Meridiano

La crisis de las relaciones boliviano-brasileñas

Fernando Molina
jueves, 14 de noviembre de 2013 · 21:06
Sectores de la oposición boliviana critican al Gobierno de Evo Morales por el estado de las relaciones del país con su vecino más poderoso. Hace más de dos meses que Brasil no tiene embajador en La Paz y, hasta donde se sabe, la llegada del designado, Raymundo Santos, no será muy pronta, ya que su aprobación por la Comisión de Exteriores del Senado fue suspendida "sine die” por su presidente Ricardo Ferraco.
Ferraco argumentó la necesidad de aclarar primero la irregular salida del anterior representante brasileño en Bolivia, Marcel Biato, suspendido por su gobierno el 30 de agosto, y los escandalosos eventos que dieron lugar a esta suspensión, pero la tardanza en concluir dicha investigación resulta sugestiva, en especial porque Ferraco es un activo crítico de Morales y tuvo un papel clave en lo que ocurrió.
Ferraco es miembro del PMDB, un aliado del gobernante Partido de los Trabajadores que, sin embargo, es crítico de los gobiernos populistas sudamericanos. Fue la persona que ayudó al senador boliviano opositor Roger Pinto a conseguir asilo en Brasil y el que lo esperó cerca de la frontera, a donde Pinto llegó clandestinamente el 24 de agosto, escapando de su encierro de más de un año en la embajada brasileña en La Paz (pues Morales se había negado a concederle un salvoconducto).
Pinto fue ayudado por Eduardo Saboia, el principal colaborador del embajador Biato. Saboia dijo que actuó por cuenta propia y por la amistad que había establecido con el boliviano. Ambos son hombres muy religiosos, aunque pertenecen a confesiones diferentes. Y el partido de Ferraco también es confesional.
Pese al alegato del joven diplomático brasileño, su "acción humanitaria” para sacar de Bolivia a un Pinto "deprimido”, que violó ante los ojos del mundo la soberanía del país andino, ocasionó un remesón en el servicio exterior brasileño.
El ministro de Exteriores Antonio Patriota tuvo que renunciar dada la molestia de la presidenta Dilma Rousseff por su manejo del servicio exterior, que, según algunos miembros del gobernante Partido de los Trabajadores, tiene entre sus filas a "derechistas” como Biato y Saboia, los cuales en este caso habrían puesto su ideología por encima del tacto diplomático que debían mostrar ante Evo Morales
Durante el par de años que estuvo en Bolivia, Biato hizo una fuerte representación ante las autoridades nacionales por la cancelación unilateral de dos contratos que el país tenía firmados con empresas brasileñas; manejó como pudo la kafkiana detención en Oruro de un grupo de hinchas del Corintias a resultas de la muerte de un niño impactado por una bengala en un partido; criticó las políticas antidrogas, y, sobre todo, permitió que Pinto se refugiara en su embajada y desde ahí solicitara asilo a Brasilia (a través de Ferraco).
Así, Biato se convirtió en persona no grata para el Gobierno boliviano, el cual solicitó su retiro. Poco antes de lo sucedido con Pinto, había sido designado por la presidenta Rousseff para ser embajador en Suecia.  Pero después del escándalo Rousseff se echó para atrás. Ahora Biato y Saboia se quedarán a trabajar en Brasilia, algo que en el mundo diplomático equivale a una sanción.  
Antes de la fuga de Pinto, las relaciones binacionales ya eran en extremo complicadas: buena parte de los hinchas de los que hemos hablado permanecía en prisión, pese a que otro de los seguidores del Corintias presente en el partido había confesado, desde el Brasil, que quien había lanzado la bengala era él; los programas conjuntos de lucha contra el narcotráfico no terminaban de arrancar y las empresas brasileñas se quejaban del maltrato de la autoridades bolivianas, que a diferencia de las del resto de Sudamérica, prefieren trabajar con compañías chinas y europeas antes que con ellas.
Ya en ese momento se rumoró que, dada esta situación, Brasil no repondría a Biato y en cambio dejaría las relaciones en manos de su agregado comercial, es decir, en un segundo nivel.
Es cierto que la presidenta Rousseff tuvo que disculparse con Evo Morales poco después del lío, sosteniendo con él una reunión bilateral que la Presidenta había estado eludiendo hasta ese momento. También es cierto que Evo, según confesó él mismo posteriormente, intercedió personalmente ante la justicia para que se liberara a los hinchas del Corintias (y esto fue lo que sucedió).
Sin embargo, las heridas son profundas y aún no se han cerrado, en especial porque la política exterior brasileña no se halla exclusivamente en manos del Gobierno, sino que es el resultado de disputas políticas internas, como ocurre en cualquier país de cierta complejidad.
Por otra parte, la llegada de un embajador a La Paz no entraña seguridad alguna para las facciones políticas brasileñas de que los asuntos binacionales pendientes comenzarán a resolverse. De modo que nadie en Brasilia tiene apuro para volver a montar otra vez una embajada que hace pocos años era la más importante de Bolivia (luego de que la embajada estadounidense cayera en desgracia).

Fernando Molina es periodista.

Hace más de  dos meses que Brasil no tiene embajador en La Paz y, hasta donde se sabe, la llegada del designado, Raymundo Santos, no será muy pronto.

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