Economía de papel

Las banalidades de los textos de economía

Alberto Bonadona Cossío
viernes, 15 de noviembre de 2013 · 22:45
Muchos economistas que escriben textos introductorios se regodean en el uso de explicaciones frívolas (no sólo ellos).  
Aunque expresadas con gran solemnidad y haciendo uso de lo que dijeron los economistas clásicos, no se interesan por realizar preguntas básicas para saber en qué condiciones interactúan "los agentes económicos”.
No les interesa si éstos comieron hoy o el día anterior, si tienen mucho o poco dinero, si pueden influir en las decisiones ajenas o son objeto de esas decisiones. Todo parece funcionar en un vacío social, algo como una campana de Gauss aplicada al mundo económico.
Hace algún tiempo revisé un libro que me prometí comentarlo. Escrito por James D. Gwartney y Richard L. Stroup, académicos adjuntos del Cato Institute y profesores de la Florida State University y Montana State University, respectivamente, titularon el texto What Everyone Should Know About Economics and Prosperity. Lo cierto es que con este título se puede esperar cualquier cosa, incluso atrapar la prosperidad como maná caído del cielo.
Estos autores escriben: "Adam Smith, el ‘padre de la economía’ enfatizó la importancia de los beneficios de la división del trabajo hace más de 200 años. Al observar el funcionamiento de una fábrica de alfileres, Smith notó que la producción de alfileres se descomponía en ‘18 distintas operaciones’, cada una a cargo de trabajadores específicos. Cuando los trabajadores estuvieron especializados en una función productiva, fueron capaces de producir 4.800 alfileres por trabajador al día. Sin especialización ni división del trabajo, Smith dudó que un trabajador individual hubiera sido capaz de producir ni siquiera 20 alfileres por día”.
Hasta ahí el tema queda claro y  la explicación de Smith, aunque algo distorsionada, resume la idea central.
A continuación los autores afirman: "La especialización permite a los individuos aprovechar las diversidades de sus habilidades y destrezas”. Esto significaría que no sólo producen más porque trabajan en una sinergia colectiva, sino que toda la ganancia del aumento de productividad, de menos de 20 alfileres por trabajador a 4.800, sería también individualmente aprovechada. O sea, 4.780 alfileres de aumento del producto se destinarían a mejorar la vida de cada uno de los trabajadores del alfiler.
Por supuesto, la división del trabajo aumenta el producto social, pero en el capitalismo no son ellos los que lo disfrutan. Por eso los referidos autores añaden: "También permite a los empleadores asignar tareas a los trabajadores que son más capaces de cumplirlas”.
Los empleadores aparecen de pronto en la explicación, no porque forman parte del gigante incremento de productividad sino porque "asignan tareas” y los trabajadores ya están hechos para llevarlas a cabo.
Y luego dicen: "Aún más importante, la división del trabajo nos permite adoptar técnicas de producción complejas y en gran escala que no serían ni remotamente posibles de realizar a escala familiar”.
¡Genial! Las técnicas aparecen de pronto, además, ya son complejas y permiten aplicaciones en gran escala. Lo cierto es que al inicio del taller manufacturero descrito por Smith, como en el capitalismo actual que elabora productos de consumo masivo, la complejidad se alcanza gradualmente en virtud de una mayor especialización y creciente división del trabajo.
 Ambos aspectos se desarrollan en el ejercicio del propio trabajo y, a la vez, resultado de una labor colectiva que socialmente aumenta la productividad y contribuye cada vez en mayores proporciones a aumentar el producto.
Hoy se diseñan procesos a partir de investigaciones. Sin embargo, estos procesos se diseñan a partir de las limitaciones que se observan y así se ha llegado a la alta especialización del trabajo y a la respectiva división que exige.
Steve Jobs, por ejemplo, contaba que introdujo en su sistema Apple diversos tipos de letra fruto de observar su gran uso en las imprentas. O sea, tomó lo que en otras áreas se desarrolló plenamente y le dio un giro informático para romper los límites que tenía el uso de tipos de letras.
Éste es el proceso individual y colectivo que caracteriza al desarrollo del capitalismo. Como lo es la producción social y la apropiación individual, aspectos que no pueden ver los autores comentados por una defensa ciega del capitalismo que hace que vean lo que quieren ver y no lo que existe.

Alberto Bonadona Cossío
 es economista.

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