes intentar comunicarme con la Fundación Visión Cultural cuyo teléfono estaba en la última página del catálogo: Nadie contestaba.
Con el taxista, buena charla sobre fútbol que me apasiona. Eso sí: cero política. Mejor un pucho para calmar las ansias. Llego a la Camacho. Cruzo la avenida bandeando minibuses y carros e ingreso al Centro Cultural de España. La recepcionista, siempre amable, está concentrada en realizar llamadas telefónicas. El guardia de seguridad, sentado en un banco, me observa con cierta atención y algo de curiosidad. Ingreso al auditorio. Era una conferencia sobre conservación de fotografías que había decidido ralear para asistir a mi charla programada. Se veía interesante. ¿Me quedo en el centro y mando a jalar a Valeria, a Sandra y a Joaquín? Podría ser. Ya es tarde. Seguramente llegaría a las conclusiones de la charla. Pero no. El mapa de mi corazón me instruye continuar mi viaje. Me acerco a la recepcionista y le pregunto por la conferencia del SIART. Ella me mira entre sorprendida y cansada; seguramente de aclarar que no es en el Centro la conferencia, que los de la bienal se equivocaron en la impresión del programa; que eso lo habían hecho notar desde el primer día que vieron el catálogo. En ese momento, para mí lo más indicado era volver a llamar al teléfono del catálogo. Me responden al fin; pero no, ellos no saben dónde es. ¿No saben ni los organizadores dónde se realizará la conferencia? Quedan en devolverme la llamada. La conferencia es en la universidad de la plaza Abaroa. Para su información, ya estuve allí y no hay conferencia alguna en el auditorio. No sea que otro interesado los llame y les haga la misma pregunta. Me puse nomás a tararear el corrido mexicano: "Ya vine de donde andaba”.
Tal vez la recepcionista del Centro Cultural de España -que ya me miraba con cara de lástima- me dé una manito. Por favor, páseme el teléfono del Museo Nacional de Arte, de José Bedoya, de Galo Coca. De pronto mis amigos relacionados con la bienal tienen algún dato. Pero, claro, llamo al museo y me quedo esperando mientras escucho la musiquita del teléfono sin que nadie conteste al otro lado de la línea. Ni modo. ¿Qué voy a hacer? Regresarme a casa. Adiós los trabajos urgentes. Adiós la hora destinada a correr de aquí para allá para encontrar un dato o al menos una señal del cielo que me diga: "por aquí, señora”. Al fin, recibo una llamada: "es en el Centro Cultural Brasileño”, cerca de donde estuve hace una hora. Tomo otro taxi. Otra charla, esta vez sobre la lluvia que ya se acerca. Otro pucho. Ha pasado una hora desde que salí de casa rumbo a la conferencia perdida. Y gracias a los dioses del Kollasuyo, no sé por qué, la conferencia aún no había comenzado.
Ya sentada en una silla del nuevo ambiente y pronta a escuchar a los ponentes, pienso que ésta es mi performance cero del curso de Galo Coca que tomaré a partir de hoy, aunque nadie de la bienal se haya inmutado para responder a mi solicitud de inscripción enviada por correo electrónico una semana antes.

Mónica Navia es gestora cultural.

 

 


   

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