Menudencias

De los absurdos a la estupidez

Juan León Cornejo
miércoles, 06 de noviembre de 2013 · 20:38
En estos tiempos de andar apurado, lo urgente relega siempre a lo importante. Es casi norma de conducta de ese mínimo de responsabilidad de nuestra esencia humana. Y muchas veces, también, lo absurdo o lo estúpido dejan de lado a lo que realmente importa, aunque sólo sea por un momento o como anécdota. Sobre todo si absurdo y estupidez se conjugan en política, porque más que a sus actores o responsables directos afectan a toda la comunidad.
     Más allá del doloroso drama, indigna comprobar que en el aeropuerto de Riberalta murieron ocho personas calcinadas dentro de un avión accidentado sólo porque no había ni siquiera un extintor manual para controlar el fuego.  Menos aún un carro bombero. Y, sin embargo, todo ocurrió a media tarde en el aeropuerto de una de las tres ciudades más importantes y de mayor densidad de población en el Beni. Es absurdo que exista semejante incapacidad material para enfrentar un accidente semejante, cuando está de moda  prometer aeropuertos internacionales en todo lugar o comprar aviones y helicópteros como quien compra un automóvil en el mercado de los usados.
      ·El absurdo se hace total cuando se habla del lanzamiento de satélites pero se tiene que enviar al Brasil las cajas negras del avión accidentado para que nuestros vecinos nos digan qué ocurrió realmente, porque en Bolivia no se tiene la capacidad técnica ni material para abrirlas y descubrir el misterio técnico.  
      Pero el absurdo resulta inaceptable cuando se revela casi al pasar, como quien nada dice, que se está trabajando "calladitos” para tener energía nuclear. El solo anuncio de la posibilidad de incursionar en ese campo, aunque se alegue "fines pacíficos”, tiene que preocupar. El nivel de improvisación e imprevisión en el país que los hechos ponen en evidencia es argumento contundente. Lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima tendría que ser lección suficiente, para citar sólo un ejemplo. El incendio que estalló el 11 de marzo del 2011 en tres de los seis reactores de la central japonesa sigue activo. Hoy mismo continúa la emisión de partículas reactivas por encima del nivel 7, de alto riesgo, según el sistema internacional,  aunque los japoneses y los otros países que lo apoyan para controlarlo tienen los mejores medios y tecnología disponibles.
     Con 100 mil habitantes, en plena Amazonia, a 130 metros de altitud y con temperaturas que muchas veces superan los 40 grados, Riberalta es uno de los mayores exportadores de almendras en el mundo, tiene importante riqueza de oro aluvional, caucho y maderas nobles. Pero no tiene medios para controlar un incendio como el del domingo. Y seguramente mucha de su gente carece de servicios básicos elementales.
     Pero en ese escenario contrastante de riqueza natural y carencias elementales, Riberalta tiene un monumento al expresidente de Venezuela Hugo Chávez. Puede parecer excesivo, pues era presidente ajeno. Pero conocer de su existencia en coincidencia con los esfuerzos del sucesor de Chávez para sacar provecho de su figura política lo suma al absurdo de todas las contradicciones que actualizó el accidente del domingo. Y lo pone como ejemplo paradigmático de servilismo político incomprensible. ¿De quién y por qué?   ¿A qué costo y con qué presupuesto?
Cuando murió Hugo Chávez, el fin del chavismo era absolutamente previsible. Lo puso en evidencia inmediata la incapacidad política y de liderazgo de su sucesor, Nicolás Maduro, a partir de su burda chicana de aceptar el recuento de votos en su primer discurso y recular inmediatamente después. Lo que era imprevisible es que esa increíble incapacidad lo llevaría al fin de una manera rayana en la estupidez.
    Primero fue el "pajarito” en el que Maduro dijo que se encarnó Chávez para dictarle órdenes al oído. Después, creó el "ministerio de la felicidad”,  anticipó la Navidad y el pago de los aguinaldos, imaginó su rostro en un trozo de piedra y el martes decretó el 8 de diciembre como "Día de la Lealtad y el Amor al Comandante Supremo Hugo Chávez y a la Patria”.  Los  venezolanos elegirán ese día alcaldes y concejales en comicios que serán un virtual plebiscito sobre su Gobierno.
Cuesta creer que pese a la intensa campaña en que inaugura obras a diario, a que copa todos los espacios de televisión y les impuso por decreto ser felices y honrar la memoria de Chávez, los venezolanos olvidarán la tremenda crisis que generaron 14 años de Gobierno chavista pese a una extraordinaria bonanza económica. En ese escenario del absurdo, tan próximo por sus similitudes, aunque lejano en la geografía, la pregunta es cuánto demorarán las gentes de Riberalta en tirar abajo ese monumento. Y los tantos otros, reales o imaginarios, que levantaron las afinidades ideológicas proclives a las genuflexiones coyunturales.

Juan León es periodista.

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