Bernardo Corro Barrientos

Fernando Molina y el subdesarrollo

jueves, 12 de diciembre de 2013 · 20:54
El destacado periodista Fernando Molina presentó su nuevo libro ¿Por qué Bolivia es subdesarrollada? (Fundación Pazos kanki), en el que expone sus reflexiones sobre el viejo dilema nacional del desarrollo y del subdesarrollo. El periodista se pregunta: ¿por qué Bolivia no logra alcanzar el desarrollo? ¿Por qué, pese a sus esfuerzos, sigue siendo el país más subdesarrollado de la región?
Para responder la interrogante, Molina analizó el funcionamiento de algunos factores históricos considerados por él como causantes del subdesarrollo. Entre éstos se encontrarían, primeramente, la "economía extractivista” de explotación y venta de recursos naturales en que el país se concentró histórica y "ciegamente”.
Ésta habría causado, a su vez, el surgimiento de una "dualidad económica” constituida por la existencia de dos sectores. Por una parte, un sector de "alta rentabilidad” caracterizada por los enclaves extractivos modernos y sus entornos y, por otra, un sector de "baja rentabilidad”, constituido por las actividades campesinas tradicionales e informales urbanas.
Mientras el primero generaría "excedentes” de riqueza e inversión; el tradicional estaría determinado por la "pobreza originaria”, la baja fertilidad de los suelos agrícolas de occidente, por la pequeñez del mercado interno y el aislamiento internacional. Aquí operarían principalmente las "causas culturales del subdesarrollo”.
El resultado del dualismo sería que los excedentes generados por la economía moderna se reinvierten sólo parcialmente en el sector tradicional y el resto sale del país.  
La "dualidad económica” sería -para Molina- el "principal problema estructural” de Bolivia, por el que el 30% de la población viviría en la "Bolivia plenamente moderna” y el 70% en la "Bolivia plenamente atrasada”.
Molina pretende ir más allá en el análisis e incursiona en lo que considera las razones profundas que determinarían "las racionalidades diferentes” de ambos sectores.
Para esto utiliza los escritos de Roberto Laserna (La democracia en el Ch’enko, 2010, Fundación Milenio), que considera que "la racionalidad” de la economía campesina y de la informal urbana no tiende a la generación de beneficios y excedentes, sino simplemente a la supervivencia y a la reproducción familiar.
Debido a esta racionalidad existiría en estos sectores "una "resistencia” a integrarse a la economía moderna, lo que constituiría un "obstáculo activo” al desarrollo.  
El campesino y el informal no son, en realidad, "refractarios o resistentes” automáticamente al progreso y a la generación de beneficios, sino que es el sistema económico del capitalismo atrasado que los engloba el que les impide obtener mejores ingresos por los bienes que producen.
El sistema que los engloba, denominado por los autores mencionados como polo moderno o economía mercantil, "orientada al progreso y al desarrollo tecnológico”, constituye, en realidad, el factor atrasado y poco dinámico que impide que los sectores pobres y pequeños puedan obtener mejores ingresos que les permita su desarrollo económico y tecnológico.
Tanto el sector extractivo como los otros sectores "modernos” de la economía se caracterizan, en efecto, por su estructura monopólica y oligopólica, lo que determina simultáneamente su propio atraso tecnológico de por lo menos 100 años, así como el de los otros sectores productivos.
La racionalidad del "sector mercantil atrasado”, para funcionar como tal, requiere la provisión para sus trabajadores y empleados de bienes alimenticios a precios deprimidos. Esta "canasta básica” de precios bajos permite al "sector moderno” y al Estado practicar salarios reducidos a sus trabajadores. El sector tradicional genera asimismo permanentemente mano de obra barata para el funcionamiento del sector moderno.
El Estado elefantiásico, por su parte, para poder operar requiere también de alimentos a precios bajos para sus empleados, su "base social”, así como de mano de obra barata para la estabilidad del "sistema mercantil”.
 Los pequeños campesinos pobres y los informales urbanos constituyen, en realidad, un "pilar fundamental” del capitalismo atrasado, sea "liberal” o "estatista burocrático”, porque le proveen tanto alimentos baratos como fuerza de trabajo de bajo costo.  
Curiosamente, las teorías conservadoras sobre el "carácter estático” del campesino son coincidentes con la teoría de Álvaro García Linera sobre el "campesino comunitario”. Éste afirma (en El socialismo comunitario, un aporte de Bolivia al mundo, Vicepresidencia, 2010) que las comunidades campesinas "resisten” al capitalismo porque éste significa "producir para el lucro, afán de negocio”.
 

Bernardo Corro Barrientos es economista. bcorro@gmail.com

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