Urupesa urbana

Una cuestión de votos y conciencia

Maggy Talavera
lunes, 4 de noviembre de 2013 · 21:35
El abuso de poder es un mal cada vez más contagioso en Bolivia, contra el cual parece no haber aún antídoto efectivo. Por el contrario, los abusivos gozan cada vez más de mayores privilegios, entre los que destaca la impunidad. Como sus abusos no son castigados, sino más bien premiados, van por ahí propinando golpes de todo tipo contra cualquiera que se les atraviese en el camino, seguros de que nada afectará a sus intereses y propósitos que suelen estar muy lejos de las necesidades y aspiraciones del pueblo. ¡Vaya forma de violencia, paradójicamente apañada por las mayorías!
Digo apañadas por las mayorías, porque es lo que demuestran no sólo los resultados electorales que encumbran a autoridades elegidas por voto popular, sino también la permisividad o apatía frente a los abusivos que operan desde otros espacios de poder menos públicos. Es el consentimiento por parte de esas mayorías el que permite que los primeros sean reelegidos una y otra vez, a sabiendas de que abusan del poder conferido en las urnas;  y que los segundos sigan apostando al uso abusivo de sus prerrogativas para enriquecerse a costa de los intereses y necesidades colectivas.
Ése es un dato de la realidad que preocupa, sobre todo si consideramos el peso que tienen esas mayorías en democracia. De ellas depende el curso que toma un país, por mucho que algunos traten de restarles responsabilidad en el vaciamiento semántico que está sufriendo la palabra democracia. Una pérdida de sentido que no puede ser atribuida sólo al abusivo ejercicio del poder que hacen los gobernantes de turno, y otros más, sino también (¿o fundamentalmente?) a la pérdida de conciencia sobre sus actos y decisiones que muestran quienes forman las mayorías.
Lo digo pensando en lo que ocurre hoy en los tres niveles de Gobierno, sobre todo en sus reelecciones, a sabiendas de sus prácticas abusivas. Es aun más sorprendente saber que a esa votación han contribuido no pocos esclarecidos, a los que escucho hoy despotricar contra los abusivos del poder central, departamental y municipal. ¿De qué se quejan, si antes los han ratificado en sus cargos? No hablo de una primera votación, que hasta pudo haber respondido a la expectativa de buenos gobiernos y gobernantes, sino de una segunda y hasta tercera ratificatoria de mandato, a sabiendas que abusan.
Por supuesto que los reelectos verán en ello un aval para seguir abusando del poder que ostentan a nombre de las mayorías. Lo harán con mayor empeño y cuidando cada vez menos las formas, seguros de que el abuso de poder, lejos de ser factor en contra, es más bien punto a favor. No se explica de otra manera la osadía que tienen al ignorar las leyes que ellos mismos aprueban, violar la Constitución hecha a su medida, borrar con el codo lo firmado de puño y letra, protagonizar en persona actos de violencia y de discriminación hacia sus opositores o críticos (que lo digan el asambleísta y un concejal de Santa Cruz: el primero apedreó una sede cívica y el otro encabezó la agresión a un colectivo ciudadano que protestaba pacíficamente contra un abuso municipal).
Ya sé que no faltará quien trate de restar la responsabilidad que tienen los electores en la vigencia de gobiernos cada vez más autoritarios y menos transparente, bajo la excusa de que o no saben lo que hacen o de que hay trampas electorales favorables a la perpetuación de gobernantes abusivos. Ni lo uno ni lo otro, aunque ambas excusas puedan tener algo de validez. Es que más allá de la ignorancia o de los fraudes políticos está la falta de carácter, de memoria y de coherencia en quienes parecen disfrutar del rol de masoquista, cuando no el de cómplices de los abusos que dicen lamentar.
Lo veremos otra vez en 2014. Los resultados de las elecciones previstas para octubre del próximo año demostrarán si es cierto o no que falta convicción democrática en las mayorías nacionales, un mal aún mayor que el del carácter autoritario de los elegidos, porque éstos jamás llegarían al poder –y menos se perpetuarían en él- si ésas no les dieran aval –o votos- para que así procedan.

Maggy Talavera es periodista. Directora del Semanario Uno.
Santa Cruz.

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