En riesgo de extinción

Capitalismo y aguinaldo extra

Roger Cortez Hurtado
lunes, 9 de diciembre de 2013 · 21:44
Quiero reflexionar sobre algunos aspectos vinculados con la discusión sobre el aguinaldo adicional, los que tienen derivaciones en plazos prolongados.
Uno es el que se refiere a la apreciación bastante generalizada de que el decreto gubernamental beneficiará exclusivamente a una porción no mayor al 18 o 20% de trabajadores registrados en las cuentas nacionales y que el resto  -los llamados informales- verán pasar frente a su nariz el beneficio,  sin  mayor posibilidad de disfrutarlo.
Esa aseveración encierra uno de los elementos más importantes sobre la naturaleza de la sociedad boliviana: su  condición de formación social capitalista. La proporción de asalariados que existe en nuestro país y las condiciones que rigen el desempeño de las relaciones laborales es un punto realmente importante para dilucidar nuestro presente económico y político, tanto como las posibilidades y límites de desarrollo del proyecto político vigente y de los que pueden reemplazarlo.
La incidencia y la diseminación de las relaciones asalariadas son la expresión más representativa de la importancia determinante del capitalismo en nuestra sociedad. Esto quiere decir que cuando se afirma que el capitalismo ha avanzado más rápida y ampliamente en este periodo de "revolución cultural y democrática”, la prueba y expresión económica de tal avance se refleja, antes que en cualquier otro  terreno, en la multiplicación de relaciones asalariadas, sin importar  su estatus jurídico ("formales” o no).
Establecido lo anterior, cabe preguntarse si la mayoría de asalariados, sin protección de contrato, ni amparo de legislación laboral, va a resignarse a no percibir el aguinaldo extra, en alguna proporción al menos. La experiencia histórica nos muestra que tal grado de pasividad es lo más improbable y que, en consecuencia, de manera más o menos silenciosa, ya está en desarrollo una negociación y pugna, entre patrones y trabajadores, para universalizar el beneficio.
Podemos ver cómo ocurre esto con el trabajo doméstico y en el incremento de los jornales, que es la modalidad prevaleciente de  compra de fuerza de trabajo entre los "cuentapropistas”, y sectores como la masa de cooperativistas mineros y, en una parte importante, de los asalariados empleados por  comerciantes populares, como los llama el antropólogo Nico Tassi.
La consecuencia de lo anterior está lejos de ser irrelevante, porque llevará a que la presión inflacionaria sea mayor a la que estiman públicamente las autoridades. Por tanto, las medidas que se asuman para impedir que la adhesión  que espera cosechar el Gobierno se neutralice o revierta tendrán que ensancharse y diversificarse para cumplir su propósito.
Pero más importante que cualquier impacto momentáneo es lo que esta medida coyuntural nos mostrará indirectamente sobre la realidad social del país, en el sentido del importante incremento de la proporción de asalariados en nuestra economía.
La propagación de estas relaciones sociales ha sido excepcionalmente veloz durante el último quinquenio, tanto en el campo como en  las ciudades, hasta abarcar cifras que superan con gran generosidad el porcentaje reconocido oficialmente.
Una porción considerable de estos asalariados produce bienes tangibles, es decir son obreros, como es el caso de los albañiles y de los jornaleros agrícolas en cualquier sector (sea coca, caña, papas u otro producto agrícola), lo que nos coloca frente a una realidad que afecta, además de la ubicación técnica de los agentes económicos, a las relaciones de poder.
Indudablemente, la "informalidad” tiene su precio y efecto entre esa masa de trabajadores, porque sus condiciones de trabajo (fugacidad, inestabilidad y dispersión rápida) la inhibe de asimilarse o componer una clase obrera, de modo que como herencia de la etapa económica y estatal anterior, consolidada por  hábitos, medidas y discursos de la "revolución democrática”, tenemos más obreros y menos clase obrera o, eventualmente, su ausencia total, lo que se manifiesta inocultablemente en el comportamiento que despliega y exhibe la dirigencia sindical vigente.

Roger Cortez es investigador

 y docente.

La incidencia y    la diseminación de las relaciones asalariadas son la expresión más representativa de la importancia determinante del capitalismo en nuestra sociedad.


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