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Ecos del censo

Carlos Toranzo Roca
martes, 12 de noviembre de 2013 · 22:08
Un censo debiera ser un mapa de una nación, pero el mapa debería ser hecho sin lentes oscuros, sin cristales distorsionantes; antes bien, se precisa que haya total transparencia al hacer el mapa para mirar las cosas que existen dentro del país. Esa transparencia no existió en el proceso censal.
Pero, si en una nación africana, por accidente transformada en Estado plurinacional, el poder decide no mostrar a la gente de color, prefiere no poner a quienes tienen tez negra, y en su lugar coloca otras categorías que excluyen a ese color, entonces, está claro que ese mapa no será exacto, no será transparente, no informará de lo que realmente hay en esa nación africana.
¿No fue esa la actitud estatal ante el mestizaje? Y, claro está, si se cometen esos crasos errores, el remate ulterior, a la hora de las políticas públicas, implica que éstas no se preocuparán por las personas de color, sino que apuntarán únicamente a las categorías imaginadas o creadas por el poder, ¿los indígenas? Ya ni eso es cierto, porque ahora el régimen dejó lejos su indigenismo postizo.
Pero, lo seguro, es que después del censo, la nación africana será africana, y estará conformada por mayorías negras, mutatis mutandis, Bolivia seguirá siendo mestiza, así de tozuda es la realidad, así de negra-mestiza es la realidad de la cual hablamos.
Hace muchos años se fundó el MAS, con base en una ideología sindicalista, teniendo como cimientos sociales a los cocaleros y organizacionalmente, siguiendo el modelo minero, ése  que Filemón Escóbar llevó al Chapare.
El MAS continuó varios años siendo sindicalista de la médula hasta la piel, pero cuando se acercaban las elecciones 2005, Evo Morales comenzó a leer el alfabeto indígena, también García Linera inició su propaganda electoral en favor de los indígenas, de modo que al sindicalismo, clave de su pensamiento, le adicionaron ideas indigenistas.
Morales y el MAS en el poder descubrieron que el discurso indigenista los favorecía mucho, los legitimaba más que cualquier discurso sindicalista. Lo indígena redituaba políticamente bien, les daba muchas rentas políticas. Por eso la insistencia de mostrar al líder cocalero, al sindicalista por antonomasia, como el primer presidente indígena de Bolivia.
Qué lejos ha quedado ese indigenismo oportunista. Años atrás, otros indigenistas de cepa hicieron el esfuerzo para que en el censo de 2001 no parezcan los mestizos, sino que, en su lugar, la gente se adscriba a alguno de cinco pueblos originarios. El poder, desde 2006, usó esos datos y avanzó en la instrumentalización del mito de Bolivia como país indígena. En 2012, la caprichosa realidad dijo, de nuevo, que somos un país de mestizos.
Los indígenas fueron favorecidos con muchas políticas, lo cual está muy bien, pero el poder trató de hacer el esfuerzo de tapar el sol con un dedo, lo hizo al tratar de invisibilizar a los mestizos, es decir, a los que  son la mayoría poblacional de la República de Bolivia, pero las mentiras son de patas cortas, somos un país mestizo.
El poder para ser consecuente con el mito de país indígena que inventó, dictó la Ley de la Madre Tierra, gastó horas de horas en propalar que era un régimen indígena, que buscaba desarrollar un modelo de desarrollo amigable con el medio ambiente.
Pero, otra vez, la tozuda realidad indica que su indigenismo fue también de patas cortas, tan cortas, que relucieron muy bien en Chaparina, y que son más visibles al ver lo que se hace con la minería y los hidrocarburos, lo cual no tiene nada que ver con el respeto de la Madre Tierra.
Para seguir difundiendo su mito de país indígena, buscaban hacer un censo en el que, de nuevo, se invisibilice  a las mayorías del país, a los múltiples mestizajes que conforman esas mayorías.
No les convenía mostrar la verdad de un país de mestizos; deseaban seguir medrando de la idea de un país de indígenas. ¿Es que acaso nos han conducido a un Estado de ciudadanos, de sujetos iguales ante la ley? ¿Acaso el voto de un ciudadano urbano y de uno del campo y de un indígena valen lo mismo? No, eso no funciona para nada.
Hoy no existen ciudadanos en el país. Sólo hay corporaciones, corporativismos favorecidos por el poder, como los cocaleros y, lo que es peor, varios de esos corporativismos actúan como milicias del régimen.
El poder usó a los indígenas para legitimarse, trataba de seguir haciendo el mismo juego, cuando todos sabíamos que no los respetan. Hoy día, aún con  el censo manipulado, sabemos que la mayoría de los bolivianos es mestiza. Así que el dedo del poder quedó muy chiquito para ocultar el sol, para negar una realidad que todos conocemos, que los mestizos son las mayorías de Bolivia.
 
Carlos Toranzo Roca es
 economista.

Confidencial

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