Como en Fuenteovejuna

Editorial
viernes, 01 de noviembre de 2013 · 20:48
El acto de tomar justicia por mano propia se ha convertido en Bolivia en una práctica frecuente:   no es más un recurso extremo, desesperado, ante la ausencia de justicia o de la ley, es un recurso en el que se afirma la ley del más fuerte; la intolerancia institucionalizada y socialmente aceptada, a las que se sazona con una total impunidad y una (casi) indiferencia de las autoridades para detenerla y sancionarla. Esto, además de ilegal e ilegítimo, es muy peligroso para un Estado y una sociedad.
Cada año, hace muchos años, en Bolivia se registran linchamientos por las más diversas razones y con una intensidad y agresividad cada vez más sorprendente. Anteriormente, éstos eran hechos aislados, generalmente ocurridos en zonas rurales carentes de autoridades judiciales y policiales, por lo que -de alguna manera- se atribuían estas expresiones a la distancia con el Estado de Derecho.
Luego empezaron a registrarse estas "ejecuciones públicas” enardecidas en zonas y barrios marginales, donde igualmente la distancia presumía una ausencia de la ley. Se "entendía” la barbarie.
Hoy es diferente. Además de haber aumentado en número y frecuencia, los  linchamientos se dan donde sea y por lo que sea. Lo único común es la intolerancia ciega de quienes participan de estas expresiones de violencia y el resultado de las mismas: el total silencio, la impunidad.
Fuenteovejuna (1619) es una obra de teatro barroco, del dramaturgo español  Lope de Vega, en la que el pueblo,  harto de los robos, atropellos y crueldades del Comendador, decide unirse y tomar la justicia por su mano. Una noche llegan al palacio, invaden su casa y lo matan en nombre de Fuenteovejuna y de los reyes católicos. En el juicio, cuando el juez les pregunta quién mató al Comendador, todo el pueblo responde: "Fuenteovejuna, señor”. El pueblo  pide perdón  y los reyes  absuelven al pueblo, porque es imposible determinar la identidad de los culpables concretos, e incorporan la villa a la corona.
A 500 años, los bolivianos al parecer hemos descubierto la herencia de Fuenteovejuna y hemos decidido practicarla, no sólo ante la "injusticia”, sino ante cualquier sospechoso o delincuente. De hecho, esto amerita una profunda reflexión, no sólo para exigir a las autoridades una decidida intervención en estos casos, sino para preguntarnos qué está pasando con nuestra sociedad.

Sólo para ilustrar, hace unos días en Santa Cruz fueron "ajusticiados” dos obreros en un cementerio, pues fueron "confundidos” con profanadores de tumbas. No podemos seguir contando estas historias. No son anécdotas.

Cada año se registran en el país linchamientos por las más diversas razones y con una intensidad y agresividad cada vez más sorprendente.

Confidencial

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