Raíces y antenas

La globalización de lo local

Gonzalo Chávez A.
sábado, 16 de noviembre de 2013 · 20:03

La globalización y el avance rápido de las tecnologías de la información están transformando rápidamente el comercio mundial y el desarrollo local.
Las ciudades están cambiando de piel, dejan sus vocaciones antiguas como centros de poder, de redes de servicios públicos o privados o cunas de industrias manufactureras, para convertirse en ciudades inteligentes que desarrollan vectores de innovación vinculados a la cultura, la moda, la historia, la educación, el turismo y la tecnología.
Ejemplos de ciudades inteligentes son Boston (cluster de ciencias de la vida), Bangalore o Montevideo (software), Parati (poesía), Bilbao (ópera, diseño y arquitectura), San Pablo (diseño y moda), Monterrey (educación), San Diego (diseño de software). 
¿Podrá alguna de nuestras ciudades convertirse en un territorio inteligente? ¿Alguna vez veremos productos que tienen la siguiente inscripción: Diseñado en La Paz  y manufacturado en la China?  ¿Software hecho en El Alto? ¿Semana mundial de la moda andina en Chijini? ¿Centro mundial del pensamiento en microfinanzas? ¿La Paz o Uyuni ecociudad? Estas preguntas y otras debían guiar un debate rumbo a las elecciones de 2014 y así romper con la lógica que domina el debate actual en torno a los recursos naturales.
En un mundo cada vez más globalizado, las ciudades donde vivimos se convierten en vectores estratégicos  del desarrollo. Ya no compiten sólo las naciones, sino también las ciudades. En concreto, veamos los casos de La Paz o El Alto, territorios que están perdiendo futuro, tanto económico como político. De polos de manufactureros e industriales en la década de los años 70  han pasado a ser  recipientes de servicios de baja productividad y comercio informal. De centros del poder político se han transformado en simples nodos de la gran telaraña institucional que construye el proceso autonómico. 
El mismo razonamiento vale también para otras grandes ciudades del país. Ante este panorama complejo, cabe a nuestras urbes reinventarse, sembrar educación, apostar al capital humano y emprendimiento y fomentar la creatividad para convertirse en territorios inteligentes, donde se cosechen los frutos de una economía creativa.    
Territorios inteligentes son espacios urbanos que buscan sintonizar competitividad económica,  cohesión social y sostenibilidad ambiental.  En los territorios inteligentes habitan grupos sociales e instituciones innovadoras, que son la energía y motores de una economía creativa. 
Alfonso Vergara y  Juan Luis de las Rivas, impulsores de este nuevo marco conceptual en otras ciudades del mundo,  sostienen que "los territorios inteligentes son aquellos territorios innovadores capaces  de construir sus propias ventajas competitivas en relación con su entorno, en el marco de un mundo complejo, global e interrelacionado.
Son espacios urbanos capaces de transformar conocimientos, cualificaciones y talentos, integrando agentes locales e internacionales, en una ventaja competitiva y sostenible que atraiga y retenga recursos estratégicos”.  En los territorios inteligentes habitan las sociedades del conocimiento y ésta es una manera innovadora de encarar el desarrollo local. De ver el tema productivo vinculado a la revolución tecnológica.
Además, según Jon Azua, otro de los teóricos de este marco conceptual, los territorios inteligentes y las economías creativas son formas diferentes de encarar los retos de la globalización. Cabe recordar que ésta no impacta de igual manera en  las personas ni en las regiones. 
La globalización llega a Villazón, La Paz o Turco,  pero lo hace de manera diferente y con intensidades heterogéneas. Ya no es posible aislarse de los tentáculos de la mundialización. Éste es un proceso que trae  problemas, pero también oportunidades para las ciudades.
Desde las nuevas urbes es posible hacer una lectura económica, social y política de la globalización, que se traduce en una estrategia de inserción competitiva desde lo local;  a esto se denomina como la revolución global. Es decir que las ciudades sean raíces y antenas en un nuevo "escenario sin fronteras,  invisible, ciberconectado y multivariable”.
Una economía creativa de base global puede estar vinculada a la ciencia, la tecnología, el arte, la historia, los medios de comunicación, la cultura, el turismo, los servicios financieros, la arquitectura, el entretenimiento, el activismo social, etcétera.
Nuestras ciudades tienen muchas de estas vocaciones que podrían desarrollar y convertirlas en ventajas competitivas singulares y sostenibles, pero para esto debe cambiar su código genético.  De ciudades rentistas que viven de las migajas del poder y la informalidad deben convertirse en ciudades diferenciadas (con una nueva identidad productiva y creativa), conectadas (puntos de encuentro de varios sectores y servicios), innovadoras (que se adelanten al futuro) y amables (calidad de vida). 
Esto no surge de iluminados o caudillos. Los territorios inteligentes son diseñados por la comunidad, son resultado de planificación y acción pública. Apuestan al conocimiento, competencia y conectividad, pero también a inclusión y solidaridad. Esto requiere de un liderazgo visionario que rompa con el rentismo y apueste a la innovación, y de un capital social que apueste a la generación de valor agregado tangible e intangible.

Gonzalo Chávez A. es economista

 

 


   

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