Bajo la Sombra del Olivo

Buscando explicaciones a lo inexplicable

Ilya Fortún
miércoles, 27 de noviembre de 2013 · 20:44
Ya se ha escrito hasta el cansancio acerca de los impactos que tendrá en la economía nacional y en las empresas privadas el pago del doble aguinaldo, que el Presidente sacó de la chistera en un pase de magia espectacular que dejó boquiabiertos, tanto a los beneficiados como a los perjudicados.
Economistas, analistas, columnistas y especialistas de todas las especies han derramado hasta la última gota de tinta en la predicción de los efectos perversos, que ya ha comenzado a desatar la estrambótica medida.
La verdad es que más allá de la descripción de las incongruencias de la decisión y de lo que va a originar, no he leído ni escuchado ninguna explicación que dé algo de luces sobre la razón que hubiera motivado al Gobierno a hacer algo así. Ni siquiera la oposición política ha podido tejer una explicación que tenga algo de sentido.  
La iniciativa es tan desacertada desde el punto de vista económico, que todos han concluido en que la única explicación posible tendría que ver con un gesto groseramente electoralista. El problema de esta explicación es que, a mi juicio, es absolutamente infundada: no creo que el aguinaldazo vaya a tener efectos electorales positivos para el partido de gobierno por la sencilla razón de que la gente no es tonta.
Después de la borrachera de gasto del fin de año, todos nos vamos a dar cuenta de que el gestito fue una mamada, constataremos que el ch’aki se va a presentar en forma de inflación, inestabilidad laboral y en una colección de medidas restrictivas en el ámbito microeconómico.
Falta un montón de tiempo para las elecciones y, para entonces, el aguinaldazo será un horrible recuerdo que habrá beneficiado circunstancialmente a los pocos asalariados, pero que habrá golpeado por igual a todos, sin vuelta atrás.
Tampoco me convence la teoría de que el adefesio está pensado para financiar la campaña electoral del Gobierno. Si ésa fuera la intención, bastaba con que se hubiera decretado el doble aguinaldo para los empleados públicos, cosa que no habría causado tanto revuelo, ni hubiera originado tanto efecto multiplicador negativo.
La falta de una explicación coherente invita también a especulaciones de todo tipo: ¿será que han hecho esto para distraer la atención y preparar otro tipo de medidas? ¿Hay pronósticos sombríos en la economía internacional que no conocemos? ¿La tiene tan complicada el Gobierno en los sondeos preelectorales como para recurrir a medidas tan extremas? Personalmente, no me compro ninguna de estas teorías.
En suma, la medida es tan irracional y descabellada que nadie atina a darle una explicación mínimamente convincente, lo que me genera una honda preocupación.
Me aterra pensar que exista la posibilidad de que el Presidente haya tomado una medida impulsiva basada únicamente en el instinto, y me aterra aun más la posibilidad de que lo haya hecho de manera inconsulta, obviando la opinión de su gabinete y de su equipo económico.
La sola idea de que el Presidente se haya podido levantar más temprano de lo habitual, con la brillante idea, y que la haya podido imponer a contrapelo de su política macroeconómica, sin preguntarle a nadie, es de terror.
Eso querría decir que Su Excelencia está experimentando delirios de grandeza y de inefabilidad que le impiden ver la realidad y, peor aun, que en su entorno se ha instalado definitivamente el miedo y la obsecuencia. Dios quiera que la cosa no vaya por ahí.

   Ilya Fortún es comunicador social.

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