Tinku verbal

Medios y mentes

Andrés Gómez Vela
sábado, 30 de noviembre de 2013 · 20:45

El franquismo controló en España, por cuatro décadas, la televisión, la radio y los periódicos, escribe Ignacio Ramonet. Es decir, cuatro generaciones crecieron durante la presidencia del dictador Franco. Sin embargo, en las primeras elecciones democráticas, el partido franquista no llegó ni al 1% de votos. ¡Vaya sorpresa! ¿Cómo se explica que tanta propaganda y casi durante medio siglo no haya logrado controlar la realidad y menos las mentes de esas cuatro generaciones? Algo falló. El franquismo controló los medios, pero no las mentes, diríamos parafraseando la ecuación huxleyana.
En Bolivia, durante casi 20 años los partidos llamados de la corriente neoliberal dominaron y controlaron casi la totalidad de medios. Algunos de sus militantes tenían hasta media docena de frecuencias de radios y canales de televisión. Empero, sus candidatos no llegaban ni al 40%  de votación, incluso sumando entre todos sus votos. Y si había cierta confianza en la eficacia propagandística de esta maquinaria mediática se diluyó cuando fue derrotada, en 2005, junto a sus candidatos por un partido y un candidato que no controlaba un solo medio. ¿Qué pasó? El neoliberalismo controló medios, pero no la decisión del electorado.
Entre 1981 y 1989, el dictador polaco W.W. Jaruzelsky llegó a controlar absolutamente todos los medios del país. No quedaron ni los muros para pintar graffitis fuera del alcance del régimen. Confiado en que con esta ventaja iba a ganar con más del 74% de votos convocó en 1989 a elecciones. Pobre dictador, casi se murió de rabia cuando se enteró que de 100 escaños en el Senado, apenas logró uno; los 99 restantes los consiguió la oposición, que no tenía ni siquiera una radio pirata para emitir sus mensajes.
Un caso más cercano para no irnos tan lejos con nuestros ejemplos: Chile, donde el tirano Pinochet controló desde 1973 todo el sistema de comunicación; armó, en alianza con sus partidarios, medios "influyentes”, entre ellos periódicos. Pinochet creyó que gobernaba el país gobernando los medios. Entonces, organizó un plebiscito en 1988 para darse un baño de democracia. Perdió como en la guerra: el 56% le dijo no y sólo el 43% , sí. La oposición no tuvo posibilidades de hacer campaña, apenas logró una concesión de 15 minutos diarios en la televisión.
Algo más reciente. Cuando Hugo Chávez se enteró en 2010 que sólo el 5,4% de la audiencia miraba los canales de televisión controlados por su gobierno y que el 94,6% de la audiencia se informaba a través de medios que no eran oficialistas (61,4% canales privados y 33,1% cable), vehiculizó la expansión del principal canal estatal (VTV), creando cuatro más (TVES, Vive TV, TV Catia y  Asamblea).
La presión política, la no renovación de licencias, la compra de acciones de medios privados, la cooptación y una reforma a la Ley de Contenidos, que faculta a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) reglamentar (controlar) los aspectos técnicos y los mensajes, fotos y videos difundidos por la web, arrinconaron a los medios no oficialistas; sin embargo, no lograron arrinconar el descontento popular, que se manifestó en las elecciones que apenas ganó su heredero Nicolás Maduro (50,66% frente a 49,07% de Capriles) pese a todo el aparato que tenía. Ni el voto póstumo funcionó ni las sospechas de fraude se disiparon. El régimen controló los medios, pero no las mentes. Hoy apenas sobrevive.
¿Qué pasa? ¿Por qué el totalitarismo cree que controlando los medios va a controlar a la opinión pública? Los medios no cambian las opiniones, sólo las refuerzan porque los públicos contrastan la realidad mediática con la suya. Además, sintonizan o leen aquellos con los cuales se identifican. Por ello, generalmente los medios gubernamentales tienen poca audiencia, pues carecen de diversidad, se dirigen sólo a los convencidos, cansan con la imagen del gobernante y desprecian la inteligencia de la sociedad que no acepta divinidades.

Andrés Gómez es periodist

 

 


   

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