Intento de censura

Roberto Calasich
viernes, 22 de noviembre de 2013 · 21:01
Desde hace casi un cuarto de siglo me dedico a producir filmes, series y miniseries para televisión. He llegado a cosechar éxitos como La Bicicleta de los Huanca o La Sirena del Lago.
Desde hace 10 años que nos hemos propuesto producir un filme que aborde los hechos de la Guerra del Pacífico. Recién el año pasado concebimos una estrategia eficaz para cubrir poco a poco los casi 120 mil dólares necesarios para el financiamiento de esta producción: hemos dividido el guión en tramos, desde los más baratos a los más caros.
De este modo,  con auspicio de tan sólo 15.000 bolivianos del Ministerio de Culturas, hemos producido Vientos de Guerra I. Luego la UTB nos patrocinó Vientos de Guerra II y, recientemente,  con el apoyo del gobierno municipal de Pucarani hemos estrenado Vientos de Guerra III. Cabe destacar que estas tres producciones sumadas ya llegan a una hora, es decir, a la mitad de la producción.
 Con el fin de encontrar un camino para concienciar al Gobierno sobre  la importancia de concluir el filme, hemos hecho llegar Vientos de Guerra II y los guiones de las partes III y IV a Diremar para conocer su criterio, pero ahí nos encontramos con una desagradable sorpresa: en vez de aportar o contribuir, el señor Juan Lanchipa, director de Diremar, intentó censurarnos.
Nos acusó de "tergiversaciones sobre la conducta del general Daza al momento de recibir la noticia de la invasión chilena a Antofagasta”.
En Vientos de Guerra III, el general Daza es convencido por su esposa, Benita Gutiérrez, de que no suspenda el carnaval. Nosotros nos apoyamos en una exhaustiva investigación histórica, que señala que, pese a conocerse por artículos de prensa que daban cuenta de la ocupación chilena de Antofagasta, y que incluso habiendo una comunicación del cónsul de Tacna a este respecto, Daza prefirió festejar los carnavales. Es más, el filme Amargo Mar también señala este aspecto.
Y no sólo eso. La nota de Diremar expresa que no está de acuerdo en que mostremos a Eduardo Avaroa como empresario minero. Según las cartas que hemos consultado de Eduardo Avaroa, la mayoría se refiere a su trabajo en la mina El Inka, mina de plata que explotaba cerca de Calama y que era su principal ocupación.
Parece que a estos señores les agradaría una figura acartonada de un héroe que no trabaja, no come, no respira.
Nuestra intención al hacer esta producción es mostrar a nuestros héroes como personas de carne y hueso. Eduardo Avaroa besa apasionadamente a Irene Rivero; Ladislao Cabrera, como buen cochabambino, es muy exigente con la comida y Genoveva Ríos es una niña enamorada del mar.  
La carta de Diremar llega incluso al atrevimiento de criticar que en ciertas partes se ve pasto y árboles, refiriéndose a escenas que hemos rodado en el COLMIL. Es decir, no nos dan un solo centavo y se vuelven críticos cinematográficos exquisitos.
Entiéndase bien que nosotros no estamos en la postura reactiva de no tolerar críticas. Si hemos de crecer es menester aceptar y evaluar las críticas, ésa siempre ha sido nuestra filosofía. Lo que nos molesta, y hasta nos indigna, es la actitud de Diremar contenida en la carta y que se resume en una sola frase: me opongo por oponerme.
No le gusta que se hable de comida en el filme, que mostremos el ultraje a Genoveva Ríos, porque puede ser  contraproducente.
Es decir, denota un espanto y un miedo que nubla la mente hasta el punto que llega a manifestar que "no es cierto que haya existido el teléfono”, cuando éste es de 1872 y que ya en el periódico Eco de Caracoles de 1878 se lo anuncia para lograr una comunicación dentro de una mina.
Y aquí valga una pequeña reflexión. El arte requiere de una cosa trascendental para desarrollarse: libertad. Y puede tratarse de un tema trascendental o no, la misión del Estado en todas sus reparticiones es permitir la libre y total expresión de todos y cada uno de sus ciudadanos.
Por lo que a nosotros nos toca, seguiremos en pos de nuestro emprendimiento hasta lograr su conclusión. Sin embargo, consideramos importante que la opinión pública sepa que la intolerancia campea y que Vientos de Guerra logra asustar, pero no a los chilenos, sino a las autoridades bolivianas, pues temen que un artista tenga la libertad de dar su propia versión de la historia.
 
Roberto Calasich es
 director de cine.

Confidencial

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