Raíces y antenas

La inflación de los opinadores

Gonzalo Chávez A.
sábado, 30 de noviembre de 2013 · 20:37

Según algunos de los dueños del poder, la aceleración de la inflación es provocada por los comentaristas, opinadores, librepensantes y otras hierbas venenosas, y no así por las políticas públicas, como el segundo aguinaldo (2A), ahora convertido en bono carnavalero (BC) para el sector privado, y otras medidas económicas contradictorias. Partamos de algunos hechos: hasta octubre la inflación medida por el INE llegó a  6,43% y el Gobierno ha previsto que a fin de año este indicador podría llegar a 7,5%. Es decir, este valor es casi el doble de lo que el Banco Central había proyectado, 4,8%.
Al mes pasado, la inflación de alimentos fue de 12,75%, y no es difícil prever que al cierre de este periodo esté entre 14 y 15%. Entonces, estamos frente a una aceleración de la llama del fuego inflacionaria que ya hizo desaparecer 30 marraquetas de la mesa de los bolivianos que ganan 1.000 bolivianos, por ejemplo.
Pero alguien dirá: ¡no tan de prisa, vulgo opinador! Esta pérdida del salario real será compensada por tres panetones comprados  por el 2A navideño y 20 bolsas de globitos adquirida con el BC. Obviamente esto para el 20% de los que trabajan en el sector formal de la economía, pero, ¿qué pasará con el restante 80% de almas que sobreviven de la vorágine de la informalidad?  Para ellos no hay los dulces del neopopulismo, pero sí la vieja ruleta rusa neoliberal, el revólver del mercado, donde a muchos les tocará la bala y no precisamente de plata. En un contexto de aceleración de la inflación, economía sobrecalentada (este año creceremos al 6,5%) e inventarios comerciales llenos, el 2A, que se pagará en diciembre para el sector público,  y el BC, que se hará efectivo en febrero para el sector privado,  actúan como propagadores de las llamas inflacionarias, cambian expectativas y provocan pugnas distributivas.  
En los próximos seis meses habrá una fuerte inyección de liquidez. El 2A, el BC, el reajuste de salarios correspondiente al 2013 y otros bonos que conquistarán algunos grupos, como los jubilados, meterán dinero a la economía, a contrapelo de la política monetaria contractiva del Banco Central de los últimos meses que, vía el aumento de tasas de interés de sus bonos e incrementos del encaje legal, están retirando liquides del sistema. Sólo en el próximo semestre se verá si la política fiscal pirómana será controlada por los bomberos de manguera corta de la política monetaria. Además, la inflación en curso no es fenómeno simplemente monetario, el tema psicológico es importante.
En los últimos años, el Gobierno usa la técnica "inflación objetivo” (inflation targenting)  para anclar expectativas de las personas y de las empresas. Se anuncia, a inicios del año, de 2013, por ejemplo, una inflación de 4,8%, y a base de las políticas macroeconómicas consistentes y creíbles se busca alcanzar esta meta.
Como vimos más arriba este objetivo de inflación no se cumplió y ahora las políticas fiscales son más expansionistas. No olvidemos que se avecinan tiempos electorales y en Bolivia las elecciones se las gana gastando platita.
Además, la tasa de interés está subiendo y este indicador es leído, por las empresas y las personas, como un predictor de la inflación futura. Los agentes económicos no son tontos y no siguen a los opinadores, sienten el mercado  y saben leer las inconsistencias de las políticas públicas. Así que  hacia adelante las expectativas de los agentes económicos podrán predecir más inflación y reajustar sus precios en esa dirección.
Asimismo, el 2A y el BC han resucitado las pugnas distributivas por las rentas del Estado. Ahora jubilados, panaderos, campesinos, transportistas y otros grupos corporativos también quieren aguinaldos. Pero el conflicto distributivo también se da entre actores privados, a través de la corrida y aumento de precios, salarios y  costos y, otra vez, el incremento de precios.
Es de esperar: las empresas que tienen algún poder de mercado, ahora que pueden pagar el 2A en febrero, buscarán mejorar sus flujos de caja incrementando sus precios. Otras, simplemente, convertirán la prima del 2014 en el BC. El Gobierno abrió la posibilidad de facilitar créditos, pero esto también es aumento de costo financiero, que no lo paga el empresario, sino el consumidor con precios más elevados.
Pero no todas las empresas tienen esta flexibilidad y el anterior razonamiento se aplica más para el sector formal; los que están en la cruel competencia, sobre todo en la informalidad, se someten a las reglas duras del mercado.
Volver a cierta normalidad en la estructura de precios relativos es costoso y toma tiempo. El populismo económico desordena la economía e impulsa el juego defensivo de los precios, salarios y costos. La sociedad entra al cachascán de las rentas y no al círculo virtuoso de la innovación y la productividad.  Así que la inflación en curso no es obra de los opinadores, sino de políticas equivocadas que desencadenan procesos económicos complejos, como los descritos en párrafos anteriores, porque, honestamente, no creo tener mucha influencia sobre los actores económicos.
Según mis cálculos, esta columna sólo la lee mi mamá, unos funcionarios junior del Ministerio de Finanzas que tienen en sus términos de referencia esta tarea y usted amable lector. O sea, cuatro gatos locos, aunque todos de angora, si me permiten el piropo y el agradecimiento.
Como está de moda los regalos, aquí le va un bonito académico sobre lo que significa populismo económico, concepto muy debatido en las últimas semanas.  La mejor forma de definirlo es a través de una vieja historia cuya veracidad no puedo garantizar, pero avalo por su precisión explicativa. En el recordado programa La Tribuna del Pueblo, una señora se quejó al Compadre y le dijo: "No veo a mi marido hace tres días”. Y éste le contestó: "¡Lentes para la señora!”.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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