Capitalismo, ¿la gran batalla del cristianismo?

Paul Bustos Anaya
domingo, 17 de noviembre de 2013 · 20:50

En 1989, Francis Fukuyama sintetizaba de manera muy clara el contexto en el cual se desarrolla actualmente la economía y política mundiales en su artículo El fin de la historia.
Afirmaba que los tiempos de las grandes batallas ideológicas habían llegado a su fin con la caída de la Unión Soviética y el triunfo del liberalismo, que se planteaba como la mejor opción para el desarrollo de las sociedades, siendo, además, incapaz de ser superado por otra línea de pensamiento. 
De ahí que Fukuyama planteara el fin de la historia, pues el desarrollo de la humanidad había llegado a la cúspide en su forma de organización y pensamiento.
Una de las reflexiones más valiosas realizadas en aquel artículo se basa en la crítica a la línea de pensamiento materialista que se ha arraigado, no sólo en el pensamiento marxista, que superpone las condiciones materiales (el modo de producción) al resto de elementos que hacen a nuestra vida, como ser la religión o la cultura; sino también al pensamiento liberal extremo al que él llama la escuela "Wall Street Journal”, que minimiza la influencia de la cultura y la ideología, reduciendo al ser humano a un ente racional y maximizador del  lucro.
Si bien el tiempo ha demostrado que, en efecto, el centralismo y el estatismo, llevados al extremo, siempre son una forma ineficiente de generar recursos y bienestar, la pérdida gradual de fundamentos éticos del libre mercado está generando también una crisis en el interior del mismo, que si bien no implica el cambio a otro sistema económico, demanda un cambio muy profundo de los valores que rigen al mundo occidental, pues actualmente nos enfrentamos con sociedades que ante el vacío ideológico se consumen en vicios y trastornos poco frecuentes hace algunas décadas. Muchos autores han enfatizado el importante papel de la ideología en el desarrollo mismo del capitalismo, apelando a la muy conocida teoría de Max Weber, quien reconoció el papel de la religión protestante en el desarrollo del proceso de industrialización y acumulación de riqueza en Europa.
 En un contexto más actual, el historiador económico Niall Fergunson relaciona el crecimiento económico chino con un aumento sustancial de la doctrina cristiana en aquel país.
Más allá de lo subjetivo y difícil que es hacer un juicio definitivo sobre cuestiones como la del punto anterior, es evidente que la existencia de un sistema económico desprovisto de un "espíritu”  que mueva a la sociedad puede generar un estado de prosperidad económica, pero no necesariamente de bienestar, pues la misma sólo dispara o exacerba problemas, como el narcotráfico o la delincuencia.
Incluso intelectuales con una posición liberal reconocen esta crisis, como por ejemplo Vargas Llosa, que en un reciente artículo menciona que "el hedonismo, hoy día valor incontestado, ha pasado a ser la única religión respetada y practicada, pues las otras, sobre todo el cristianismo tanto en su variante católica como protestante, se encoge en toda Europa como piel de zapa y cada vez ejerce menos influencia en la vida pública de sus naciones”.
Ante esta situación cabe preguntarse si en nuestro mundo occidental, la religión, y particularmente el cristianismo, puede llenar esa falta de contenido de la sociedad actual.
Pareciera que en Latinoamérica hay algunas muestras de que la necesidad de una guía en cuestiones más trascendentales la está llenando de manera relativamente reciente el cristianismo evangélico, que con una actitud activa y un lenguaje popular atrae a un grupo cada vez más grande de la sociedad, penetrando incluso en la clase media alta, cuando hasta hace poco era un fenómeno más bien de los niveles más pobres.
Uno de los retos del cristianismo (incluido el catolicismo) es reencauzar el capitalismo, fenómeno en el cual parece haber sido influyente en alguna medida y que, sin embargo, se ha desbordado, presionando al medio ambiente al límite y reavivando mecanismos de defensa tan peligrosos, como el nacionalismo o el fundamentalismo religioso. En este contexto es probable que estemos siendo testigos de una de las grandes batallas del cristianismo.

Paul Bustos Anaya es economista.

 

 


   

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