Meridiano

El afán de congraciarse

Fernando Molina
jueves, 07 de noviembre de 2013 · 21:38
El 29 de octubre, el Banco Mundial presentó su informe Doing Bussines, que mide la facilidad para hacer negocios en cada país, de acuerdo a parámetros como "rapidez para iniciar un negocio”, "llaneza de los permisos de construcción”, "registros de propiedad”, "protección a la inversión”, "solidez de los contratos”, y, de una manera que no me parece sorprendente, Bolivia apareció en el lugar 162, el segundo peor puesto de un país sudamericano, sólo después de Venezuela. Lo sorprendente fue que poco después la Confederación de Empresarios Privados (CEPB) rechazara el ranking de una manera inusualmente terminante: "No lo tomaremos en cuenta”, llegó a decir el ejecutivo de esta organización.
 Los dos argumentos esgrimidos por los empresarios en contra del mencionado ranking son peregrinos. Según dijeron, el mismo no considera el "crecimiento interanual” de la economía y no se basa en las percepciones del sector privado nacional. Veamos lo primero. ¿Se puede considerar "cuánto crecen” los negocios como un indicador de "cuán fácil” es hacerlos? No, porque este crecimiento puede deberse, como justamente ocurre en el caso boliviano,  a circunstancias excepcionales, una gran liquidez, una importante ampliación del mercado interno, etcétera.
En cuanto a lo segundo, aun concediendo que consultar a los propios interesados es mejor que no hacerlo, esto no valida la implicación de que en tal caso los resultados serían sustancialmente diferentes a los que se obtuvieron. ¿O es que la CEPB supone que sus afiliados, consultados sobre lo protegidas que creen que se encuentran sus inversiones, responderían que "muchísimo”, pues en Bolivia se cumplen los contratos, se pagan las expropiaciones, se resuelve ágilmente los conflictos judiciales en torno a la propiedad y las disputas sobre ganancias? ¿Responderían los empresarios privados, si fueran consultados, que existen excelentes registros de propiedad, que ésta nunca se superpone ni es objeto de trampas judiciales; que pueden conseguir permisos para construir y hacer ampliaciones sin caer en mecanismos de extorsión ni pagar sobornos?
En caso de que el Banco Mundial les preguntara, ¿dirían los emprendedores que cuentan con suficiente energía para expandir sus operaciones, que el acceso a ésta no depende de consideraciones políticas, sino que se concede de forma equitativa; que pueden comerciar libremente cualquier bien que producen con el extranjero; que pagan impuestos rectamente  a instituciones que los cobran con transparencia, equilibrio y celeridad? ¿Dirían esto los empresarios si el Banco Mundial, impul- sado por la CEPB cambiara la metodología de su ranking?  
Si esto es lo que creen los dirigentes empresariales, debo confesar mi perplejidad: al parecer el país cambió completamente sin que yo me diera cuenta, y eso que no me he movido de él. No soy de los que niegan los méritos del Gobierno, cuando los tiene, pero aun así no me había percatado de que estuviéramos tan bien.
Otra posibilidad es que la CEPB no haya rechazado el ranking porque piense que hacer negocios sea más fácil ahora que en el pasado (cuando todos sabemos, más allá de las bromas, que es completamente al revés), sino porque quiso aprovechar este asunto para congraciarse con el Gobierno. ¿No es ésta acaso la tendencia actual? ¿No sale a cada momento a la palestra el Instituto Boliviano del Comercio Exterior (representación de la agroindustria cruceña) a defender la política agropecuaria nacional ante cualquier objeción, como si le constara que las promesas gubernamentales se cumplirán,  y como si ayer nomás no hubiera echado rayos y centellas por la prohibición de exportaciones, la ley de reconducción de la reforma agraria y las invasiones de tierras?
Los empresarios saben cuánto le molestan al Gobierno de Evo las críticas. Una manera segura de "ganarse un poroto” con él, entonces (algo que resulta conveniente por la obvia razón de que es un gobierno muy fuerte) es "poner la cara por él” y defenderlo de tales críticas. Éste es un método muy eficaz de congraciarse, que por cierto ya probaron con éxito algunos analistas.
El empresarial no es el único sector de la sociedad que trata de quedar bien con el poder. Para no aparecer como el malo de la película, el Banco Mundial emitió un comunicado que en lugar de defender su ranking, como hubiera correspondido, sugiere que fue el resultado del trabajo de unos técnicos aislados, y que destaca, una vez más y con muchos adjetivos, el progreso de la economía boliviana, aceptando implícitamente el feble argumento de los empresarios. El crecimiento sirve hoy para justificarlo todo.
Unos días después, inopinadamente, la Embajada de EEUU hizo una declaración en la que no sólo elogia el ya cargoso crecimiento, sino también aplaude -agárrese el lector- ¡la  "creciente diversificación” de la economía! No sé si dicha embajada quiso decir la diversidad de edificios, carreteras, puentes y otras infraestructuras que se están construyendo, porque de otra manera estaría ignorando la evidencia que indica que, por el contrario, Bolivia se concentra cada vez más en un par de actividades extractivas.
 "Para engañar al mundo, nada como acomodarse a los tiempos”: William Shakespeare.
 
Fernando Molina es
periodista y escritor.

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