Precisiones

Demanda en La Haya, ¿basquetbolistas al mundial de fútbol?

Fernando Salazar Paredes
viernes, 08 de noviembre de 2013 · 20:35
Si decidiéramos –y nos permitieran– competir en el campeonato mundial de fútbol, lo lógico sería que integráramos nuestro equipo con los mejores jugadores de fútbol disponibles en el país para ser representados dignamente.
 A nadie, mínimamente racional, se le ocurriría integrar el equipo de fútbol con basquetbolistas, por mas ágiles y famosos que éstos sean.
En política internacional el deporte tiene su espacio. La diplomacia del ping pong entre EEUU y China abrió el paso al establecimiento de relaciones entre las dos potencias.
 El expresidente Walter Guevara fue uno de los primeros que parangonó nuestra política exterior con el fútbol al decir que Chile nos metió un gol en Charaña. Como representante en la ONU, este señor nos metió tres autogoles al no votar a favor del principio de que la victoria no da derechos y que todo territorio obtenido por la fuerza debe ser devuelto.
De donde resulta que ser expresidente no es una garantía para desenvolverse acertadamente en el campo internacional.
 Sin ingresar a los méritos de la definición adoptada, la demanda presentada por el Gobierno ante la Corte Internacional de La Haya podría equipararse con un campeonato mundial de fútbol. Ergo, quienes representen al país en esta delicada confrontación, tienen que ser nuestros mejores jugadores. Improvisar basquetbolistas que tardarán unos años en aprender el fútbol es un grave error de insospechadas consecuencias para los intereses del país.
 Todas las profesiones son respetables; todas se especializan en algo. Nadie va donde un arquitecto para que lo opere de la apéndice, por más de que éste sea famoso o elegante. Uno busca a un especialista, a un cirujano.
 Lo mismo ocurre con los abogados que tienen sus especialidades: derecho administrativo, tributario, etcétera. No se adquiere la especialidad en materia internacional ni por ósmosis, ni por decreto. Se requieren años de estudio, mucha práctica y una vocación para ello. Un efímero o circunstancial paso por la Cancillería o una embajada no es suficiente.
 Hay, en Bolivia, muy buenos expertos en derecho internacional y especialistas en disputas y negociaciones internacionales. Racional y lógicamente  son éstos quienes deberían integrar el equipo que defienda nuestros intereses en La Haya.
 Los equipos de Chile y del Perú, por ejemplo, están integrados por expertos con dilatado ejercicio profesional. El agente es agente y su trabajo es coadyuvado por el embajador en los Países Bajos en calidad de co-agente, independientemente de otros co-agentes. Todos ellos, sin excepción, son expertos en materia internacional.
¿Cómo andamos por casa? Nombrado el agente –un conocido letrado, con escasa experiencia en el campo internacional–, se despide al embajador en los Países Bajos que sí era un diplomático con gran experiencia en La Haya y se fusionan los cargos de agente y de embajador.
Paralelamente, se hace evidente la disputa entre el jefe de Diremar y el embajador en La Haya; este último se impone bajo amenaza de renuncia si se lo supeditaba a Diremar, cuyo mandamás, en dos años de amaestramiento, ya había aprendido algo sobre el tema. El jefe de Diremar justificó su renuncia por razones de salud, lo que fue rebatido por el canciller. Algo muy parecido a las pugnas entre los actuales dirigentes del fútbol nacional.
Se ha nombrado, por fin, a un acreditado abogado especialista en derecho internacional publico para que oficie interinamente de enlace entre Diremar y el agente/embajador. Si estuviéramos en el ámbito futbolístico, podríamos concluir que el capitán del equipo de fútbol es un refinado basquetbolista que ahora tiene el apoyo de un diestro futbolista que, no obstante, es confinado a los camerinos y se le impide estar en el campo de juego a pesar de su pericia.
Parafraseando a Guevara, surge la duda de la afición si, con un elegante basquetbolista encabezando nuestro equipo se meterá algún gol en este campeonato mundial de fútbol. Se podrá argüir que un basquetbolista, en buen estado físico, puede aprender fácilmente el fútbol en unos dos años, como el jefe de Diremar. Pero, el partido sólo dura 90 minutos y ya estamos en la mitad de la primera etapa… aunque  ya se vislumbra un refuerzo presto a integrarse al equipo, pero resulta que es nada menos que un experto en voleibol.
Todavía hay tiempo. Si queremos participar en el campeonato con un mínimo de posibilidades, es preciso que se integre el equipo con profesionales idóneos y experimentados. No hay lugar para predestinados; se necesita conocimiento, oficio y experiencia.  De lo contrario, lo de La Haya será como nuestro fútbol, una frustración, a pesar de los técnicos extranjeros como Xabier Azkargorta o Remiro Brotóns.

Fernando Salazar es
abogado internacionalista.

Confidencial

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