La insostenible violencia

sábado, 14 de diciembre de 2013 · 19:30
Bolivia ya no vive la violencia que sufrió durante las dictaduras militares, que era de tipo estatal, violatorio de los derechos humanos más básicos. Si bien la democracia, con altibajos,  avances y retrocesos, ha logrado mejorar esa situación, no ha impedido que la violencia se esparza en toda la sociedad.
En un valioso, profundo y abarcador estudio sobre la situación de los derechos humanos, la Defensoría del Pueblo ofrece una descripción realmente alarmante sobre el tema, que demuestra que la violencia se ejerce en los hogares, en las escuelas, en los cuarteles, en las calles, en todos los ámbitos de la vida.
Ojalá las autoridades de Gobierno, empezando por la ministra del sector, leyeran el documento para, primero, conocer la realidad de la violación de derechos humanos en el país y, luego, realizar acciones al respecto. Sobre el tema de los niños, niñas y adolescentes, señala que el 83%   sufre violencia en sus propios hogares o escuelas, "a través de la práctica del castigo físico, mediante golpes e insultos de sus propios padres, madres, maestros y su entorno familiar”. Esos niños, niñas y adolescentes suman la friolera de 1,2 millones de personas que han sufrido castigo físico o psicológico alguna vez.
El dato más escalofriante, sin embargo, es el de la violencia sexual, en la que Bolivia, lamentablemente, encabeza varios "campeonatos” internacionales. A nivel mundial, dice el reporte, en promedio un 8% de menores de 18 años sufre algún tipo de violencia sexual; en Bolivia el promedio es de 23%. En el mundo, el 20% de las niñas sufre agresiones de este tipo; en Bolivia el promedio llega al 34%. Es una situación que debería promover la inmediata preocupación de la sociedad. Quizás los 125 millones de bolivianos que el Estado regala por año en promedio a los grupos campesinos e indígenas afines al Presidente (y los cientos de millones de que se gastan en satélites, aviones de lujo para autoridades, etcétera) deberían ser destinados a campañas integrales, inteligentes, de largo plazo, para controlar esta espantosa situación. Obviamente que deben estar involucrados maestros, jueces, policías, militares, etcétera. Es imprescindible.  
No sólo nuestras niñas y niños son víctimas de estos abusos que afectarán su vida en el futuro y pueden convertirlos en  reproductores de la violencia que han sufrido, sino muchos otros sectores de la sociedad. 
El informe señala, ante la pasividad de las autoridades, que los linchamientos e intentos de linchamiento han subido incesantemente; que los maltratos y tratos degradantes en los cuarteles están en elevación exponencial; que los policías y militares son los que más violan los derechos humanos, etcétera. El reporte incluso menciona los abusos contra la prensa y el intento del Gobierno de cooptar y comprar medios para acallar las voces independientes.
El documento también denuncia la "campaña de desprestigio y hostigamiento realizada contra la Defensoría del Pueblo, como respuesta a posiciones, opiniones y denuncias relacionadas especialmente con la represión en Chaparina”, que ha sido ejecutada, dice, "por el Gobierno desde sus más altos niveles”.
O sea que el Ejecutivo hace lo contrario a lo que debería. En vez de aliarse a la Defensoría y a otros grupos de la sociedad civil para enfrentar juntos estas lacras de la sociedad boliviana, se enfrenta a ellas, las acusa, las hostiga, las denuncia; asimismo, alienta a que las ONG dedicadas a temas sociales se vayan del país. 
En el flanco de la justicia tampoco se ven avances. El reporte indica que casos de vulneraciones de derechos humanos, como los de Caranavi, El Porvenir, La Calancha, Chaparina y otros, "continúan en la impunidad y sin reportar avances significativos en los procesos de investigación”. Agrega que a pesar de las demandas de medios de comunicación, activistas de derechos humanos y otros, las autoridades responsables no muestran "voluntad política” para su solución. Para no insistir en la legendaria lentitud y poco interés de la justicia por resolverlos.

 

Un valioso y profundo estudio sobre la situación de los derechos humanos de la Defensoría del Pueblo ofrece una descripción alarmante sobre el tema.

El dato más escalofriante es el de la violencia sexual, en la que Bolivia, lamentablemente, encabeza varios "campeonatos” internacionales.

 

 


   

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