Cartuchos de harina

Bolívar, Fidel o Evo fusilando al amigo

Gonzalo Mendieta Romero
viernes, 29 de noviembre de 2013 · 20:46
Después de su obra sobre Hugo Chávez, decepcionante por su exceso de estereotipos, Krauze se ha redimido con el libro Redentores. En éste las exageraciones, como en el texto que dedica a Evita, son la excepción. Merece una leída, así les provoque desconfianza que en la calle lo vendan junto a Og Mandino o a las frases célebres de Steve Jobs.
En el ensayo biográfico sobre García Márquez contenido en Redentores, Krauze recuerda el año 1989. El colombiano publicaba El general en su laberinto, sobre el Bolívar agonizante, y Fidel resolvía el fusilamiento de otro general acabado, Arnaldo Ochoa, por narcotráfico.  
Por la misma acusación, el infortunio de Ochoa fue compartido por Tony de la Guardia, amigo de Fidel y García Márquez. Tony era uno de los hermanos a quienes en Cuba apodaban los Jimaguas (mellizos). Ellos se encargaban de las cuestiones delicadas. Para tener una idea, piensen en un ministro próximo a Evo, aunque no tenga mellizo.
Tony de la Guardia era un hombre "probado en la lucha”, usando la jerga de los frentes universitarios. Se le atribuyen "acciones operativas”, como la liquidación de un jerarca somocista con los sandinistas y la dirección de la seguridad cubana que asistió a Salvador Allende. Incluso hay quienes, como el escritor chileno Jorge Edwards, insisten en que Tony de la Guardia estuvo en La Moneda el 11 de septiembre de 1973. Ésa era la importancia, real o legendaria, del Jimagua Tony de la Guardia.
Krauze reseña pasajes de El general en su laberinto que relatan los laberintos concienciales de Bolívar por el fusilamiento del general Manuel Piar, "un mulato duro de Curazao”. "Conociendo sus méritos, no se creía posible que la sentencia (de fusilamiento) fuera confirmada por el general”. La novela narra que Bolívar anduvo "luchando por reprimir las lágrimas cuando (Piar) recibió la descarga”.  
Fidel no la tuvo menos dura que Bolívar cuando Tony de la Guardia pasó por el pelotón de fusilamiento. La familia de Tony pidió clemencia a Fidel por medio de García Márquez. Y éste cumplió  ese encargo misericordioso, aunque sin pensarlo quizá, el Gabo había abogado ya por la infamante muerte de Tony -según Krauze- al darle a Fidel una coartada literaria y política.
Meses antes, García Márquez le entregó a Castro -para que lo leyera- el borrador de El general en su laberinto. En él, Fidel pudo aquilatar la decisión bolivariana de ejecutar al general Piar, otro "probado en la lucha”. García Márquez le enseñaba así a Fidel que el poder impone sus reglas al alma del poderoso, para su desolación.
Es factible -señala Krauze- que el dilema de Fidel quedara resuelto por esa lectura: si Bolívar no tuvo más opción que eliminar a su amigo Piar, Tony de la Guardia tampoco iba a salvarse. Y quizá esa decisión no le fue banal; como el atribulado Bolívar de la novela, tal vez Fidel aún sueña con su amigo Tony y repite para convencerse, sin lograrlo: "lo volvería a hacer”.
No debe ser fácil ejecutar a un amigo, así sea fatalmente ineludible. Una de las glaciales lecciones de Maquiavelo es que el príncipe debe salvar al Estado, antes que salvar su alma. Y a veces no por crueldad, como indica el lugar común, sino por cumplir -como un burócrata de los afectos- con lo que el poder tiene que hacer.
Por ejemplo, pese a su amistad y a sus vacilaciones iniciales, Evo le cortó la cabeza (políticamente, pues la etiqueta política boliviana no admite fusilamientos) a Santos Ramírez. Lo exigían razones de orden público, como la opinión del pueblo, independientemente de que Evo sufriera dolor íntimo, o no.
Y sigo jugando con la literatura: para mantener su poder en el futuro, Evo -como buen poderoso- podría estar de nuevo en el trance de tener que "fusilar” a algunas figuras cocaleras o a alguno de sus duros "Jimaguas”. En esa emergencia, Bolívar y Fidel le servirían de ejemplo. Y quizá tampoco Evo se apiadaría de sus amigos, aunque después le doliera de por vida, como al agónico Bolívar de García Márquez o a ese Fidel atormentado de 1989.

Gonzalo Mendieta Romero

 es abogado.

Para mantener  su poder en el futuro, Evo -como buen poderoso- podría estar de nuevo en el trance de tener que "fusilar” a algunas figuras cocaleras o a alguno de sus duros "Jimaguas”.

 

 


   

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